Bitcoin, criptomonedas y blockchain

Bitcoin, criptomonedas y blockchain


TERCERA PARTE: EL FUTURO DE LA CRIPTOECONOMÍA » 9. DE LA DISRUPCIÓN TECNOLÓGICA A LA REVOLUCIÓN FINANCIERA » Impactos financieros, impactos globales

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Como ya apuntamos en el segundo capítulo, una de las compañías que más éxito está teniendo precisamente por su sencillez y buena usabilidad es la exchange americana Coinbase, pero quizás sea Ethereum la que tenga más aplicación práctica por lo que rodea a los tokens de las ICO, que usan la moneda de Ethereum y hacen que sea la única que tiene cierta correlación entre su aplicación y el valor de su moneda, así como con la cantidad de proyectos desarrollados en su red de blockchain para la creación de aplicaciones descentralizadas.

Otro aspecto importante de la usabilidad es cómo de usable sea no ya para los usuarios, sino para los desarrolladores. Es decir, estaríamos hablando de cómo de sencillo es de desarrollar, cómo de completa es la documentación, qué herramientas de desarrollo existen, etc. Que sea más fácil para ellos desarrollar aplicaciones —Dapps, en este caso— hará que la blockchain tenga más valor.

De manera que en el momento presente, dentro del universo blockchain, estamos a esos niveles mínimos de usabilidad, muy lejos de los de Facebook, Uber y otras muchas aplicaciones que todos conocemos o de las herramientas de desarrollo de compañías como Microsoft.

Es un terreno que, a pesar de la irrupción del componente más especulativo, está todavía un poco abandonado. Estamos en un momento aún muy emergente y las criptomonedas no han llegado a ofrecer servicios «usables» para los ciudadanos. Claro que influye también mucho la volatilidad del dinero digital. Y con esto llegamos a otro de los grandes retos a los que se enfrenta la criptoeconomía.

VOLATILIDAD

Lo hemos comentado ya varias veces: el bitcoin o las criptomonedas en general no pueden ser consideradas en la actualidad auténticas monedas en el sentido de que no cumplen las tres condiciones que les exigimos: sirven como almacén de valor, pero no como medio de intercambio ni como referencia de precio. Y esto es debido sobre todo a su volatilidad. No hay más que repasar la evolución de su cotización; y no necesariamente a lo largo de sus años de existencia, con mirar el último es suficiente. Como sabemos bien, la oferta limitada de una moneda deflacionaria como esta provoca que, ante los fuertes incrementos y descensos de demanda que se vienen produciendo, se generen cambios bruscos en su cotización: la moneda es volátil.

De manera que, precisamente una de las cualidades más apreciadas en el bitcoin u otras criptomonedas, esa escasez que nadie puede manipular produciendo más como ocurre con el dinero fiduciario, se convierte en este caso en su peor enemigo.

Mientras este problema no se solucione, será muy complicado que el bitcoin, la criptomoneda pionera, pueda ir más allá de su dimensión de oro digital y se convierta en una moneda completa y válida para ser usada de forma normalizada para realizar pagos. Y es por eso que de cara al futuro viene ganando mucha fuerza la creación de otras monedas que se diseñan con el objeto de superar este reto. Son las stablecoins o criptomonedas estables.

SE BUSCA CRIPTOMONEDA ESTABLE PARA REALIZAR PAGOS

Nos hallamos ante el enorme reto de encontrar una moneda digital cuya volatilidad pudiera ser minimizada a partir de una organización autónoma descentralizada —es decir, la idea es seguir prescindiendo de una autoridad central—. Y es con esa premisa que emergen esta categoría de activos digitales llamadas stablecoins.

Aquí, de lo que estaríamos hablando es de criptomonedas que buscan continuar con la idea de la descentralización, es decir, que no sean emitidas por una autoridad central, pero a la vez, que sean capaces de producirse bajo criterios de oferta más flexibles, lo cual les permitiría no ser tan volátiles.

Se trataría de algo similar a lo que hacen los gobiernos cuando emiten deuda pública y la venden, provocando que se incremente el flujo de dinero en el mercado y manteniendo los precios estables. Por otro lado, la habilidad de los gobiernos de alterar la política monetaria y la cantidad de dinero existente emitiendo más es, precisamente, uno de los aspectos criticados en la economía actual, ya que devalúa al consumidor y al ahorrador.

Por supuesto, ello no es posible con la política monetaria del bitcoin, pues es determinista y está fijada de antemano, pero si se consiguiera desarrollar una moneda digital que no tuviera esta política y que pudiera emitirse según la oferta y la demanda existente para que su valor no fuera tan volátil, estaríamos dando un paso de gigante para que tal moneda fuera un medio de pago válido y normalizado.

En la actualidad se trabaja mucho en este campo, y las soluciones o modelos que se están planteando son diversos. En primer lugar, se propone que la moneda se emita de forma centralizada y respaldada por un activo que se guarde conforme se emiten monedas nuevas. Esto se conoce en el mundo financiero como emitir una IOU —o I owe you, ‘yo te debo’—, que quiere decir que hay un activo por debajo de otro que «se debe», y eso garantiza su valor subyacente. El ejemplo más conocido de este tipo de stablecoin es tether, una criptomoneda que establece su paridad con el dólar.

