Bitcoin, criptomonedas y blockchain
INTRODUCCIÓN » La siguiente revolución tecnológica
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INTRODUCCIÓN
LA SIGUIENTE REVOLUCIÓN TECNOLÓGICA
El bitcoin, las criptomonedas y la blockchain están de moda. O al menos, en boca de todos. Hoy por hoy me da la sensación de que ya no queda casi nadie que no haya oído hablar, aunque sea coloquialmente, de la famosa moneda digital o la nueva tecnología disruptiva que va a revolucionar el mundo. Además, a las personas nos gusta, sobre todo si algo es tan novedoso, lanzarnos a opinar enseguida sobre las cosas que irrumpen en nuestras vidas con tanta fuerza. De manera que, día sí y día también, nos encontramos en el debate público, ya sea con mayor o menor conocimiento de causa, conversaciones y pronósticos en torno al llamado dinero digital, el bitcoin y otras criptomonedas, y en torno a la tecnología que lo sustenta, la blockchain —lo cual no deja de ser un tanto sorprendente por cuanto entramos en un territorio técnico y económico un tanto complejo para la gran mayoría—.
Lo cierto es que estamos todos manejando una serie de conceptos novedosos y en última instancia bastante complejos que todavía distan mucho de tener unos cimientos bien asentados en nuestros mercados, pero que conforman desde ya un atractivo marco de actuación no exento de controversia. Tal es así que, a la que nos podemos referir como criptoeconomía, la están cortejando ya muchos desde una proliferación de miradas de muy diversa índole y posicionamientos completamente antagónicos.
Esa disparidad de opiniones es fácil de comprobar echando un vistazo a Internet. Tampoco es necesario indagar demasiado, ya que estamos siendo constantemente bombardeados con noticias y artículos al respecto que, por un lado, nos dibujan un prometedor universo de posibilidades, pero por otro nos advierten de que todo esto no es sino una burbuja o un fraude —tal y como afirmó, haciéndose enseguida famosa esta interpretación, el consejero delegado de J. P. Morgan, Jamie Dimon. Más adelante se arrepintió públicamente de haberlo dicho—, una suerte de esquema Ponzi que va a terminar estallando, de manera que los bitcoins y otras criptomonedas, como algo puramente especulativo, van a dejar de tener el más mínimo valor.
El entusiasmo por parte de los primeros es significativo, rozando lo religioso: nos tratan de demostrar que esta no solo es la mejor inversión financiera que podíamos haber hecho en los últimos años, sino que todo este fenómeno que ahora apenas empieza a emerger representa la siguiente revolución tecnológica por llegar comparable a la propia irrupción de Internet, la nueva Internet del valor y la nueva Internet descentralizada. Para sus defensores, va a ser capaz de transformar no solo el dinero, la industria financiera y los mercados de capitales tal y como los conocemos en la actualidad; además, va a dar lugar a una nueva Internet descentralizada que rete el control vigente de la misma que tienen los grandes actores como son Google, Amazon, Facebook o Apple.
Frente a ellos, sin embargo, no dejan de alzarse voces agoreras, y no son pocos quienes se dedican a levantar obstáculos para limitar un desarrollo sin trabas de todo lo que concierne a la criptoeconomía o a las plataformas públicas de blockchain.
De manera que no cabe sino hacerse la gran pregunta: ¿quién lleva razón? No voy a andarme con rodeos: yo tengo claro que esto es el futuro. Seguramente a mucha gente le atraerá la parte especulativa de la cuestión como vía para enriquecerse, dado el asombroso crecimiento de valor que, a pesar de ciertos altibajos y una gran volatilidad, ha experimentado el bitcoin y otras criptomonedas en menos de diez años de existencia. Reconozco que la parte de inversión financiera que este asunto conlleva es, sin duda, un terreno interesante sobre el que reflexionar y que conviene también abordar, por lo que no la dejaré de lado; sin embargo, lo que a mí me fascina especialmente es el potencial disruptivo que trae consigo la tecnología que hay detrás y su capacidad para transformar la economía del futuro.
