Antifascistas

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22. El fascismo que viene

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22. El fascismo que viene

Carlos Estévez, director de programas de investigación de Antena 3, presentaba así el reportaje El fascismo que viene, que fue emitido en 1995:

Al calor del debate político han empezado a aparecer en nuestro país los primeros síntomas del resurgir del fascismo. Los cabezas rapadas nazis cuentan ya en su haber con muertos y numerosos heridos. La xenofobia aumenta y la violencia contra todo aquel que no es de la raza blanca, contra los marginados, los homosexuales y, en definitiva, contra todos los que les parecen diferentes. Esta es la cara más violenta del fascismo, pero también existen otras. La ultraderecha se está organizando y espera su momento.

La imagen de varios skinheads neonazis enfrentándose a la policía en Dixmunde (Bélgica) dio la vuelta al mundo. Eran cerca de cinco mil y habían acudido desde varios países de Europa a un acto de homenaje a los soldados de la Primera Guerra Mundial. Se relacionó con el auge del partido ultraderechista Vlaams Block. Le siguen imágenes de los ataques neonazis de Rostock. «España no es ajena a todo esto», explicaba la voz en off mientras se mostraba el ejemplar de la revista neonazi Cirrosis en el que aparece una lista negra con más de cien nombres y direcciones de objetivos a abatir.

Un skinhead neonazi sentado en el suelo oculta su rostro mirando hacia abajo mientras confiesa:

Yo voy por la calle vestido normal. Me encuentro con determinada persona que ya conocemos. Se le sigue a su casa, se mira el apellido, se busca el teléfono, se espera al día siguiente, se le vuelve a seguir, se mira el coche que tiene, lugar de trabajo y demás cosas.

Otro joven encapuchado con gafas de sol posa en el interior de un edificio abandonado. El joven, que se declara antifascista, dice desafiante:

La lista negra esa que ha aparecido. Yo, que no soy nada de nada, figuro en esa lista como un guarro que van a matar. Tienen mis señas y todo. Que vengan a buscarme si quieren. Si se atreven, que vengan.

En el reportaje se muestra una reunión en marzo de 1994 en el teatro Alcázar de Madrid en la que varios líderes neofascistas españoles fundaron una plataforma política: Alianza por la Unidad Nacional (AuN). El acto contó con la presencia de Udo Voigt, líder del partido neonazi alemán NPD, que había pasado inadvertida para los medios de comunicación. «Creemos que este movimiento va a tener un gran futuro y que, si siguen unidos, podrán algún día expulsar a los políticos establecidos en España», afirmaba Voigt ante la cámara. Presidía el acto Ricardo Sáez de Ynestrillas, hijo de un militar asesinado por ETA. Sáez de Ynestrillas había resultado absuelto después de ser acusado de participar en el atentado realizado el 20 de noviembre de 1989 contra los diputados de Herri Batasuna, que costó la vida a Josu Muguruza.

A Ynestrillas le acompañaba en la mesa Eduardo Arias, exlíder del grupo neofascista Nación Joven. En el reportaje se entrevista a Arias, que defiende el uso de la violencia como herramienta política para las causas que considera justas.

Incluso existe el deber moral —afirma—. Nosotros somos partidarísimos [sic] del uso de la violencia si a Vascongadas o Cataluña en un momento determinado se les ocurriera declararse independientes. En esa circunstancia, difícil sería que no hiciéramos uso de la violencia, incluso a un nivel parecido al que ETA usa.

«Han conseguido unir en un solo frente a todos los grupos. Quieren seguir los pasos de Le Pen en Francia y de Fini en Italia», explica la voz en off del programa. De hecho, Ynestrillas, que aquel mismo año se reunió en Francia con Jean-Marie Le Pen, líder del Frente Nacional, afirmaba:

Aumentan las expectativas de voto en Francia, en Italia, en Bélgica. Nosotros pensamos que ese momento va a darse dentro de poco en España y pensamos que hay que prepararse para ese camino.

Javier, el antiguo militante antifascista madrileño con el que me cité a principios de 2021, me confesó que habían colaborado en la elaboración del reportaje. Un cámara que trabajaba para varios medios y estaba vinculado a los grupos antifascistas de aquella época fue el contacto con la productora que preparaba el reportaje para vendérselo a una cadena de televisión española. El director y parte del equipo, que eran alemanes, se habían interesado por el tema después de leer algunas informaciones en la prensa sobre los crímenes de los neonazis en España.

Así es como lo explica Javier:

Valoramos mucho si trabajar con ellos, porque existían riesgos obvios. Pero, tras discutirlo mucho, pensamos que podía ser una buena oportunidad para llevar nuestra información al gran público. Trabajamos durante varios meses con ellos, aunque la mayor parte la hicimos solos y luego se la pasamos.

