Antifascistas

Antifascistas


14. SHARP: los skinheads antirracistas

Página 17 de 60

14. SHARP: los skinheads antirracistas

«Stay rude, stay rebel, stay rebel, stay SHARP.

Stay rude against fascist regimes,

stay rebel against politicians dreams,

stay rude and fight back injustice,

stay rebel against racial prejudice.

Sharpskins remember their roots,

think with their brains not with their boots».

NO SPORTS, Stay Rude, Stay Rebel, 1990

El 23 de febrero de 1993, Barcelona vivió una manifestación multitudinaria sin precedentes. Miles de personas migrantes residentes en Catalunya desfilaron por el centro de la capital bajo el lema «Igualdad para vivir, diversidad para convivir», convocadas por SOS Racisme y con el apoyo de más de un centenar de organizaciones de todo tipo. Entonces casi había más nacionales migrados que migrantes de otros países en el Estado español. La mayoría se concentraban en Catalunya, Andalucía y otros territorios donde había trabajos que muchos nativos no querían realizar.

Faltaban pocos días para las elecciones y varios políticos querían aparecer en la foto: Rafael Ribó, de Iniciativa per Catalunya; Àngel Colom, de ERC; Juan de Dios Ramírez Heredia, del PSOE; y casualmente Alejo Vidal-Quadras, entonces del PP y veinte años después uno de los fundadores de Vox. El diario El País destacó el ambiente festivo de la marcha y las reivindicaciones de sus asistentes, que denunciaban los últimos brotes racistas surgidos en Catalunya.

Según este periódico, cerraba la marcha «un grupo de unos treinta cabezas rapadas autodenominados skinheads antirracistas de los Países Catalanes», que llevaban una pancarta que decía: «Aplastemos al fascismo».

Uno de ellos era Sergi Bernal, que entonces tenía diecinueve años. El 11 de abril de 2021, como cada año, las redes recordaban el aniversario del asesinato del joven antifascista valenciano Guillem Agulló, quien había sido también miembro del SHARP. Sergi puso en su cuenta de Twitter una foto de aquella manifestación antirracista de Barcelona, en la que aparecen varios jóvenes cabezas rapadas. Hacía poco que se había creado el colectivo SHARP (Skinheads Against Racial Prejudice), en un momento en el que la prensa y el imaginario colectivo relacionaban la palabra «skinhead» con la extrema derecha. Varios jóvenes reivindicaban el verdadero origen del movimiento skinhead, muy alejado del racismo y del nazismo. Sin embargo, desde hacía unos años se habían apoderado de él distintos grupos neonazis europeos.

Otro joven que andaba en este entorno era Jordi Magrinyà, que hoy en día sigue siendo militante antifascista y antirracista, a sus cuarenta y cinco años. Jordi se crio en un entorno familiar politizado. «Mi madre me transmitió los valores de justicia social y de todas las luchas en las que participó durante el franquismo y la transición», explica. Nacido y crecido en Barcelona, entró a formar parte del movimiento skinhead antirracista junto con otros jóvenes afrodescendientes de aquella época y juntos se enfrentaron a los neonazis de entonces en las calles de Barcelona. Fue miembro de la banda de punk Suburban Rebels, formada por amigos que se juntaban en el barrio del Gòtic. «Llego de una manera bastante lúdica, por medio de la música, de los conciertos a principios de los noventa, por amigos de la Barceloneta. El aspecto cultural fue muy importante para mí, los conciertos, la música…, ya que esos grupos decían lo que yo pensaba, cosas que para mí tenían sentido. Me junté con gente que estaba en la misma sintonía en otras zonas de Barcelona y que además se lo tomaba en serio de manera muy natural, ya que hacíamos vida en la calle, en las plazas… De repente, una serie de gente decidió amargarnos la existencia. Así nos metimos en el mundo skinhead antifascista. Tomamos conciencia sobre todo a raíz del asesinato de Sonia y de Guillem Agulló, y de todas las agresiones que se sucedían en aquella época, cuando los nazis salían de caza constantemente. Eso nos generaba una idea del enemigo muy clara, nos permitía visualizar muy claramente qué es el fascismo».

Jordi recuerda que algunos de los asesinos de Sonia eran conocidos. Los habían visto más de una vez.

No era nada abstracto el tema de los neonazis. Poníamos cara a los asesinos de Sonia, porque ya los habíamos visto alguna vez. Los encuentros eran habituales. Yo mismo sufrí una agresión en el metro a manos de un grupo de neonazis. Iba con una compañera y me dejaron muy malherido cerca del Camp Nou. Pedí ayuda a la gente que había allí, pero nadie hizo nada —recuerda—. Y así creamos el SHARP en Barcelona. En algún momento a mediados de los noventa, llegamos a juntarnos más de un centenar de skinheads antifascistas para confrontar a esos grupos de nazis que hasta entonces habían ido de caza contra nosotros.

