Antifascistas
08. La llegada de los skinheads
Página 11 de 60
08. La llegada de los skinheads
«Stop your runnin’ about,
it’s time you straighten right out.
Stop your runnin’ around
making trouble in the town».
DANDY LIVINGSTONE, Rudy, a message to you, 1967
El historiador catalán Carles Viñas ha investigado a fondo a la extrema derecha, y también el fenómeno y la cultura skinhead en el Estado español. Su tesis doctoral, Skinheads a Espanya: Orígens, implantació i dinàmiques internes (1980-2010), presentada en 2012 en la Universitat de Barcelona, aborda la irrupción de este movimiento durante los años ochenta y su evolución a lo largo de las siguientes décadas.
En España el origen de los skinheads se remonta a inicios de los años ochenta […]. Como explica el guitarrista del grupo Decibelios, Manel Domènech, durante el bienio 1980-1981, «había permisividad entre el ambiente punk ante cualquier propuesta, como la estética skin, cierta complicidad, todo era lo mismo […]. No fue un cambio importante porque todo el mundo iba a su manera […]. Ir rapado era una estética más, no era tan diferenciador, quizás lo más innovador era el pelo muy corto… Estos eran los rasgos más distintivos […] pero los skins entonces eran unos más dentro de nuestro grupo. La postura política era sobreentendida, había «rabia y furia contra la sociedad», eso era lo que nos unía […]. Simpatizábamos más con los movimientos anarquistas, era lo que sentíamos más cercano.
Igual que había sucedido primero en Gran Bretaña y luego en otros países, los primeros skinheads no pertenecían a grupos de extrema derecha. Al contrario, venían de ambientes punk, a pesar de que en otros países la estética ya había empezado a ser secuestrada por la extrema derecha.
La presencia de skins en Barcelona y alrededores entre 1980 y 1984, a pesar de ser escasa, seguía siendo notable respecto al resto de ciudades del Estado […]. En Madrid los primeros skinheads surgieron, como sucedió en Barcelona, del entorno punk […]. A partir de 1982 empezaron a ser visibles en áreas concretas de la ciudad. La presencia de jóvenes skins, surgidos de los círculos de amistad de bandas punk como la UVI, la Broma de Satán o Panadería Bollería Nuestra Señora del Karmen (PBNSK).
Los primeros skins de extrema derecha no aparecieron hasta mediados los ochenta —según Viñas, concretamente entre 1984 y 1985—, principalmente a raíz de su acercamiento a las primeras gradas ultras en Madrid, lideradas por Ultras Sur y el Frente Atlético. En Barcelona, estos primeros skins que se reivindicaban de ultraderecha eran extremadamente jóvenes y nadie les dio mayor importancia. Es más, había cierto respeto de estos hacia otros colectivos alternativos. Un testimonio recogido por Viñas en su tesis doctoral lo explica así:
En los inicios convivíamos todos juntos. Había cierta tolerancia y estábamos todos mezclados. Todo el mundo se conocía y […] nos saludábamos y nos respetaban porque nosotros éramos más mayores que ellos y aún había cierto respeto porque éramos skins. Algunos eran «punkis reconvertidos», adolescentes que habían compartido espacios con los punkis y skinheads locales más veteranos.
Sin embargo, de nuevo a través del fútbol, la ultraderecha empezó a apoderarse de la estética.
En Cataluña la presencia de cabezas rapadas neofascistas fue visible inicialmente en localidades como Barcelona, Badalona, El Masnou, Mataró, Arenys de Mar, Santa Coloma de Farners, Roses, Blanes, Manresa o Premià de Dalt, mayoritariamente vinculados a posteriori al grupo de seguidores radicales del RCD Español, las Brigadas Blanquiazules (BB BB), creado en 1985 y en grupúsculos de extrema derecha. Estos ultras blanquiazules se convirtieron en el aglutinador en la capital catalana de la juventud neonazi local. Dentro de las BB BB pronto se crearon las primeras secciones íntegramente formadas por cabezas rapadas, como Skinheads Barcelona Area Radikalh. Este grupúsculo llegó a editar material diverso e, incluso, publicó el fanzine División Barcelona.
No era extraño ver a estos primeros skinheads neonazis acudir a los conciertos de punk y de la escena alternativa. A mediados de los ochenta, los conciertos de Toy Dolls y Decibelios en Barcelona fueron escenario de míticas peleas en las que se empezó a advertir la presencia de neonazis. Al principio, la sorpresa y la cautela evitaron que se produjeran incidentes, ya que algunos de estos skins eran conocidos porque antes habían sido punkis o habían frecuentado estos ambientes. Pero inmediatamente se decidió que esos espacios no se podían compartir con estos nuevos nazis, que, además, solían protagonizar altercados violentos con otros asistentes. Son varias las anécdotas al respecto, en las que se les echaba a palos o se les esperaba a la salida para advertirles que no volvieran a asomarse por allí.