Antes de decidirse a colaborar, los antifascistas realizaron sus propias investigaciones sobre el director y el equipo que preparaban el reportaje. Consultaron a sus colegas antifascistas alemanes, quienes les contestaron que estos periodistas eran de fiar. También consultaron a algún contacto en Cuba, ya que el director había estudiado en esta isla, concretamente en la escuela de cine de San Antonio de los Baños. Solo después de estas comprobaciones, pusieron a disposición de los alemanes gran parte de la información que los antifascistas llevaban años acumulando.

No solo fueron la principal fuente para el reportaje, sino que se prestaron a llevar una cámara oculta y acercarse a los puntos de reunión de los neonazis. Uno de ellos era la madrileña tienda Soldiers, regentada por uno de los líderes de Bases Autónomas, Carlos Rodrigo Ruiz de Castro, quien se había suicidado meses atrás de un tiro en la cabeza. Los antifascistas escondieron la cámara oculta en un paquete de tabaco que llevaban en la chaqueta. Otro sitio al que entraron fue la tienda DSO, que entonces llevaba Fernando Perdices, histórico neonazi madrileño también del entorno de Bases Autónomas. Estas tiendas eran un lugar de encuentro para los neonazis, además de punto de venta de todo lo relacionado con su estética.

Javier recuerda cómo realizaron estas grabaciones:

Además de la cámara, teníamos que llevar un magnetofón y varios cables pegados al cuerpo. Era difícil esconderlo, pero nos lo montamos bien y no se dieron cuenta.

Los antifascistas llevaban tiempo infiltrados en los entornos ultraderechistas e incluso habían descubierto planes para participar en un golpe de Estado en Guinea Ecuatorial. Uno de ellos lo explica en el reportaje con la cara tapada y la voz distorsionada. Esta y otras informaciones que aparecen en el documental desvelaron la capacidad de infiltración antifascista, pero también alimentaron las sospechas entre los propios neonazis, que temían que alguno de ellos se hubiera ido de la boca.

Tras la emisión del reportaje, varios de ellos desaparecieron. Otros fueron puestos en cuarentena por sus propios camaradas, ya que algunas informaciones que salieron en exclusiva solo podían venir de ellos.

El reportaje consiguió poner el foco sobre un problema al que, hasta ese momento, solo los grupos antifascistas prestaban atención y daban la importancia que merecía. De hecho, Manuel Jiménez —portavoz de la Policía Nacional— afirmaba que no había ningún trasfondo político en la acción de los neonazis y que todo se debía a un «conflicto urbano de carácter juvenil». En una tertulia radiofónica que recoge el documental, afirma:

Hay chavales que son puros y simples gamberros que disfrutan haciendo daño sin que tengan nada que ver con el fenómeno neonazi.

El reportaje desmentía este relato y reforzaba lo que los grupos antifascistas llevaban años denunciando sobre las redes nazis y fascistas españolas y sus camaradas europeos.

En el reportaje también se cuentan el asesinato de Sonia en Barcelona y el ataque de varios neonazis a los actos previos al Día del Orgullo Gay en Madrid. Un jovencísimo Pedro Zerolo, exdiputado del PSOE ya fallecido y entonces portavoz del Colectivo de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales de Madrid (COGAM), explica que un miembro del colectivo había sufrido una agresión a manos de «un grupo de animales, de fascistas, ultraderechistas, salvajes que, después de abordarlo y pisarle la cara y el pecho, terminaron con un acto tan valiente como darle dos puñaladas por la espalda».

Los antifascistas que participaron en el documental consiguieron infiltrarse en un campamento paramilitar organizado por Nación Joven en la sierra de Guadarrama ese mismo año y aportaron abundante información sobre otras investigaciones que tenían en marcha. Esto provocó algunas dudas entre los antifascistas, que se debatían entre «quemar» estas líneas de investigación sacándolas a la luz o esperar otra ocasión y profundizar aún más.

Al final del reportaje se muestra otro encuentro de la extrema derecha española al margen de la AuN, liderada por Ynestrillas. Se trata de la presentación del partido Democracia Nacional en un hotel de Barcelona en 1995. En ella, los asistentes se ponen en pie cuando suena el himno de España, el oficial. Juan Peligro, exdirigente de Juntas Españolas y exoficial de la Armada, que es uno de los oradores, se define ante un periodista que lo entrevista como de derecha nacional. Entre el público se encuentra también Christian Ruiz, exmiembro de CEDADE.

El documental termina con las declaraciones de José Luis Corral, del Movimiento Católico Español (MCE), todavía hoy en activo.

Una gran parte de todo ese voto prestado que ahora tiene la derecha, que se estima en un 10 por ciento de la población, creemos que volverá a nosotros.

Aunque Corral no se equivocaba, la ultraderecha no se despegaría de la casa común del PP hasta veinte años después y los resultados no serían para ninguno de los protagonistas del reportaje, sino para una nueva generación de neoconservadores, que, salvando las distancias, no se alejarán demasiado de los discursos y las ideas de estos neofascistas.

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