Como veremos, las plataformas de blockchain públicas nos traen el protocolo que nos faltaba para poder trasmitir valor de forma descentralizada y segura por Internet. Gracias a esto, cualquier actor que hoy por hoy intermedia con valor como modelo de negocio, desde los bancos que nos permiten mover dinero de una cuenta a otra, a los notarios que nos garantizan la validez de un contrato, o a alguien como Uber o Airbnb que nos intermedian para proveernos de transporte o alojamiento, son susceptibles de ser disrumpidas y reemplazadas por su versión descentralizada en la blockchain, donde la propia plataforma provee de esa seguridad y confianza que hoy nos dan los intermediarios actuales y que, por supuesto, nos cobran por ello.
Entramos en la era de la criptoeconomía, pero para comprenderla es fundamental entender primero lo que es el bitcoin, puesto que se trata de la primera criptomoneda que apareció y la que proporcionó el sustento tecnológico —la blockchain— que habrá de transformar radicalmente las cosas.
Por eso, con estas páginas lo que pretendo es, en primer lugar, ofrecer un acercamiento conceptual al bitcoin, a su historia y a todos sus derivados, para terminar por sumergirnos en el campo de la innovación tecnológica con la blockchain, y en cómo esta tecnología está transformando ya el mundo financiero, y cómo puede disrumpir en el futuro la economía.
La idea del libro surge de una charla que di, por invitación de Julio Alonso —el fundador y CEO de Weblogs— en el evento de su publicación Xataka en Madrid en diciembre de 2017, y que llevaba el mismo título de este libro. El vídeo de la misma en YouTube —https://www.xataka.com/criptomonedas/bitcoin-blockchain-y-criptomonedas-explicado-de-forma-sencilla-y-en-video— tuvo más de 45 000 visitas y en general comentarios muy positivos de mucha gente que le pareció que se explicaba todo este nuevo mundo de manera sencilla y accesible. Eso me hizo ver la necesidad de acercar estos temas a una audiencia no necesariamente técnica o financiera. En cierto modo, este libro es la versión escrita y más detallada de esa charla.
Admito que yo mismo no terminaba de entender hasta muy recientemente por qué se hablaba de todo esto como algo tan revolucionario. Llevaba prestando atención a estos temas desde el año 2015, pero no fue hasta principios de 2017, con el crecimiento de otra cuestión muy relacionada con la criptoeconomía como son las ICO —Initial Coin Offering, una nueva y revolucionaria forma de financiación de start-ups usando blockchain, de la que también tendremos espacio para explicar en qué consiste—, cuando algo cambió en mi percepción.
Concretamente, ocurrió cuando me encontré con mi amigo Brendan Eich, inventor de famoso lenguaje de programación Web Javascript y fundador de Mozilla, la compañía que creó el navegador de Internet Firefox, en febrero de 2017 en el Mobile World Congress en Barcelona. Durante esa reunión me describió cómo iba a emitir su propia criptomoneda o token para su nuevo negocio Brave. Luego llevaría a cabo una de aquellas primeras ICO, seguramente la primera de las importantes, donde consiguió en solo treinta segundos un total de 35 millones de dólares de financiación para su proyecto. Esa experiencia me permitió comprobar algo fundamental que me hizo empezar a ver la luz, porque lo que se me estaba mostrando era una nueva Internet que no solo transfería contenidos e información, sino también valor, y aquí residía el quid de la cuestión.
La blockchain nos permite movernos de la Internet de la información a la Internet del valor, y esta es una idea fundamental en la que focalizaré la atención en los próximos capítulos. Porque transmitir valor de forma descentralizada, segura y con confianza es completamente revolucionario y con potencial para transformar todo el sistema financiero tal y como lo conocemos hoy, y por extensión otros muchos sectores de actividad y la economía global.
Lógicamente, instituciones bancarias, notarías y los agentes que se dedican o participan de la intermediación financiera no terminan de ver con buenos ojos esta transformación, puesto que viven de una función, la intermediación, que esta tecnología elimina.