Establecer esta equivalencia entre la moneda digital y el dólar significa que se guardan tantos dólares como monedas se emiten, y si se quieren emitir más, habrá que reservar más dólares. De este modo, sirve para hacer compras digitales fuera del sistema bancario tradicional, pero con una estabilidad en la referencia de valor. Tether, además, ayuda así a que muchas exchanges permitan la compraventa de bitcoins usando tethers como algo intermedio entre el dólar y el bitcoin, sin tener una licencia por recibir y custodiar dinero de terceros. Sin embargo, esta criptomoneda no está exenta de polémica, ya que no está muy claro que en realidad se tengan los dólares por los tethers que están emitiendo. Existen serias dudas en el mercado, y es que al estar basado en un activo centralizado no solo rompe con la filosofía cripto de partida, sino que, además, se intensifica el riesgo de que pudieran estar manipuladas por la falta de descentralización en el protocolo.

Otra de las opciones es el llamado respaldo colateral descentralizado. Se trataría de emitir criptomonedas amparadas por activos descentralizados —por ejemplo, emitir una moneda con la protección del propio Bitcoin o Ethereum—. La ventaja de esto frente a hacerlo con el dólar es que se puede intentar automatizar y realizar de forma descentralizada el proceso de emisión de monedas estables, así como de mantenimiento del colateral contra la moneda estable, los niveles de colateral que se pide, etc., ya que está hecho dentro del mundo cripto y di­gital.

Sin embargo, tiene otras desventajas que lo hacen complicado de gestionar, puesto que el propio activo que pones por debajo es volátil, no es estable en sí mismo, así que es previsible que esto impacte a la estabilidad de la moneda que emites o en la cantidad de colateral que es necesario mantener, el cual suele ser bastante alto para protegerse de la eventualidad de un cambio brusco de precio. Normalmente, para que estos esquemas funcionen hay que asumir que los precios de la cripto que se usa como colateral siempre están subiendo, o si no tendrás un exceso de colateral que los hace poco prácticos. El ejemplo más conocido es una moneda que se llama dai, emitida por la empresa Maker DAO.

Y, por último, se trata de la posibilidad más interesante, aunque a la vez la más complicada de implementar. Se plantea un modelo basado en un algoritmo que automáticamente y de forma descentralizada regula el suministro de la moneda según la oferta o demanda que haya de la misma en el mercado, para que de este modo se mantenga estable en cuanto al precio. Sería lo más parecido a lo que hace un banco central, pero de forma descentralizada, algorítmica y automática. El ejemplo más conocido de estas monedas es Basecoin.

Lo cierto es que, hoy por hoy, no está claro que ninguna de estas ideas esté funcionando, y todavía nos encontramos en una fase de búsqueda de esa criptomoneda que nos permita realizar pagos, pero, sin duda, este reto está marcando el futuro de las criptomonedas del mismo modo que el reto de la escalabilidad está marcando el diseño de las blockchains de tercera generación. Lo que está claro es que hay una necesidad de monedas más estables y que la creación de las mismas es una tendencia que va cada vez a más, y un espacio al que hay que estar muy atento en el futuro.

BLOCKCHAINS DE TERCERA GENERACIÓN

Hablábamos en la segunda parte de este libro de lo que significó la aparición de Ethereum y todo el abanico de posibilidades que abrió al introducir la posibilidad de programar también aplicaciones completamente descentralizadas y permitir que a las transacciones que se registran en los nodos de la tecnología blockchain se les pudieran añadir o programar otras propiedades. Irrumpieron de este modo los smart contracts, los tokens y las ICO, permitiendo que la revolución financiera fuera mucho más allá de lo que existía con las primeras blockchains como Bitcoin o sus derivados, que están dedicadas a ser estrictamente criptomonedas y no plataformas de aplicaciones distribuidas.

Por eso decimos que con Ethereum nacía la blockchain 2.0, o la segunda generación de plataformas cripto. Sin embargo, estamos en un punto que vamos un paso más allá, y empieza a asomar su cabeza una nueva generación de blockchains, plataformas de aplicaciones distribuidas que buscan superar los problemas de escalabilidad y otros que todavía padece Ethereum, algunos de los cuales ya hemos mencionado en la parte anterior.

Así pues, sobre esta escalabilidad se centra el principal campo de trabajo de las nuevas generaciones de blockchain. Se siente en buena medida que va a ser esta tercera generación la que en realidad llegue para quedarse, aunque de momento todavía hay mucha diferencia de tamaño y madurez entre Bitcoin, Ethereum, Ripple o Litecoin y las de tercera generación que están empezando. No obstante, en la comunidad se siente que hay expectativas de que una de estas en breve vaya a disrumpir y se convierta en el próximo Ethereum. De ahí que muchas tengan criptomonedas con un alto valor, por encima de los miles de millones de dólares, y situadas entre las más valiosas. Así que repasemos las más significativas o que más atención están focalizando.

Una de las plataformas que está dando más que hablar como la 3.0 para ser la próxima Ethereum es Cardano (ADA). De hecho, es la única de tercera generación que se coloca entre las cinco más importantes y supera ya en capitalización de mercado a Litecoin.

Cardano está fundada por Charles Hoskinson, una persona muy reconocida en la industria, ya que fue co-fundador de BitShares y de Ethereum. La principal novedad de Cardano es haber introducido un algoritmo de participación (PoS), en vez de la tradicional prueba de trabajo (PoW), conocido como Ouroboros, el cual facilita la creación de cadenas laterales y permite la delegación en función de la participación del usuario. Ofrece, además, un lenguaje de programación de más calidad para los smart contracts, que bien podría sustituir al de Ethereum, dando paso a los contratos inteligentes de siguiente nivel y evitando muchos de los hacks que han sufrido las aplicaciones desarrolladas en Ethereum.

