Antifascistas
06. Homenaje a Hitler en Madrid
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06. Homenaje a Hitler en Madrid
«Lo más grave, en el caso de Eichmann, era precisamente que hubo muchos hombres como él y que estos hombres no fueron pervertidos ni sádicos, sino que fueron, y siguen siendo, terrible y terroríficamente normales».
HANNAH ARENDT, Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal, 1963
Un grupo de cerca de dos centenares de hombres desfila por el centro de Madrid con paso firme. Lidera la marcha una pancarta en la que se lee: «Libertad de expresión». Hay gente de diferentes edades y varios skinheads cierran la comitiva. Solo se ven unas pocas mujeres. Junto a las escaleras del antiguo cine Benlliure, la multitud se concentra y levanta el brazo haciendo el saludo fascista mientras grita varias veces: «¡Adolf Hitler!».
Tras un largo aplauso, un hombre se dirige a la multitud:
Nos hemos reunido aquí para intentar celebrar un acto legal, privado y en orden. El acto fue legalizado hace quince días y nos fue concedido el permiso. Contratamos un cine y fue pagado. Tenemos el permiso y el contrato. Queríamos ofrecer al público la posibilidad de escuchar a personas que opinan diferente sobre Hitler y su cosmovisión del mundo a la versión que nos han dado los vencedores de la Segunda Guerra Mundial.
No se le oye bien y alguien le pasa un megáfono. El público aplaude y un hombre ondea una bandera con la cruz gamada. El orador es Pedro Varela, entonces presidente del Círculo Español de Amigos de Europa (CEDADE), que ha convocado el acto con motivo del centenario del nacimiento de Adolf Hitler, el 20 de abril de 1989.
—Nunca hubo cámaras de gas en Auschwitz —grita Varela, arrancando de nuevo un intenso aplauso de los congregados.
—¡El Holocausto es mentira! —corean.
—Precisamente por eso tienen terror a que se llegue a saber alguna vez que nunca murieron gaseados seis millones de judíos en los campos de concentración.
A su lado, tras la pancarta, se encuentra un hombre de setenta años que mira al infinito mientras Varela habla. Da la impresión de que no entiende el castellano. Viste con traje y corbata, como el resto de los participantes que sujetan la pancarta de cara a la multitud. Su nombre es Thies Christophersen, un granjero de Kiel, una ciudad alemana bañada por el Báltico. Fue nombrado líder especial de las Waffen SS de Hitler y destinado a un puesto de control de plagas a tres kilómetros de Auschwitz. Toma el megáfono y se dirige a los asistentes en alemán:
Estuve en Auschwitz y tuve la oportunidad de encontrarme personalmente con Hitler en su cuarenta y nueve aniversario. La época de Hitler fue una época de derechos y una época realmente democrática. En aquellos tiempos lo decía alto y lealmente: Sieg Heil!
La multitud repite la consigna, el saludo a la victoria del Tercer Reich, mientras estira el brazo con la palma boca abajo y la mano tiesa. Christophersen era conocido esos años por sus actividades en Dinamarca, donde residió diez años y montó la editorial Kollund-Verlag, que distribuía todo tipo de literatura negacionista del Holocausto en varios países del mundo. Siempre defendió que no hubo ningún exterminio y que era un privilegio para los prisioneros estar detenidos en Auschwitz. Según Christophersen, se les trataba de manera excelente y se les daba la oportunidad de ser enviados a grupos de trabajo adecuados a sus profesiones. Aseguró, además, que en Auschwitz no hubo cámaras de gas y que los judíos trabajaban en jornadas de ocho horas «para devolver lo que habían robado».
Varela toma de nuevo el megáfono y vuelve a recordar que el acto estaba autorizado y que ha transcurrido sin ningún incidente. No hay presencia policial ni tampoco la ha habido durante todo el desfile por la calle de Alcalá y la calle de Goya, en pleno centro de Madrid. El gentío se dispersa, ahora sí, mientras algunos entonan una canción castrense alemana, popularizada en España por la Falange: «Yo tenía un camarada, entre todos el mejor».