Jordi recuerda que aquellos años fueron muy violentos y confiesa que se acostumbraron a recibir golpes y normalizar una violencia que hoy, por suerte, ya no es tan habitual. Sin embargo, en aquellos momentos se entendía que era imprescindible para protegerse de los ataques neonazis.

Aquellos años la acción directa fue muy bestia. Nos jugábamos la vida. Esto crea una personalidad. Perder el miedo al dolor físico con la confrontación física, conocer tu cuerpo, el daño que causa un puñetazo o una patada… hace que cambies. Hace a las personas más fuertes, más capaces, muy echados adelante, pero es algo que ahora ya no se da tanto como antes, ¡menos mal! Y es en parte porque los pusimos en su sitio y ya no se atrevían a ir de caza con tanta normalidad y tanta impunidad.

Juan y Alfons se llevan unos cuantos años, pero ambos formaron parte del SHARP y de la Assemblea Antifeixista de València a principios de los noventa. A Juan lo recuerdo de aquella época en que las diferencias de edad eran más evidentes y con quince años no te juntabas con los de veinte. Era uno de los skins más grandes y rudos que había en el barrio del Carmen y el Kasal Popular. Casi treinta años después, nos encontramos una tarde en València. Juan, mayor que nosotros, recuerda varios episodios de los años ochenta en el Carmen, cuando ya los primeros neonazis aparecían por algunos pubs del barrio en el que se concentraban la mayoría de los jóvenes alternativos de la época. «Todos los skins que había entonces eran nazis. Eran pandilleros. Les daba igual pegarte un tiro que robarte el coche». Los redskins eran pocos. Recita varios nombres, pero no más de diez. Recuerda:

A los nazis les gustaba la estética porque les parecía agresiva. Iban a por migrantes, homosexuales y gente de izquierdas. Una vez fueron a saco a por el Kasal y otra muy bestia fue en el Mala Fama, un bar en el barrio del Carmen, donde también fueron a saco. Habían venido con gente de Ultras Sur y entraron a lo bestia. Fue una masacre.

El Mala Fama estaba en la calle Cavallers y era lugar de encuentro de heavies, punkis y gente que llevaba pintas alternativas. Los neonazis echaron gas lacrimógeno en el bar y, conforme iba saliendo la gente, les apaleaban.

EL RESURGIMIENTO DE MOVIMIENTOS NEONAZIS

PROVOCA LA APARICIÓN DE GRUPOS

ANTIFASCISTAS EN VALÈNCIA

Así titulaba el Levante-EMV una noticia aparecida el 6 de diciembre de 1991. Al lado, la foto de tres jóvenes skinheads con la cara tapada. El periodista Vicent Montagud explica que los jóvenes del SHARP, «pese a llevar la cabeza rapada y botas militares, no se identifican por practicar la violencia contra las minorías. Todo lo contrario. Combaten el racismo. Y reivindican una contracultura que, dicen, ha sido robada y manipulada».

La Assemblea Antifeixista nació en València en 1990 y el 20N de ese mismo año ya hizo acto de presencia en las inmediaciones de la celebración fascista del aniversario de la muerte de Franco y José Antonio, que los nostálgicos celebraban en una iglesia del centro de la ciudad. La Assemblea nació a partir de otros colectivos de la ciudad: Assemblea de Joves Antirepressió, los Jóvenes Urbanos Antifascistas y el Kol·lektiu Anti-Repressió.

Básicamente, fue la reacción a las agresiones neonazis contra inmigrantes, travestis y vagabundos. Actualmente está compuesta por jóvenes de entre dieciséis y veinticinco años procedentes de la ciudad o de su área metropolitana.

Y ya empezaban a coordinarse con otros colectivos y plataformas similares, como la Coordinadora Antifascista de Madrid, SHARP en Catalunya y Euskadi, y el Colectivo Antifascista de Andalucía. Según explica el Levante-EMV, «reconocen haber corrido a guantazos a algunos fascistas individualmente, y en alguna ocasión. Fomentan lo que denominan autodefensa, una consigna que repiten constantemente». Los entrevistados relatan que han sufrido agresiones neonazis, amenazas telefónicas e incluso miembros de grupos de extrema derecha han visitado sus domicilios.