Otra de las pioneras en la introducción de la PoS fue EOS, fundada, como ya hemos dicho, por Dan Larimer, que fue co-fundador de dos blockchains bastante exitosas como Bit­Shares —una plataforma financiera descentralizada cuyo otro fundador es el de Cardano— y Steemit —una plataforma de red social descentralizada con un sistema de pago para quienes postean cosas populares y reciben likes— e inventor, como hemos visto antes también, de la versión delegada de PoS.

Desde EOS han hecho una ICO muy exitosa que les ha permitido recaudar dinero durante todo un año —de hecho, en el momento de la publicación del presente libro todavía no se ha culminado dicha ICO—, lo suficiente como para tener la capacidad de crear un ecosistema propio notablemente exitoso. Otro de sus potenciales hace, además, referencia a su usabilidad, no solo referida a usuarios, también para desarrolladores —por ejemplo, Ethereum no resulta nada amigable para desarrolladores, y EOS pone el foco en esto—.

Otras criptomonedas 3.0 que son interesantes citar son NEO, NEM, Stellar o IOTA. La primera está focalizada en la digitalización de activos y la escalabilidad, y se está convirtiendo en la plataforma de blockchain de referencia en China, su país de origen.

NEM, por su parte, merece ser apuntada entre las blockchains de nueva generación porque usa un modelo de consenso llamado proof-of-importance (PoI), o prueba de importancia, donde el peso en la red no depende solo de la cantidad de monedas que se tengan —como en PoS—, sino también de cuántas transacciones se realicen. No hace mucho NEM ha estado en la mirada de todos, ya que ha sido la plataforma escogida por el gobierno de Venezuela para crear su criptomoneda respaldada por barriles de petróleo llamada petro.

Stellar, fundada por el creador de Ripple cuando dejó esta, busca trasladar las posibilidades tecnológicas de Ripple, que prescinde de los procesos de minería, aunque a diferencia de ella, lo hace con proyección de plataforma de blockchain pública, y no privada y centralizada. Dada la popularidad y el prestigio de su fundador, es una plataforma de blockchain que tiene bastantes seguidores y que, además, ya está funcionando.

Finalmente, también debemos citar IOTA, focalizada en el hoy en día tan en boga Internet de las cosas, y que es la décima criptomoneda del mundo. Con esta de tercera generación lo que se da es un paso tecnológico más allá, al buscar alternativas para el universo cripto diferentes a blockchain. Es decir, en un sentido estricto, IOTA no es una blockchain y no tiene mineros ni coste de transacción, y cualquier nodo puede realizar una transacción tan solo verificando otras dos. Su idea innovadora es que aplicaciones de la Internet de las cosas donde los miembros de la red son elementos con poca capacidad de computación —por ejemplo, la nevera de casa— tengan su propia identidad y su propio monedero y, por ejemplo, puedan encargar y pagar leche cuando se les acabe para que la envíen de forma automática. Esto, como te puedes imaginar, abre un mundo de posibilidades enormes de aplicaciones nuevas que se pueden desarrollar.

No sabemos aún si Bitcoin o Ethereum habrán de ser suficientemente ágiles a la hora de incorporar modificaciones y mejoras, o serán nuevas criptomonedas de tercera generación las que ganen la partida, las Google y Facebook del universo cripto frente a unas Bitcoin y Ethereum que pueden quedarse con la función que cumplieron en su momento Netscape o Lycos.

Y es que son muchos los que piensan que las pioneras arrastran ya demasiado lastre histórico y no van a ser ya capaces de escalar, mientras que las nuevas blockchains nacen sin mochila y se diseñan desde cero con el cometido de afrontar los retos que no han sabido solventar todavía Bitcoin o Ethereum. O quizás sí cabe confiar en las que lo han revolucionado todo, y Bitcoin y Ethereum no sean Netscape o Lycos, sino las Amazon y Microsoft de la criptoeconomía, empresas que sí han sobrevivido a los diferentes cambios tecnológicos y avances, y que se han ido reposicionando con el paso del tiempo.

No es fácil pronunciarse ahora mismo en este sentido. Pero no cabe duda de que con las pioneras abriendo camino y con las nuevas generaciones aportando mejoras se ha abierto una brecha de disrupción tecnológica que tiene todos los visos de convertirse en una auténtica revolución financiera y económica.

9DE LA DISRUPCIÓN TECNOLÓGICA A LA REVOLUCIÓN FINANCIERA

UNA CASA EN EL EXTRANJERO

Yo quiero imaginar un futuro en el que la compra de mi casa en Castellón hubiera podido ser de una manera bien distinta. Estoy volviendo al principio de este libro, a aquella experiencia personal que me resultó tan ilustradora de cómo la realidad puede transformarse radicalmente para bien gracias a la innovación tecnológica que nos trae blockchain y el universo cripto.

