Antifascistas

Antifascistas


10. El antifascismo como autodefensa

Página 13 de 60

10. El antifascismo como autodefensa

A raíz de los incidentes de Tirso de Molina, los diferentes colectivos que se reunían en esta plaza madrileña y muchos otros que ya llevaban tiempo alertando de la presencia de grupos violentos de extrema derecha abordaron el tema de manera más organizada.

Javier reconoce que el incidente del 20N en el Rastro «nos permitió recabar más apoyos, coordinar a más gente y extender la conciencia. No se podía quedar todo simplemente en defender los puestos del Rastro una vez al año». Entonces se creó un grupo más estable que se dedicaría exclusivamente a prestar atención a los grupos neonazis y neofascistas.

«Empezamos a recabar mucha información y la divulgábamos, con lo que demostrábamos que esto ya era una realidad, porque no era fácil convencer a la gente». Así se creó el Colectivo Autónomo Antifascista, que sería el germen de la posterior Coordinadora Antifascista de Madrid (CAM), todavía activa a día de hoy.

 

La Coordinadora Antifascista de Madrid (CAM) surge a raíz de estos sucesos y la preparación del año o los dos años siguientes, que se crea una especie de coordinadora de los puestos del Rastro en la que están CNT, Solidaridad Obrera, CGT e incluso llega alguno de Juventudes Comunistas; es decir, que la gente se empieza a juntar un poco.

 

Los años siguientes se coordinaron varios colectivos para defender el Rastro el fin de semana próximo al 20N si los fascistas volvían a asaltarlo. Las convocatorias fueron multitudinarias, pero la policía sometió a un fuerte control la zona e incluso cargó en alguna ocasión. Entonces el acto de defensa del Rastro se transformó en la ya tradicional manifestación del 20N. Estos ataques al Rastro fueron la causa de que el antifascismo empezara a movilizarse en esta fecha.

Javier nos sigue contando sobre ese momento:

Hay entonces un momento en el que nosotros (cuando digo «nosotros» estoy hablando del Colectivo Autónomo Antifascista, que en ese momento éramos quienes, digamos, estábamos llevando el peso de la investigación y de cómo podíamos responder) vemos que la única posibilidad de pervivencia real era extender la organización y la autodefensa. Porque hasta este momento estamos hablando de autodefensa.

Javier recuerda también la presencia de neonazis de otros países en los actos del 20N en Madrid:

Había un llamamiento a diferentes grupúsculos de la extrema derecha europea para que acudieran a las concentraciones los 20N. A ese llamamiento nosotros contestábamos con convocatorias antifascistas y de autodefensa.

El antifascismo organizado empezaría a tomar forma en otros puntos del Estado a tenor de la proliferación de bandas neonazis, que ya se extendían por casi todas las ciudades. La eclosión de los nuevos movimientos sociales, en concreto el de la okupación, sirvió también de aglutinador y, además, ofrecía espacios de encuentro en los que se desarrollaban actividades políticas y culturales, y se establecían lazos entre diferentes colectivos y personas.

En Zaragoza ocurrió algo parecido. Tras un ataque de la extrema derecha un 20N, los movimientos sociales empezaron a tejer alianzas para defenderse de las cada vez más habituales agresiones. Cuatro militantes antifascistas que vivieron aquellos años nos explican que los grupos de extrema derecha celebraban todos los 20N en Zaragoza una misa en memoria de Franco. A la ceremonia en la iglesia de Santiago no solo acudían los nostálgicos, sino también los nuevos neonazis que empezaban a proliferar por la ciudad. En 1992, tras la misa, los ultraderechistas se dirigieron a la Casa de la Paz, un centro social okupado en el que se reunían habitualmente varios colectivos sociales. Uno de los cuatro antifascistas que entrevisté lo vivió en primera persona y nos lo cuenta así:

Salieron en manifestación unos trescientos escoltados por la policía y vinieron directamente a la Casa de la Paz. Cuando se acercaron, hubo un intercambio de golpes y lanzamiento de objetos entre quienes protegían la puerta del centro social y los fascistas, todo delante de la policía. Y la policía carga contra nosotros.