En otros países europeos, se ilegalizaban este tipo de actos y organizaciones como CEDADE, pero en España no existía ninguna ley al respecto. Hasta la reforma del Código Penal, en 1995, no se contempló la negación del Holocausto ni la provocación al odio como delito —un tema del que nos ocuparemos más adelante—. Por esta razón, hasta 1995 España se convirtió en un oasis para el neonazismo europeo; a eso se le añade que en la época franquista ya había sido uno de los principales refugios para varios criminales de guerra nazis y fascistas desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
El historiador catalán Xavier Casals publicó un libro a mediados de los noventa en el que analizaba pormenorizadamente el neonazismo español desde los años sesenta. Neonazis en España: de las audiciones wagnerianas a los skinheads (1966-1995) es un excelente trabajo de investigación que cuenta con numerosas entrevistas a varios líderes de estos movimientos y abundantes referencias a sus publicaciones. Aunque el libro hoy está descatalogado, tuve la suerte de adquirirlo el mismo año que se publicó y todo este tiempo me ha servido como referencia en este tema. Casals es uno de los mayores conocedores de la ultraderecha y publica numerosos libros y artículos al respecto.
El libro de Casals realiza una cuidadosa autopsia de todos estos grupúsculos y en especial de CEDADE, la principal organización neonazi del Estado español hasta hoy y quizás una de las más importantes a nivel mundial. CEDADE nació a finales de los años sesenta y desarrolló una prolífica actividad durante sus casi treinta años de vida, hasta mediados de los noventa. Se consideraban a sí mismos una especie de élite intelectual que estaba muy por encima del casposo nacionalcatolicismo. Esta organización fue fundada en 1966 por Ángel Ricote y realizó la más importante labor de impresión y difusión de literatura pronazi y negacionista del Holocausto durante casi treinta años. Entre muchos otros libros, CEDADE publicó La mentira de Auschwitz, de Thies Christophersen, el orador alemán que en 1989 acompañó a Pedro Varela en el acto de homenaje a Hitler en Madrid. Años atrás, Christophersen había sido condenado en Alemania a dos años de prisión por difundir propaganda nazi y revisionista, y CEDADE puso en marcha una campaña por su liberación en la que lo presentaba como un humilde agricultor perseguido por escribir libros.
CEDADE consiguió aglutinar a un sector de la ultraderecha que no acababa de conformarse con el menú ideológico de la dictadura franquista y sentía admiración o curiosidad por las ideas de Hitler. CEDADE no se dedicó a promocionar el franquismo ni la figura de Franco, incluso a menudo se distanció del ultranacionalismo español que caracterizó a la dictadura. El propio Pedro Varela explicaría la relación de CEDADE con el régimen en un libro editado en 2019 junto con otros exmiembros de la organización. En CEDADE: Algo así como una historia (1966-1993), Varela explica:
Siendo críticos con los defectos y lastres del régimen, muchos de los miembros de CEDADE se consideraban sin embargo a sí mismos y en privado franquistas, por la honradez de intenciones del caudillo, la austeridad personal del jefe de Estado y por sus logros militares y sociales en el país durante y después de la guerra civil.
Esto no era óbice para criticar con dureza el comportamiento de algunos representantes del régimen y cierta corrupción, ciertamente ínfima si la comparamos con la existente en los regímenes democráticos.
El libro, publicado por Fides, la editorial de otro histórico líder del neofascismo español, Juan Antonio Llopart, recopila numerosos archivos gráficos de la organización e incluye textos del editor, de Varela, Ramón Bau, Javier Nicolás, Jorge Giménez-Tejedor y J. C. Martín.
CEDADE mantuvo estrechas relaciones con refugiados nazis en España, como Otto Skorzeny, Friedrich Kuhfuss o el belga León Degrelle, quienes vivían plácidamente en el Estado español protegidos por Franco. Según confesaría Ramón Bau —histórico neonazi y miembro de CEDADE— al historiador Xavier Casals, Arabia Saudí llegó a pagar ciertas cantidades de dinero a la organización para publicar literatura antisemita. Así lo confirmaría Pedro Varela en el libro editado por Fides, en el que admite haber solicitado financiación directamente a la embajada saudita. Según Varela, con la aportación de la dictadura wahabita se editaron dos volúmenes del libro-fascículo El problema judío en español y en árabe, y se tradujo el libro de Joaquín Bochaca El enigma capitalista al árabe. Se desconoce el origen de la mayor parte de los fondos con los que contaba la organización, aunque Varela afirma: «En contados casos se consiguió una pequeña financiación extraordinaria con un objetivo claro y concreto. Lo demás era trabajo, trabajo y más trabajo».