Como ya sabes, la compra de la casa en España cuando yo residía fuera representó para mí un proceso lleno de incomodidades, mucho tiempo perdido y demasiados gastos innecesarios. La operación implicaba enviar dinero desde el extranjero a España, y eso hoy por hoy dentro del sistema bancario tradicional implica una serie de gastos desorbitados y el empleo de un tiempo francamente excesivo. Además, para poder comprar la casa me vi obligado, entre otras cosas, a acudir presencialmente a un banco para que me emitieran dos cheques: uno por la cantidad que había que embolsar al vendedor y el otro para liberar la hipoteca que todavía pesaba sobre la propiedad. Sobra decir que, la verdad, la mera emisión de estos cheques me costaron un dineral, cuando no dejaban de ser un par de papeles con una firma impresa que demostraban que yo tenía el dinero y que podía acceder al mismo. Después, además de acudir al banco a por los cheques y pagarlos, fue necesaria una reunión presencial con el notario, a quien, por supuesto también hubo que pagar, en la que nos juntábamos compradores y vendedores y la persona del banco que aún tenía una hipoteca pendiente del anterior dueño. De nuevo un excesivo esfuerzo de coordinación e incomodidades. Como ya he proclamado antes desde estas páginas, que tengamos que pasar hoy por un proceso así es sencillamente arcaico e innecesario. Por eso propongo que nos imaginemos un futuro en el que todo sea cripto y block­chain. El escenario que viviríamos para realizar la compra de esa casa sería bastante diferente.

Básicamente, toda la operación se hubiera realizado de manera automática mediante el empleo de smart contracts y unos monederos seguros que pudieran enviar el dinero en cripto de forma casi instantánea y con unos costes de transferencia bajísimos —y además, independiente del país, de modo que el proceso funcionaría exactamente igual estuviera donde estuviera el comprador—.

El smart contract actuaría de fideicomiso y guardaría el dinero de la compra. Con una parte liberaría la hipoteca y con la otra pagaría el resto al vendedor. También registraría el cambio de la propiedad de la casa hacia mí de forma mecánica, y aseguraría la transferencia de dinero encriptado de manera completamente segura en cuestión de segundos. Ni los cheques, ni la intervención del banco ni la del notario hubieran resultado necesarios. Todo seguro, rápido y descentralizado. Y, además, el título de propiedad quedaría registrado en la blockchain de forma inmutable para que se supiera que la casa es mía hasta que decidiera venderla.

Por supuesto, necesitaríamos que los agentes inmobiliarios del futuro fueran los que realizaran los desarrollos necesarios por encima de una blockchain para que el proceso anterior fuera posible, y también alguien tendría que auditar los smart contracts para asegurarse que hacen lo que dicen —los abogados del futuro—, pero ya hay mucha gente trabajando en eso, y efectivamente ya se han comprado varias propiedades en el mundo usando cripto.

Que esto se hubiera hecho de manera segura, automática, descentralizada, fiable y sin apenas gastos es completamente revolucionario que el futuro nos ha de traer. Hablamos de la transacción de valor y de confianza. El impacto transformador y las implicaciones de esto tienen un alcance inimaginable que va a disrumpir no solo el sector financiero; sus ramificaciones van a alcanzar en buena medida toda nuestra realidad empresarial y económica. Por eso digo que desde la disrupción tecnológica que trae consigo la tecnología blockchain llegamos a una revolución financiera, empresarial y económica.

Por supuesto, como suele pasar muchas veces con la aparición de nuevas tecnologías, también tiene connotaciones negativas, principalmente la pérdida de empleos. Por un lado, el impacto para el sector financiero y bancario podría ser tremendo, muy superior al que ya tuvieron con la aparición de los cajeros automáticos primero, y, más adelante, con la digitalización de sus operaciones, de forma que se pudiera operar con ellos sin ir a una sucursal —de hecho, yo creo que la primera vez que iba en años fue para que me hicieran los cheques de la compra de la casa que mencionaba arriba—. Pero también impactaría en otras profesiones: notarios, abogados o incluso los agentes inmobiliarios o agentes del registro. Algunos empleos se tendrán que transformar; su rol seguirá siendo necesario, aunque diferente —¿quién escribe y audita el smart contract de la compra de una vivienda?—, pero otros desaparecerán por com­pleto.

Por supuesto, no es la primera vez que en la historia de la humanidad muchas profesiones desaparecen debido a las mejoras tecnológicas —el lechero que repartía la leche, las operadoras de telefonía que nos conectaban la llamada o el farolero que encendía y apagaba la iluminación pública de las ciudades, por poner unos ejemplos—, pero estas no impactaron normalmente en la tasa de desempleo a largo plazo. Sin embargo, hoy la tecnología avanza con rapidez y la capacidad de disrupción de blockchain puede llegar a tener un efecto negativo, ya que los nuevos trabajos creados suelen ser de una cualificación muchísimo más elevada y, por lo tanto, resultará más difícil reciclar a los trabajadores que los perdieron por quedar estos obsoletos. Esperemos que no sea así.

Sobre este impacto real, práctico —no ya teórico o especulativo, o de cuento de la lechera—, quiero insistir en este último capítulo. Sabemos que todavía nos movemos en terrenos emergentes, muy poco maduros, y que tenemos muchas tareas por hacer, comenzando por otorgarle desde ya mismo un estatus o una importancia pública que demanda actuaciones por parte de nuestros reguladores, quienes deben ir asimilando la nueva realidad. Atendamos un poco a lo que se está haciendo al respecto.