Tendrán que adaptarse. Ya pasó con las empresas de telecomunicaciones cuando, entre otras transformaciones, se vivió cómo WhatsApp limitó el envío de los SMS—con los que las compañías de telefonía obtenían grandes beneficios— a algo residual, o Skype hizo lo mismo con las llamadas internacionales. Precisamente, este era el sector en el que yo trabajaba, por lo que he sido testigo en primera línea de lo que pasó, y creo poder prever lo que habrá de pasar ahora en otros sectores ante una disrupción parecida.
Recuerdo hace no mucho cuando, ahora que resido fuera de España, quise comprar una nueva casa por la zona de Castellón de la que procede mi mujer, una región que solemos visitar con frecuencia. Pues bien, realizar esa compra desde el extranjero y lidiando con el sistema bancario tradicional, fue un proceso repleto de incomodidades, tiempo perdido y gastos desorbitados e innecesarios en comisiones, precisamente porque todavía no es extensivo un uso de transferencia de valor que nos permite, ya en la práctica, el nuevo escenario del dinero digital y la tecnología blockchain.
Las transferencias internacionales de dinero son lentas y costosas —transferir dinero de un país a otro tarda tres días cuando el dinero ni siquiera se mueve físicamente—, hay pagos que solo se te permiten hacer mediante cheque, se requieren notarios para muchas operaciones en las que, además, exigen estar presente… Es arcaico. Esta experiencia personal reciente me parece muy ilustrativa y es probable que en ella la mayor parte de los lectores encuentren equivalencias con respecto a circunstancias propias vividas. Se trata de procesos incómodos, lentos y muy costosos que hoy no deberían ser necesarios.
No tiene sentido que en el siglo XXI sigamos todavía haciendo las transacciones financieras como las estamos haciendo, cuando podríamos mandar dinero encriptado garantizado, usando blockchain de forma absolutamente segura en décimas de segundo. Por eso, lo que resulta revolucionario es que ese proceso de intercambio de valor que emprendí al comprar una casa en Castellón, podría haberse hecho de manera completamente segura, automatizada e instantánea, y sin costes de transacción. Las blockchains públicas son la siguiente revolución tecnológica que va a transformar industrias que hasta ahora no se habían visto afectadas por Internet al ser capaz de desintermediar a los actores actuales del mundo financiero, reduciendo los costes y la fricción que en la actualidad experimentamos en cualquier transacción.
Al final de este libro veremos con detalle cómo todo esto se podría haber hecho con criptomonedas, blockchain y los llamados contratos inteligentes —conocidos también por su nomenclatura en inglés smart contracts— de forma rápida y barata, y eliminando a los intermediarios tradicionales de estas operaciones —bancos y notarios, como hemos dicho—.
Entiendo que en esta introducción estoy presentando seguramente demasiados conceptos: por supuesto el bitcoin, pero también la blockchain, los smart contracts, las ICO, etc., que exigen explicaciones más detalladas en los próximos capítulos. Los presento ya porque quiero dejar claro desde aquí que, aunque a algunos quizás no les haga gracia la idea, el mundo va a cambiar contundentemente en los próximos años gracias a una nueva tecnología disruptiva, tal y como en su día cambió con Internet o con los smartphones.
Es cierto también que nos encontramos todavía en un mercado incipiente, muy poco maduro, que arrastra problemas técnicos y lagunas legales. Las monedas digitales, aunque den tanto de qué hablar como decíamos al principio —hoy Internet y las redes sociales amplifican mucho toda cuestión novedosa—, ahora mismo las emplea solo un porcentaje mínimo de personas, pero tengamos en cuenta que también Internet en sus inicios de los años noventa apenas lo usaba nadie. El caso es que es algo que está explotando justo ahora y el camino se hace al andar; un camino que yo creo que va a trazar un recorrido apasionante, aunque no exento de incertidumbres. Apenas ha pasado una década desde que el bitcoin naciera, pero preveo que en los próximos diez años el crecimiento va a resultar espectacular, así como el calado de las transformaciones que se van a producir.