Estas bandas de skins, más configuradas como grupos de amigos que como organizaciones políticas, a menudo participaban en los actos que convocaban los grupos de extrema derecha, como el 20N o el Doce de Octubre. Y pronto empezarían a imitar la contracultura de izquierdas con sus fanzines y, más adelante, su escena musical propia, conocida como RAC (Rock Against Communism), que llegaría a España a principios de los noventa.
Según Viñas, en la primera mitad de los años noventa tuvo lugar el auge de los cabezas rapadas neonazis en España, motivado por dos factores:
Por un lado, la profusión de imágenes, columnas de opinión, artículos y reportajes publicados sobre los actos cometidos por una minoría que gozó de una cobertura informativa desmedida, favoreciendo su magnificación y una amplia difusión; y por otro lado, la eclosión de los grupos radicales de seguidores de fútbol en la liga estatal (el mal llamado «mundo ultra») que supuso el predominio de los cabezas rapadas en las gradas. La difusión obtenida favoreció que muchos adolescentes adoptaran esa estética transgresora hasta entonces poco conocida. A partir de entonces se incrementó progresivamente la presencia de jóvenes con aspecto skin en los actos y convocatorias de los grupos y partidos de extrema derecha, los cuales se vieron sorprendidos por la irrupción de las bandas de cabezas rapadas. Un auge que en 1992 llegó a su cenit.
En algunos territorios del Estado, la presencia de skinheads neonazis fue prácticamente nula. En Euskadi, Extremadura o Canarias era difícil ver alguno, a menos que estuviese de paso. En Galicia, a pesar de la hegemonía del movimiento skinhead antifascista, existieron algunos grupos neonazis que, según Viñas, provenían de los cuarteles de La Coruña, Santiago de Compostela o Figueirido (Pontevedra), donde estaba la Brigada de Infantería Ligera Aerotransportable Galicia VII (BRILAT). A principios de los noventa se produjeron varias agresiones neonazis en la zona que pusieron en alerta a los colectivos de izquierdas, que prácticamente dominaban las calles. Un grupo de neonazis apuñaló a un joven antifascista en La Coruña e intentó atropellar a un miembro de Xuntaza Antifascista. Se empezaron a detectar otras agresiones neonazis contra personas sin hogar y migrantes, y se abrió una tienda neonazi llamada El Zulo, que tuvo que cerrar a los pocos meses por la presión y los ataques de los antifascistas.
Antón creció en Santiago de Compostela. Antes de marcharse a Madrid, vivió los años noventa en Galicia, y frecuentaba los ambientes de la izquierda radical y el movimiento skinhead de la época. Hoy sigue manteniendo esa estética y regenta una tienda de ropa. Afirma que en Galicia era muy difícil ver neonazis.
Lo que sí que hay en Galicia es una derecha sociológica y conservadora muy arraigada. No teníamos miedo de que viniesen nazis a agredirnos, aunque puntualmente había algún colgado, como uno que teníamos en Santiago al que conocíamos todos. En Ferrol durante la transición sí que hubo problemas con Fuerza Nueva y con algunos franquistas, y también con militares, pero eran casos muy puntuales.
En Galicia y en algunos otros territorios del Estado, la hegemonía de la izquierda en las calles (que no quiere decir en las urnas) evitó que varias generaciones tuvieran que enfrentarse a bandas neonazis saliendo de caza todos los fines de semana. Aunque cada zona tenía sus propios problemas y su propia idiosincrasia. Según Antón, en Galicia el conflicto era entre españolismo y nacionalismo gallego, pero no había enfrentamientos físicos.
El fútbol fue el banderín de enganche para mucha gente. La izquierda era hegemónica. Teníamos mucha más representación allí y en la universidad que en la sociedad en general. Eso sí, venían nazis del fútbol de fuera a menudo, como los Ultra Boys y el Batallón Gijón, o las Brigadas Azules del Oviedo. El fútbol era nuestra vía de contacto con los nazis, porque aquí no había.
El fútbol fue, de nuevo, el punto de reunión de la mayoría de los skinheads de la época. Viñas explica en su tesis doctoral que la creación de la hinchada Riazor Blues en sus inicios estuvo marcada por la presencia de una sección con tintes ultraderechistas llamada Nikis Sur, cuyos miembros formaban parte también de Ultras Sur y mantenían contactos con los neonazis madrileños de Bases Autónomas. La presión de los grupos antifascistas y de la izquierda independentista logró que este grupo fuese expulsado de la grada.