EL ROL DE LOS REGULADORES

Por reguladores entendemos lógicamente las entidades que existen en cada país que se ocupan de velar por la estabilidad de los mercados y activos financieros y de proteger a los inversores minoristas. La más conocida en el mundo es la SEC —Securities and Exchange Commission—, la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos. En España tenemos la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), en Reino Unido la FCA —Financial Conduct Authority—, en Suiza la FINMA —Financial Market Supervisory Authority—, etc. Son las encargadas de establecer las reglas de funcionamiento de los mercados financieros con el objetivo, sobre todo, y como hemos dicho, de proteger al inversor minorista, que desconoce la complejidad y riesgos de ese tipo de productos, y evitar que sucedan cosas como, por ejemplo, el reciente caso de las preferentes en nuestro país.

Hoy por hoy, estas entidades se han de enfrentar al novedoso mundo cripto que hasta hace bien poco estaba desregulado o casi ni existía. Lo cierto es que prácticamente se ignoró al verse como un fenómeno demasiado nuevo sin apenas incidencia. Esta ha sido la actitud hasta no hace mucho, cuando se ha empezado a apreciar que se trataba de un asunto bastante más importante en el que también ha comenzado a incorporarse el inversor minorista. Podemos decir que como parte del año Netscape de cripto en 2017, también ha sido el año en que los reguladores han entrado de cabeza y han empezado a ponerse serios.

Así pues, los reguladores deben plantearse qué hacer con todo esto, y al respecto se han adoptado posiciones completamente antagónicas: desde actitudes muy agresivas y reguladoras, como en China o Corea, hasta las más permisivas y «criptófilas» como en Japón, Estados Unidos, Suiza o, últimamente, en Venezuela.

China básicamente ha llegado a prohibir la participación de sus inversores en cualquier operación de ICO, e incluso ha ordenado que se cierren cuentas bancarias asociadas con exchanges. Asimismo, está intentando eliminar de su país a los mineros —este era precisamente uno de los sitios con más mineros instalados, puesto que el acceso al hardware era sencillo, ya que casi todo se fabrica allí, y el consumo energético es barato—, y bloqueando el acceso a Internet en todos los aspectos cripto posibles.

La postura de China es de las más agresivas respecto a este universo, quizás también, o precisamente, porque era uno de los países donde más actividad había y, por lo tanto, más descontrol. En cualquier caso, no parece el ejemplo que se deba tener en cuenta, pues no debemos perder de vista que no se trata de un país democrático y en todos los sentidos ejerce un fuerte control, tanto sobre Internet como sobre la salida de capitales de su país, y en ambos sentidos parece obvio que la criptoeconomía representa un fuerte riesgo para esa menta­lidad.

Pero sí que hay muchos países con políticas bastante restrictivas. También Corea del Sur ha prohibido las ICO —aunque los inversores coreanos sí que pueden invertir en ellas en otros países—, y no permite intercambios de criptomonedas de forma anónima: exige que se verifique la identidad de los intervinientes siempre, en cualquiera de las operaciones realizadas con monedas digitales.

En el otro extremo, y siguiendo por el continente asiático, Japón y Singapur son países más abiertos a la criptoeconomía. Japón tiene ya tradición en cuestión de compras digitales, allí el bitcoin está muy aceptado, y es posiblemente el país del mundo donde más movimiento hay en este sentido. Por su parte, en Singapur, muy vinculado a la innovación, también se registra mucha actividad cripto, y su entidad reguladora, el MAS —Monetary Authority of Singapore—se muestra muy benevolente, y aunque tiende a emitir informaciones alertando de los posibles riesgos y estafas, en ningún caso trata de prohibir o intenta parar la extensión de esta nueva realidad.

Respecto a Occidente, los reguladores en general han sido últimamente proactivos, pero con actitud abierta y permisiva. La SEC en Estados Unidos suele emitir notas de advertencia de manera constante, demostrando que por un lado asumen que se trata de un tema con mucho futuro y ciertamente innovador, y que es muy posible que la nueva economía termine por estar basada en blockchain y criptomonedas; pero, por otro lado, se muestran estrictos con respecto a las leyes vigentes. Por ejemplo, permanecen atentos a las emisiones de tokens: quienes quieran emprender esta operación deben ajustarse estrictamente a la legislación vigente que afecta a los mercados de valores y bolsa tradicionales.

Podemos afirmar que, en general, Estados Unidos mantiene una postura positiva consistente en regular, pero sin prohibir, y no impedir el crecimiento de la criptoeconomía. Incluso recientemente el jefe de la CFTC —CommoditiesFutures Trading Commission—, Christopher Giancarlo, se ha convertido en una pequeña celebridad en el mundo cripto con sus comentarios muy favorables sobre blockchain y cripto y su compromiso en regular de forma cuidadosa para respetar el interés que las nuevas generaciones —los llamados millennials— tienen en estas tecnologías. Esta es, en general, la actitud habitual de los países occidentales, lo cual es positivo.

En Europa, donde se ha regulado con mayor atención todo esto es en Suiza, pero con vocación francamente abierta al universo cripto. Hablamos de un país donde, como es bien sabido, siempre se ha mantenido una gran apertura hacia todas las posibilidades que puede ofrecer el sector bancario y financiero, y ahora también busca establecerse como una especie de primera nación cripto en el terreno financiero, siendo el país que reúna las principales operaciones de ICO, por ejemplo, sin comprometer, obviamente, sus habituales estándares de integridad y de protección al inversor minorista de los mercados financieros existentes.