Esta mirada hacia el futuro es a la que quiero dedicar la última parte de este texto, porque no deseo limitarme a dar una explicación conceptual en torno al bitcoin y la tecnología que lo sustenta —aspectos que ocuparán los primeros bloques del libro—. Soy consciente de que mi visión optimista no es compartida por todos, y que a muchos no les conviene el cambio o simplemente no se creen que vaya a pasar. Tampoco estoy sordo como para no oír las alertas sobre la dimensión especulativa que conlleva o sobre el hecho de ser una burbuja que va a explotar, de la falta de seguridad que existe en algunas aplicaciones y los continuos hackeos, de la falta de escalabilidad de estos sistemas descentralizados comparados con los financieros tradicionales, de su alto consumo energético…
Hay varios mitos en torno a la criptoeconomía que también tendremos oportunidad de evaluar más adelante, pero estoy convencido de que todo esto está aquí para quedarse y que va a cambiar muchísimas cosas, y no solo relativas al sector financiero. También cuando Internet empezó era lentísimo conectarse a la red, se hacía mediante un módem con continuos fallos de conexión, la carga de las páginas era lenta y primitiva, con contenidos mayoritariamente de texto, pero el alto valor que aportaba en muchos ámbitos hizo que la industria fuera solucionando estos problemas poco a poco hasta convertirse en lo que es hoy. Lo mismo creo, como he dicho, que va a pasar con el mundo de la criptoeconomía.
Para mí también es todo un reto después de tantos años dedicados a la innovación. En mi carrera he tenido la suerte de pasar por dos momentos decisivos en la historia de la innovación y del mundo de la tecnología moderna. Por un lado, empecé a trabajar hacia finales de los noventa al acabar mi doctorado en el momento justo en que la burbuja del dot.com estaba en plena ebullición y viví en primera persona tanto la subida —con un IPO y salida a bolsa incluida de la empresa para la que trabajaba—, como la caída de la misma, teniendo que realizar despidos y reorganizaciones para sobrevivir.
Mi siguiente paso profesional fue en el mundo de las telecomunicaciones, al entrar a Telefónica en el año 2006. Entonces fui testigo de la revolución del mundo móvil que vino de la mano de Apple y Google con el lanzamiento del iPhone en 2007 y de Android en 2008.
Ahora acabamos de atravesar otro de esos momentos clave. Creo que 2017 será recordado como el año Netscape —Netscape fue el primer navegador comercial de Internet que hubo y su salida a bolsa en 1995 se considera el principio de la era Internet— para el mundo de las criptomonedas y de blockchain. Después de más de diez años en las telecomunicaciones no podía dejar escapar el entrar en este mundo profesionalmente, y dar paso así a una tercera etapa laboral en mi carrera. Hoy por hoy me dedico en exclusiva a estos temas, habiendo logrado crear el fondo tokenizado en la blockchain más grande del mundo, SPiCE VC, así como la plataforma líder para la emisión de tokens securitizados o tokens respaldados por activos —todos estos conceptos ya los explicaremos más adelante— llamada Securitize.
Cuando empecé mi pequeña obsesión con los temas de cripto —me referiré de forma general con la abreviatura cripto a todo este universo relacionado con las criptomonedas, tokens o blockchains públicas— hace cosa de un año —hasta el punto de dejar mi trabajo corporativo de aquel momento—, hubo quienes me dijeron que quizás me estaba volviendo un poco loco. Pero lo hice desde el convencimiento y la pasión. Por eso también siento la necesidad de explicar de la manera más comprensible posible a la gente que no tenga especiales conocimientos técnicos financieros o informáticos en qué consiste todo esto y cuál es su enorme potencial. Quiero hacer comprender por qué creo que es algo tan revolucionario el bitcoin, las blockchains, los tokens, las ICO, la criptoeconomía, la Internet del valor y el futuro descentralizado que nos espera.
Ese es el propósito de este libro. Un punto de partida que confío resulte útil, porque nos hallamos, no lo dudes, ante un área prioritaria para empezar a investigar por parte de profesionales y agentes de muy diversa índole.