La organización, según explica Casals en su libro, entró en declive a partir de 1985 y progresivamente devino «una entidad difusora de un nazismo testimonial, prácticamente sin seguidores (excepto en la delegación de Madrid) y con una revista deficitaria». Si en 1983 se anunciaban en su revista ocho delegaciones y veintiocho sucursales, con presencia incluso en Miami, América Latina y Portugal, a finales de los años ochenta la única delegación que mostraba cierta actividad era la de Madrid. De hecho, la campaña realizada con motivo del centenario de Hitler en 1989 fue uno de sus últimos hitos reconocidos en círculos neonazis a nivel mundial. CEDADE imprimió con este motivo 40.000 carteles y 16.000 adhesivos, que se distribuyeron por varias ciudades del Estado español, Alemania, Austria, Suiza, Chile y Argentina, y que, en una acción coordinada, aparecieron justo el 20 de abril en numerosos espacios públicos.
Sin embargo, la entidad ya atravesaba una profunda crisis económica y política. Gran parte de su militancia había desertado y a mediados de los ochenta empezaba a fraguarse una progresiva renovación del espectro ultraderechista con la entrada en escena de una nueva generación que no había vivido el franquismo y veía a CEDADE como un selecto club intelectual alejado de la calle y las instituciones, dos nuevos escenarios en los que se librarían nuevas batallas.
La importancia de CEDADE, más allá de su labor propagandística, radica también en las personas que en algún momento estuvieron al frente o al calor de la organización. Pedro Varela, que presidió la entidad los últimos años hasta su disolución en 1993, seguirá con su actividad editorial al frente de la librería Europa, abierta en la etapa de CEDADE en Barcelona. Varela todavía hoy es uno de los principales referentes y aglutinadores del neonazismo y neofascismo español, mitificado además por haber sido detenido y encarcelado en varias ocasiones por difundir ideas genocidas.
En el acto de Madrid por el centenario de Hitler, junto a Varela aparece Christian Ruiz, secretario de la organización aquellos años. En 1995, Ruiz estará entre los artífices de Democracia Nacional (DN), el primer partido español que pretendía emular a la extrema derecha europea. Junto a Ruiz, de la delegación madrileña, José María Ruiz Puerta ocuparía la vicepresidencia. Era este un conocido abogado que asumió la defensa de Varela. En fechas recientes, Ruiz Puerta ha aparecido en varios medios de comunicación representando a Vox por la localidad de Parla.[9] Otro conocido exmiembro de la formación neonazi es Isidro Juan Palacios, responsable de la revista Punto y Coma y de la esotérica Más Allá. Isidro ejerció de secretario de Jorge Verstrynge cuando este formaba parte de Alianza Popular (AP) y posteriormente fue contratado por el PP de Castellón en varias ocasiones para impartir cursos de oratoria a sus candidatos. Su hermano, Jesús Palacios, que también pasó por CEDADE, en 2006 realizó para Telemadrid un documental sobre el golpe de Estado de 1983 por el que cobró 89.900 euros.
Ramón Bau es otro exmiembro de CEDADE que hoy en día sigue defendiendo la doctrina nacionalsocialista. Bau fundó Ediciones Wotan, el boletín Mundo NS y Nuevo Socialismo, que fue una escisión de CEDADE que intentaba adaptar a su manera algunas de las ideas de la Nueva Derecha francesa, el laboratorio de ideas neofascista más importante de Europa. Se desligaba en parte del elitismo que envolvía a CEDADE y preconizaba una vertiente más popular y combativa. Posteriormente, Bau crearía el Círculo de Estudios Indoeuropeos (CEI), por el cual acabó también en los tribunales. Actualmente lidera Devenir Europeo, en la línea de las anteriores organizaciones citadas. Ramón Bau es un personaje clave del neonazismo español y de él hablaremos más adelante.
Sin embargo, CEDADE se caracterizó sobre todo por su prolífica actividad intelectual y literaria, así como por sus contactos internacionales con prácticamente todo el neonazismo y neofascismo global de aquellos años. Ellos mismos o sus miembros promovieron Nuevo Arte Thor, que fue la primera editorial de la Nueva Derecha en el Estado español, así como Sarmata, la primera distribuidora de libros «social-patriotas», según sus propias palabras.