Suiza se encuentra inmersa ahora en pleno proceso regulador, poniendo especial atención a la verificación de la identidad de los inversores para evitar estafas o blanqueo de dinero. Se trata seguramente del país que mejor y de forma más positiva y abierta hacia lo cripto se está posicionando. Esto provoca que se esté ya mirando mucho hacia Suiza a la hora de llevar a cabo ICO y trabajar dentro de este universo. Incluso el propio ministro de Economía suizo, Johann Schneider-Ammann, ha declarado que quiere que Suiza sea la primera nación cripto del mundo. Todo ello tiene también un valor, si queremos, simbólico: lo que hace el país referente de la actividad financiera puede verse como un reconocimiento a que la criptoeconomía está tirando para adelante.

En España, la CNMV básicamente está replicando lo que se dice desde el Banco Central Europeo, y que se corresponde con una actitud de cierta prudencia y cuidado, muy alerta de los riesgos que existen, de que se está viviendo una burbuja especulativa, y de que se están manejando inversiones muy poco seguras. Se focaliza la atención en la falta de seguridad de las operaciones de compra de las ICO, que tienen alta probabilidad de fracaso.

En este punto yo quisiera matizar que al fin y al cabo esto no es un problema de la fórmula de las ICO, sino de la propia naturaleza del activo en que se invierte, ya que por definición la financiación de una start-up o un negocio nuevo y emergente ha de ser arriesgada y muchas de ellas van a fallar. Cuando oigo que alguien dice que el 90 % de las ICO fallarán, siempre pienso que es lo normal, pues esa es la tasa de mortalidad que tienen las start-ups en general para un inversor de capital riesgo.

Resulta interesante citar por último el caso de Venezuela, un país que tuvo una actitud muy cerrada hacia la criptoeconomía, pero que ha cambiado radicalmente su postura. Hay que tener en cuenta que allí padecen de un grave problema de inflación con su moneda nacional, y una criptodivisa les ofrece alternativas interesantes. Además, su electricidad es muy barata, lo cual favorece que prolifere gente haciendo minado. Por eso quieren regular esta práctica de la minería, pero sin prohibirla, y han llegado a hacer algo realmente pionero, aunque no exento de polémica: han emitido la primera criptomoneda por parte de un Estado: el petro, que se vincula al precio de un barril de petróleo.

EL PETRO, LA PRIMERA CRIPTOMONEDA EMITIDA POR UN ESTADO

A principios de diciembre de 2017, el mundo cripto amaneció con una inesperada noticia: Nicolás Maduro, el presidente de Venezuela, un país en plena crisis económica y con una moneda, el bolívar, en plena espiral de devaluación y pérdida de valor, anunciaba la creación de una criptomoneda llamada petro sustentada por barriles de petróleo, y que según el gobierno venezolano les iba a permitir salir de la crisis e intentar resolver «el bloqueo» financiero que sufre el país.

La crisis en Venezuela, acompañada de los bajos precios de la electricidad, ya había convertido el minado de Bitcoin en una actividad bastante popular. Como te podrás imaginar, el anuncio no estuvo exento de polémica y controversia, ya que mucha gente, y otros gobiernos, pusieron en duda desde el primer momento las bondades de esta criptomoneda, y expresaron su desconfianza hacia la capacidad del gobierno venezolano —que digamos que no cuenta con la mejor fama del mundo en política monetaria con el bolívar, o en transparencia sobre su gestión—, para administrar la criptomoneda y mantener, realmente, las reservas de petróleo a las que se referían para sustentarla.

El objetivo era lanzar un total de 100 millones de petros y que estos alcanzaran un valor en el mercado de 6000 millones de dólares. La oposición venezolana ha expresado su oposición al polémico proyecto y ha anunciado que si Maduro pierde las elecciones declararán el petro como ilegal. A pesar de todo, el gobierno ha seguido adelante con su proyecto, y recientemente ha declarado una confusa y poco transparente preventa de las primeras emisiones del petro por un valor cercano a los 800 millones de dólares. Pero, en fin, será el futuro el que nos diga si este experimento es legítimo y si en realidad ha de servir para sacar a Venezuela de su crisis.

Lo que hace Venezuela es apartar una reserva de petróleo y emitir su criptomoneda sobre esa base. Y lo cierto es que han recaudado una cantidad nada desdeñable con la emisión de su petro. Aunque como muchas cosas en ese país, la ICO del petro no ha estado exento de polémica: desde el cambio de última hora de la plataforma de Ethereum a NEM para la emisión del mismo, a las acusaciones que se están vertiendo desde Internet de que en realidad no han recaudado todo lo que dicen con su ICO, o a la falta de transparencia sobre el proceso, lo cual no deja de ser el modus operandi habitual en ese país.

En cualquier caso, esta iniciativa no deja de tratarse de algo todavía muy experimental y bastante sofisticado, porque exige toda una estructura de minado detrás a nivel nacional. En Venezuela incluso han nombrado desde el gobierno un responsable máximo llamado Carlos Vargas para que lo gestione y regule.

Tengamos en cuenta que, además, el petro cuenta con un activo detrás —el petróleo— que lo respalda, y por eso está abriendo una nueva vía que ataja precisamente uno de los problemas de las criptodivisas, su volatilidad, tal y como ya hemos explicado.