Una semana después, el 28 de noviembre de 1992, los neonazis volvieron a salir de caza por Zaragoza. Fueron a la plaza de los Sitios, donde pasaban la noche varias personas sin hogar. No era la primera vez que se divertían dando palizas a personas pobres, pero esta vez se les fue la mano y acabaron con la vida de uno de ellos.

A raíz de esto se habló de crear una plataforma permanente, porque hasta ese momento solo había campañas puntuales cuando se producía una agresión. Así fue que montamos la Plataforma Antifascista de Zaragoza, cuyas siglas (PAZ) reivindicaban la Casa de la Paz, el escenario donde nacimos.

En Zaragoza, la extrema derecha evoluciona a lo largo de los años ochenta igual que en el resto de las grandes y medianas urbes. Los grupos fascistas nostálgicos conviven con la llegada de nuevos grupúsculos neonazis, como Thule o Kripo, y a partir de cierto momento aparecen otros muy ligados a los ultras del fútbol, en concreto a la peña Ligallo Norte. Según nos cuentan, en sus inicios Ligallo Norte había sido de izquierdas.

De hecho, el nombre es aragonés, porque había cierto sector aragonesista que acabó siendo expulsado por los nazis, quienes poco a poco acabaron por hacerse con el control de la grada.

Las gradas ultras fueron tomadas por la extrema derecha en gran parte del Estado, aunque con honrosas excepciones que, hasta hoy, han neutralizado cualquier intento de infiltración. También es cierto que la idiosincrasia del territorio tiene mucho que ver con lo que pasa en espacios de socialización como el fútbol, pues estos no son ajenos a la realidad que se vive fuera del estadio.

Uno de los miembros de la PAZ explica:

En la PAZ se hizo bastante trabajo preventivo. En las universidades, por ejemplo, se creó la Plataforma Universitaria Antifascista (PUA), que organizó charlas sobre la extrema derecha, migración e incluso realizó campañas contra algunos seguratas de la universidad que eran conocidos neonazis.

También señala que desde el principio se intentó formar una plataforma amplia contra la extrema derecha.

Fuimos al Centro de Información a Trabajadores y Trabajadoras Extranjeros (CITE), del sindicato Comisiones Obreras, a alertarles de las agresiones racistas que se venían sucediendo en la ciudad. También acudimos a la Asociación de Promoción Gitana, que se unió a nuestras manifestaciones. Esto fue muy importante, porque algunos nazis tenían amigos gitanos y nosotros trabajamos mucho con este colectivo para alertarlos sobre estos personajes e informar sobre el genocidio gitano en la Segunda Guerra Mundial, algo todavía bastante desconocido incluso para las propias comunidades gitanas.

A partir de 1993, la manifestación antifascista del 20N en Zaragoza la convocarían multitud de organizaciones. La PAZ realizaba un trabajo político de base, al margen de que hubiera grupos de militantes antifascistas más centrados en la autodefensa y en proteger los espacios de izquierdas que estaban siendo atacados constantemente.

Uno de nuestros objetivos era neutralizar el relato oficial de las tribus urbanas que difundían los medios de comunicación. Teníamos relación con algunos periodistas e íbamos a hablar con ellos para explicarles el trasfondo político de lo que estaba sucediendo, ya que cuando había alguna agresión, incluso algún asesinato, se contaba como si simplemente hubiera sido una pelea entre bandas.

A partir de principios de los noventa, grupos neonazis cometieron varios asesinatos, lo que causó una enorme conmoción. Finalmente, los medios de comunicación comenzaron a prestarles atención. Por otro lado, el antifascismo pasó a ser un movimiento cada vez más activo, aunque, al menos al principio, solo fuese por mera supervivencia.

Ir a la siguiente página

Report Page