La Oficina Federal para la Protección de la Constitución, del Ministerio del Interior de Alemania, consideraba a CEDADE uno de los grupos nacionalsocialistas más importantes del mundo desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta los años noventa. El eurodiputado laborista James Glyn Ford fue el relator de un extenso informe realizado en 1990 por una comisión especial del Parlamento Europeo creada para analizar el crecimiento del racismo y la xenofobia en Europa. Este afirmaba que CEDADE era la organización neonazi más importante: «Produce propaganda hitleriana, tiene secciones paramilitares uniformadas y cuenta con numerosos grupos asociados en muchas ciudades españolas, incluida un ala juvenil llamada Juventudes Nacional-Revolucionarias».
Ford recordó que ya en 1986 otro informe del diputado griego democristiano Dimitros Evrigenis había llamado la atención a España sobre la militancia de destacados exfranquistas en el PSOE y en Alianza Popular, y alertaba sobre los problemas que traería la impunidad concedida a los franquistas durante la transición. Ford añadía que su máxima preocupación «no son quienes llevan esvásticas y otros símbolos nazis, sino la gente de extrema derecha que viste de ejecutivo». En su opinión, después de cuarenta años de dictadura, «las raíces de la ultraderecha son bastante profundas y la ruptura gradual con el antiguo régimen ha dejado latente este peligro, porque no se ha querido destapar demasiado». Finalmente, alertaba de los contactos entre la extrema derecha española y el Frente Nacional francés de Jean Marie Le Pen y vaticinaba lo que sucedería después: «En los años noventa se van a concretar este tipo de organizaciones en Europa, unidas por las actitudes xenófobas hacia los inmigrantes».
En el libro editado por la editorial neofascista Fides en 2019, J. C. Martín explica:
Gente de CEDADE ha estado en los inicios de prácticamente todos los grupos nacionalsocialistas y nacional-revolucionarios (no, no es lo mismo) aparecidos en España desde los años setenta hasta el cambio de siglo. Algunos grupos fueron incluso creados en contra de CEDADE por nacional-revolucionarios y nacionalsocialistas que después de conocerles querían enseñarles «cómo se hace política», otros por exmiembros que querían continuar su obra por caminos distintos… Curiosamente, en un ambiente tan dado a la fragmentación como es el de la oposición nacional, prácticamente ningún grupo nacionalsocialista o nacional-revolucionario nació de una escisión de CEDADE, con la posible excepción de las JNR de Madrid, de breve pero ruidosa trayectoria.
Sin embargo, desde los años ochenta, CEDADE convivió con una nueva hornada de autodenominados neonazis y nacional-revolucionarios que a menudo eran mal vistos por estos padres intelectuales del nacionalsocialismo en España. El propio Juan Antonio Llopart, que posteriormente lideraría el neofascista Movimiento Social Republicano (MSR), explica en el prólogo del libro sobre la historia de CEDADE que esta organización «no tenía nada que ver con los tarados salidos de películas estilo American History X ni con esos hooligans borrachos repletos de tatuajes con esvásticas que inundan el fútbol en cualquier estadio europeo vomitando violencia; CEDADE era otra cosa. En efecto, se podrá estar o no de acuerdo con las ideas que defendían, pero su comportamiento ético, su interés por la formación, por los libros, por la cultura y el arte, su rechazo frontal a los “nazis esculpidos por el sistema” y a la violencia les convertía en una organización muy diferente a la del resto de la galaxia etiquetada como “fascista”».
Ramón Bau también cargaría contra esa nueva generación de jóvenes neonazis que actuaban como bandas callejeras violentas y usaban el supremacismo que les ofrecía el ideario nazi para justificar sus crímenes. «El movimiento skin ha sido una tremenda desgracia para el nacionalsocialismo. Ha convertido el nacionalsocialismo en una bandera para grupos de gamberros y beodos […], ha ensuciado todo y costará mucho limpiarlo».
Sin embargo, esos personajes a los que Llopart, Bau y otros intelectuales del nacionalsocialismo despreciaban reivindicarán el nazismo, portarán sus banderas, se tatuarán la figura de Hitler y los símbolos del Tercer Reich y, en muchas ocasiones, formarán parte de las diversas organizaciones políticas que impulsarán estos mismos intelectuales, comprarán sus libros, y participarán en sus actos y campañas. A ello volveremos más adelante.