Lo cierto es que ya ha habido varios países —Reino Unido o Estonia, por ejemplo— que han mostrado su interés por contar con una criptomoneda que se base en monedas ya existentes como la libra o el dólar, o en emitir una nacional nueva, pero como criptomoneda. Es evidente que esto atenta contra la filosofía más maximalista del bitcoin, que nació con el propósito de desintermediar y prescindir de gobiernos centrales, y aquí nos encontramos con el hecho de que serían los propios gobiernos quienes emitieran las monedas digitales. Por otro lado, también es cierto que el uso de criptomonedas respaldadas por gobiernos las dotaría de una legitimidad importante, y haría que la adopción por parte de la población fuera muchísimo más rápida. Yo creo que ayudaría también al crecimiento de las verdaderas criptomonedas descentralizadas como el bitcoin.

Supongo que el hecho de que se alce hacia las autoridades una demanda por la regulación quizás pueda apreciarse como una paradoja en algo que nació con vocación descentralizadora y como respuesta precisamente a las actuaciones de los gobiernos y los bancos. Pero no se trata de atentar contra la filosofía identitaria del universo cripto, sino de asumir que la extensión y potencial impacto del mismo es ya global.

¿VENTAJAS FISCALES PARA LAS EMPRESAS DE BLOCKCHAIN EN ESPAÑA?

A primeros de este año 2018 se anunció en prensa que el Partido Popular estaba preparando un proyecto de ley para ofrecer posibles desgravaciones fiscales a las compañías de blockchain o a las que se financiaran mediante ICO como incentivo para atraer a este tipo de empresas a nuestro país.

Según fuentes del partido del gobierno, quieren crear las condiciones adecuadas para que España sea líder en el origen de criptomonedas. Asimismo, por otro lado, se han avisado de los riesgos que conllevan las mismas por el componente especulativo con el que de momento están siendo utilizadas.

El encargado de redactar el proyecto es Teodoro García Egea, portavoz adjunto de la Comisión de Energía, Turismo y Agenda Digital del Partido Popular, y ha asegurado que es importante que se dé la bienvenida a blockchain como tecnología que podría impulsar la innovación en sectores como las finanzas, la salud y la educación. Según Teodoro García, lo que se busca es «establecer el marco más seguro de Europa para invertir en ICO».

IMPACTOS FINANCIEROS, IMPACTOS GLOBALES

Termino ya. Pero subrayando una vez más la importancia del impacto que la criptoeconomía comienza a tener en nuestro mundo, y de sus previsibles efectos en distintos ámbitos.

Todo lo que acabamos de ver, llegando al punto incluso de ser testigos de que los propios gobiernos se muestran interesados en crear monedas digitales —lo cual rompe por completo, como hemos dicho, con la filosofía de partida del bitcoin—, no es sino una significativa muestra de cómo se expanden las posibilidades y el potencial del universo cripto.

Existen ya, como sabemos, diferentes posibilidades de empleo de criptomonedas y blockchains, una oferta tan amplia que permite que cada cual pueda adaptarlo a su filosofía y principios. Pero la revolución tecnológica es global, y nuestra organización social no puede menos que contemplarlo. Estamos haciendo camino y debemos aprovechar las oportunidades a todos los niveles.

Bitcoin fue el punto de partida y nos presentó una «magia tecnológica» detrás, la del blockchain, llamada a disrumpir poderosamente los mercados financieros.

Después, la tecnología mejorada que nos ofrecía Ethereum se ha destapado como mucho más potente que lo visto hasta el momento, y su contribución a la criptoeconomía está llamada a ser francamente revolucionaria, puesto que, como decíamos, sobrepasa el ámbito estricto del dinero digital y entra de lleno en el concepto de propiedad digitalizada, que abre muchísimas y nuevas posibilidades en los mercados, ofreciendo innovadoras maneras de financiar y monetizar proyectos empresariales, así como vías poderosas para proporcionar liquidez.

Otros ejemplos significativos del proceso de transformación que estamos viviendo se comenzaban a gestar en 2016, cuando se creaba un nuevo producto dentro de la red de Ethereum: un mercado predictivo llamado Augur que se convertía en una de las primeras apps descentralizadas que emiten tokens por encima de Ethereum. Estoy convencido de que el futuro es de estas apps descentralizadas que interactúan con la blockchain de Ethereum y que son desarrolladas no de forma centralizada por una empresa, sino en muchos casos por un grupo de desarrolladores en código abierto.

El hecho de que se pueda emitir fácilmente un token que va a tener una utilidad dentro de una plataforma descentralizada creada por encima de Ethereum, y que lo puedas prevender al público mediante crowdfunding y así financiar el desarrollo, hace que surjan iniciativas de Dapps que se pueden convertir en las aplicaciones del futuro. Las Dapps o aplicaciones distribuidas prometen también plantear retos a los actores dominantes de Internet de hoy, que están altamente centralizados.

Todo esto está ocurriendo en buena medida gracias a la popularización de los contratos inteligentes y de las ICO, que se están extendiendo a ritmo exponencial en infinidad de actividades de carácter financiero o empresarial.

El futuro de las ICO es un tema especialmente interesante. Desde que el conocido emprendedor del mundo cripto y chairman de la Bitcoin Foundation, Brock Pierce, lanzara el primer ICO en 2013 con la criptomoneda Namecoin y consiguiera captar cinco millones de dólares en bitcoin, el mundo de las ICO ha ido creciendo de forma paulatina hasta la gran explosión que ha tenido en 2017, el año Netscape de la criptoeconomía. Sin embargo, todavía es muy pequeño: como ya hemos dicho equivale a menos del 10 % de la financiación por crowdfunding, y a menos del 1 % de la financiación por capital riesgo. Está todavía comenzando, aunque ya se intuya que lo que ha explotado con tal fuerza con las primeras ICO, y lo mucho que han recaudado, no va a volver a ocurrir. Ha sido una explosión que ha favorecido los «pelotazos», pero no es probable que ocurra con frecuencia.