También hubo presencia neonazi en Pontevedra, concretamente las Brigadas SSkins, a quienes se enfrentaron los grupos antifascistas de la zona. Concretamente los redskins del Komando Krilin, que lograron la disolución del grupo neonazi a base de batidas constantes.
Antón explica:
Hay gente que llega a través de la música, del fútbol, de la estética o de la política. Yo sigo siendo independentista, aunque no milite, y para mí la política ha sido siempre lo más importante. No me gustan las ambigüedades, ni por supuesto los nazis. El compromiso ideológico es importante para la cultura skinhead, aunque en muchos países como Inglaterra exista un movimiento puramente estético que rehúye la política.
En Euskadi, la presencia de cabezas rapadas neonazis fue más que discreta, pero no nula. En 1991, el diario Egin advertía de su presencia en Bilbao y en Donostia: «Han sido detenidos muchas veces, pero al cabo de unas horas salen siempre en libertad y vuelven otra vez a las mismas». Formaban parte de Zona Norte Crew. Algunos de ellos, explica Viñas en su tesis, habían sido punkis anteriormente, incluso simpatizantes abertzales. Pero pronto serían señalados y aislados por los movimientos sociales de izquierdas, que les obligaron a mantenerse en la más absoluta intimidad y no permanecieron más de una docena de miembros muy discretos.
En Asturias, los skinheads de extrema derecha surgieron también a finales de los ochenta, sobre todo en las zonas urbanas de Gijón y Oviedo, y en algunas localidades de la cuenca minera. Estaban muy vinculados a los entornos futbolísticos, principalmente a los Ultra Boys del Sporting de Gijón. Los conflictos con jóvenes nacionalistas de izquierdas y antifascistas eran más que habituales. El núcleo neonazi se mantendrá activo hasta hoy y sería conocido también por las bandas de RAC Reconquista, Brigada Totenkopf, Pacto de Sangre y Bastonazos Oi!
En Andalucía, el movimiento skin también fue uno de los principales aglutinadores de los primeros neonazis de finales de los ochenta y principios de los noventa. De hecho, en 1991 tuvo lugar en Torremolinos el primer concierto neonazi del Estado español. También estaban vinculados al fútbol, sobre todo a Supporters Gol Sur del Betis y al Frente Bokerón del Málaga. Tenían un bar en La Malagueta llamado El Último Mohicano y asistían a charlas que daba el exmiembro de las SS belga Leon Degrelle, que residía en la zona. En 1992, la policía detuvo a varios neonazis en Sevilla acusados de atentar contra el bar Tel Aviv y de varias agresiones. Se les incautó un arsenal de armas y abundante propaganda nazi.
Cuatro años después, una agresión a un joven antirracista provocó otra operación policial contra un grupo neonazi. Durante los registros, se encontró información sobre fabricación de explosivos y planes para atentar contra varios periódicos. El diario El País contaba así la noticia:
La detención de cuatro cabezas rapadas tras una paliza a un joven antirracista en Sevilla ha permitido descubrir los supuestos preparativos para atentar contra cuatro periódicos con sede en Andalucía. La policía ha descubierto en poder de uno de los detenidos, perteneciente al grupo ultraderechista Bases Autónomas, planos y fórmulas químicas para la fabricación de artefactos explosivos que estaban en la misma carpeta en la que estaban anotadas las direcciones de las sedes de las delegaciones en Sevilla de El País, Abc, Diario 16 y El Mundo, así como octavillas con lemas como «periodistas terroristas» o «periodistas judíos».
Este material ha llevado a la Brigada de Información a pensar que el grupo preparaba «un salto a la lucha armada», según fuentes conocedoras del caso. Uno de los cabecillas se encuentra huido. La documentación incautada en los domicilios de los cuatro detenidos —uno de ellos ha sido encarcelado— ha permitido determinar que el grupo tenía conexiones con grupos fascistas de Estados Unidos, Alemania, Italia y Francia. Los cuatro arrestados en Sevilla pertenecían a la autodenominada Legión Giralda o Agrupación Tablada, ambas supuestamente dependientes de las ultraderechistas Bases Autónomas.
El término «tribus urbanas» ha sido utilizado para enmarcar no solo al antifascismo y a los grupos de extrema derecha violentos, sino a todos los movimientos sociales. El relato despolitizado de los conflictos sociales ha servido para abordar el problema de la violencia neonazi como una cuestión de orden público, fruto de las modas juveniles y de las bandas callejeras, obviando el componente político del asunto. Lo que sí es cierto es que la irrupción de las modas juveniles durante los años ochenta fue un hecho y las estéticas definían muy a menudo las ideologías. Mods, rockers, skinheads, heavies, skaters y un sinfín de «tribus» formarían parte del paisaje, aunque no siempre llevaban una u otra ideología consigo.