Siguen de cerca los movimientos de los dirigentes neonazis. «Sabemos lo que hacen, cómo se mueven y por dónde van». Y tramitan denuncias en el juzgado de guardia cuando localizan tiendas que venden material neonazi o tienen conocimiento de que se han producido agresiones, «porque en ocasiones han golpeado a extranjeros indocumentados que si van a comisaría los expulsan directamente del país».

Entonces, el SHARP y los miembros de la Assemblea Antifeixista se dedicaban a dar charlas, organizar conciertos, pintar murales y producir material político en forma de fanzines. «A los nazis les gusta la violencia porque son y serán carne de gimnasio. Nosotros solo la utilizamos cuando no hay más remedio», explica uno de los entrevistados.

Uno de los impulsores del SHARP fue Félix, un joven pelirrojo muy aficionado a las vespas y la música que también militaba en Maulets, la organización juvenil de la izquierda independentista. Cuando se intenta crear un colectivo antifascista, Maulets ya tenía una estructura organizada, más experiencia y más red. El Kasal sirvió de aglutinador, a pesar de las discrepancias entre el movimiento libertario y el independentismo. Pero hubo gente que sirvió de puente. Como Davide, que era gallego y, desde sus posiciones libertarias, supo defender la compatibilidad de ambas luchas. Los militantes al final se encontraban más cerca de lo que creían, al menos en ciudades como València. Así, finalmente hubo entendimiento. Todos sufrían a los nazis y todos coincidían en los mismos ambientes.

Al final se dio la casualidad de que salimos skins de Maulets y skins anarcos, del Kasal Popular, que nos juntamos para formar el SHARP. Gracias a eso, comenzaron a trabajar en red colectivos muy diversos para combatir el fascismo.

Guillem Agulló también formaba parte de este grupo y al poco tiempo formaría, junto a otras compañeras de su pueblo, la sección de SHARP en Burjassot.

Alfons, que fue uno de los miembros más activos del SHARP en València, explica:

Había muchas agresiones de las que no se enteraba nadie. Hacían lo que les daba la gana. Tras el asesinato de Guillem, nos organizamos más. Hubo una cohesión de gente importante. Y también hubo gente que desapareció. Fue muy traumático y hubo gente que se echó atrás. Eran muy jóvenes y muchos tuvieron que ir a terapia. Otros, sin embargo, nos motivamos y dimos un paso adelante.

Alfons recuerda que empezaron a recibir cartas en el apartado de correos de gente que había montado una sección del SHARP en otros pueblos y ciudades del Estado.

Se fue creando un vínculo muy fuerte entre algunos skins de todo el Estado (Madrid, Burgos, Lleida, Zaragoza, Sevilla y Euskal Herria). Nos escribíamos cartas asiduamente para intercambiar carteles, pegatinas y fanzines.

Como SHARP, fuimos creciendo en número. Nos reuníamos con SHARP La Plana y SHARP L’Alacantí, y se constituye SHARP País Valencià, aunque hubo muy pocas asambleas y poco formales. Nos veíamos sobre todo en fiestas organizadas por nuestro colectivo y conciertos de ska. Desde SHARP L’Horta se organizaron muchos autobuses para asistir a festivales de ska, como el Reggus o el de Balaguer, que llenábamos entre gente del Carmen y Benimaclet. A nivel estatal se fueron celebrando concentraciones SHARP en Guadalajara (1993), Zaragoza (1994), Lleida (1995) y València (1996), donde se hacían asambleas, una concentración contra el racismo y conciertos.

El SHARP se mantuvo activo en València hasta finales de los noventa y aglutinó a decenas de jóvenes atraídos por la estética, la música y la política. Aunque la actividad como colectivo se diluyó, sus miembros más activos continuaron militando en otras plataformas antifascistas que surgirían entonces. En otras ciudades se crearon otros colectivos de skinheads antifascistas, como el Red and Anarchist Skinheads (RASH), que juntaba a jóvenes libertarios y comunistas principalmente. La estética skinhead ha estado presente hasta hoy tanto en el movimiento antifascista como en los grupos neonazis. A menudo, si te cruzabas con alguno, debías fijarte bien en los parches y las insignias que llevaban en la cazadora para saber de qué palo iba. No son pocas las anécdotas en las que unos y otros se confundieron al cruzarse por la calle. Juan recuerda que, en Benicàssim, una noche de fiesta en el pub Novecento, vieron acercarse a varios skins. «Nos habían confundido con nazis y venían de compadreo, hasta que se acercaron y vimos los parches». Entonces empezó una pelea que terminó con la huida de los nazis. Nada raro. Si llevabas pintas, siempre que veías a un skin debías ser prudente.

Ir a la siguiente página

Report Page