Aunque las ICO sí que van a continuar. Como apuntábamos antes, los reguladores cada vez habrán de ser más proactivos a la hora de regular estos temas. En todo caso, esta previsible regulación venidera creo que va a resultar positiva, que va a traer orden y que va a limitar las posibilidades de los estafadores. Lo que va a cambiar realmente es que el dinero más tradicional de capital riesgo y otros inversores empiece a apostar por este mundo que de momento sigue muy copado por los entusiastas habituales y los pioneros del cripto, cuyos activos se han revalorado muchísimo. Entrará más dinero y se irá incrementando su magnitud. Tiempo al tiempo. Por supuesto que hay que solucionar algunos problemas —ya los hemos ido desgranando— y es necesario que las cosas se hagan de forma más ordenada, que surjan nuevos roles vinculados a la criptoeconomía, como el de los custodios, intermediarios que almacenen los tokens o las criptomonedas, es decir, garantes de que el dinero no se pierda, que se conserven de forma segura las claves de los monederos, entre otras cosas. Esto puede ser importante para que entre en mayor medida el dinero institucional dentro del mundo de las ICO.

Y está también todo lo relativo a la propiedad digital y la tokenización de activos de la que hablábamos al final de la segunda parte de este libro. Aquí reside un potencial económico de primera magnitud. Cuando los activos pueden ser transformados en títulos digitales, las posibilidades en diversos mercados —como el financiero, el inmobiliario, el de infraestructuras o el del arte— son infinitas. Estamos hablando de una forma de financiación alternativa realmente muy potente que no se ciñe ya solo a las start-ups, sino que se extiende también a grandes proyectos inmobiliarios, de infraestructuras, etc.

Un mercado enorme donde hay toda una revolución posible por delante. El mercado de los token sustentados por activos —o la tokenización de títulos o valores— es precisamente el foco de mi actividad en la actualidad, habiendo desarrollado la que de momento es la plataforma líder para la tokenización de estos activos, Securitize, así como el fondo de capital riesgo tokenizado más grande del mundo, SPiCE VC. Aunque este mercado está aún inmaduro —el token de SPiCE VC ha sido el tercer security token en ser emitido en el mundo en marzo de 2018, para que te hagas a la idea—, todo apunta a que durante 2018 va a tener un crecimiento tremendo, y en 2019 superará a los más tradicionales utility tokens que han dominado hasta ahora.

Como hemos visto, incluso los gobiernos se muestran interesados en emitir monedas digitales, lo cual es sintomático. Se abren nuevas posibilidades, que, además, ya no son estrictamente cripto, pero que sí aportan otras formas de usabilidad. Queda todavía por verse el posible impacto de esto en el uso efectivo de las criptomonedas para intercambios comerciales. Mi visión personal es que va a suceder algo similar a lo que ya ocurrió en el mundo de las telecomunicaciones, en el que, como he dicho, trabajé durante diez años y en el que fui testigo de las transformaciones que la digitalización trajo consigo.

Ya hemos visto que, en realidad, WhatsApp o Skype no han hecho que desaparezca la llamada de voz o la mensajería como servicio de las empresas de telecomunicaciones; lo que han hecho es reducirla a otra alternativa más y marcar presión sobre el precio. Esto fue muy impactante en un mercado oligopólico tan regulado, con tantas barreras de entrada y con tan pocos agentes operando por país. El sector financiero es similar en esos aspectos.

El universo cripto hace vislumbrar muchas alternativas, que todavía hoy por hoy no funcionan igual de bien, que requieren de tiempo, pero a medida que vaya madurando y se facilite el uso, no es que vayan a provocar que los bancos —o los mismos bancos centrales— desaparezcan, pero sí que exista una presión para que se comporten de una forma más adecuada y se abaraten costes cuando se compruebe que desde el mundo cripto se pueden hacer cosas muy baratas y sin coste por los servicios que ahora te cobran un buen dinero. Del mismo modo que WhatsApp y Skype facilitaron que bajaran los precios de las llamadas de voz y los SMS.

Los bancos van a tener que espabilar para hacer las cosas de manera más eficiente, van a tener que digitalizarse más, y ellos mismos terminarán introduciendo la propia tecnología de blockchain en sus procesos, como ya están haciendo de la mano de empresas como Ripple. También van a tener que empezar a comportarse de manera más transparente y respetuosa con los ciudadanos.

Por supuesto, otros ámbitos laborales se verán también afectados: visiblemente abogados y notarios, ya que son profesionales que intermedian con el activo de la confianza, y la nueva tecnología se erige ahora como un gran tercero en credulidad. Pero también cualquier otro trabajo que exija lo mismo.

En definitiva, estamos aquí refiriéndonos a tecnologías muy disruptivas que van a transformar muchísimas industrias, y esos efectos no solo se van a apreciar en la actividad empresarial, sino también en nuestras vidas cotidianas. Como ya hemos repetido varias veces, estamos todavía en un momento de efervescencia que está emergiendo con cierta inmadurez, y falta mucho camino técnico, de negocio, de regulación, por recorrer. Así que en realidad está todo por hacer, pero eso también lo convierte en más emocionante e, intelectualmente, más retador.

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