Antifascistas

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32. Los ambiguos y la seducción de la violencia

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32. Los ambiguos y la seducción de la violencia

Estábamos un grupo de gente y nos cruzamos con este grupo de neonazis en la salida del metro de Fontana. Uno de ellos sacó un arma, un cuchillo de unos diez centímetros, y nos amenazó. Otro de los neonazis tomó el arma y apuñaló en el cuello a Roger. Se fueron al grito de Sieg Heil!

El 14 agosto de 2004, Roger Albert, un joven punk de Barcelona, fue apuñalado en el cuello en pleno barrio de Gràcia por un grupo de ocho neonazis. Falleció meses después tras permanecer un tiempo en el hospital con pronóstico grave. Dos de los amigos que estaban ese día con él relatan lo sucedido en las jornadas organizadas por el décimo aniversario del asesinato de Carlos Palomino en La Atalaya (Madrid) en 2017, en las que participaron familiares de víctimas de los neonazis del Estado español y otros países.

Los neonazis que asesinaron a Roger fueron arrestados, pero les pusieron en libertad a los pocos días mientras Roger se debatía entre la vida y la muerte. Sus amigos explicaron el caso en las jornadas y recordaron que uno de los autores del crimen era un personaje conocido en València. Un joven que había sido visto en ambientes de izquierdas y que de un día para otro desapareció. Hasta que la noticia del crimen de Roger desveló su paradero. El número 71 del periódico L’Avanç desvelaba la identidad del asesino y su paso anterior por ambientes de izquierdas.

Según las fuentes consultadas, Aitor se dio a conocer como un joven de izquierdas, independentista, vegetariano por ideas y forofo del fútbol, pero pronto destacó por su actitud extremadamente agresiva contra cualquier persona, sin distinguir amistades o supuestas afinidades políticas. Por su personalidad ha llegado a ser catalogado por sus viejos conocidos como un «desequilibrado» de quien todos tienen una opinión coincidente: «Era un colgado que siempre buscaba bronca». Alguna vez había acudido a ver al Levante UD, y se acercó a Força Llevant. Pero toda una serie de agresiones y amenazas cruzadas con aquellos con quienes pretendía simpatizar lo llevaron a ser rechazado por completo de la peña. Su actividad política era nula, «era capaz de agredir a cualquiera que le recriminara algo» y cuando hablaba de política «casi nadie le escuchaba».

A los pocos días de la muerte de Roger, se convocó una manifestación en Barcelona que reunió a cerca de diez mil personas. La rabia desatada por este nuevo crimen neonazi y la puesta en libertad provisional del asesino terminó en disturbios por el centro de la ciudad y cuatro personas fueron detenidas. Lo mismo sucedió dos años después, cuando Aitor fue condenado a once años de prisión, tras pedir el jurado popular su indulto, y el resto de implicados resultaron absueltos. De nuevo, las calles del barrio de Gràcia se llenaron de indignación. En las calles sonó esta consigna: «La justicia es ciega, pero nosotros no. Ni olvido ni perdón». Aitor hoy está en la calle y todavía no ha pagado a la familia de la víctima la indemnización que le correspondería. En Barcelona, cada año se sigue recordando a Roger con una manifestación.

Hay más ejemplos de personas que pasaron en algún momento por ambientes de izquierdas y terminaron en grupos neonazis. Desde los punkis de los años ochenta que terminarían siendo skinheads neonazis hasta hoy. Personas nada politizadas que no participan en las asambleas ni en los actos más políticos, pero que frecuentan estos ambientes y a las que suele atraer la bronca. Otras veces, la simple adopción de la caricatura y de los clichés impuestos por los medios de comunicación, sumada a la falta de conciencia política, ha hecho que algunos personajes de este perfil que habían llegado atraídos por la estética y la mística del movimiento dieran bandazos buscando encajar en algún sitio.

Cuando la estética skinhead se popularizó, a partir de los años noventa, surgieron algunos personajes que trataron de reivindicar simplemente la estética y alejarse de cualquier etiqueta política. Esto les permitía frecuentar ambos ambientes, los habituales de los neonazis y, a veces, los de izquierdas. Esta ambigüedad no ha sido nunca bien vista por los militantes antifascistas, que siempre han mantenido en cuarentena a estos personajes, cuando no los han expulsado directamente.

El RASH reivindicaba la politización del movimiento skinhead más allá de la estética. Esta fue una de sus principales misiones, según Claudio, un antifascista madrileño que formó parte de este colectivo y posteriormente de las Brigadas Antifascistas (BAF).

Precisamente eran unos años en los que se empezaba a crear ese personaje skin que no era nazi, que venía a ambientes antifascistas, pero que empezaba a desmarcarse de la política. Incluso empezaron a escuchar grupos de música RAC (música neonazi). El RASH fue intransigente con esto. Advirtió de esta ambigüedad y la criticaba abiertamente. A pesar de las críticas que recibimos, el tiempo nos dio la razón y la mayoría de los que empezaron con ese rollo terminaron yendo con nazis.

En 2003, el RASH (Red & Anarchist Skinheads) y otros colectivos impulsaron el manifiesto Llegó la hora,[65] con motivo de un concierto en Móstoles titulado Ni nazis ni apolíticos: Fuck the RAC, en el que tocaron Non Servium, Guerrilla Oi! y No Sponsor Paradise. En dicho comunicado se apelaba a tomar posición y abandonar la ambigüedad.

Ha llegado la hora de definirse. Ya no valen las medias tintas, O CON ELL@S O CONTRA ELL@S y si pasas de todo, apártate de nuestro camino. […] Si comercias y escuchas mierda, las manos y los oídos se te pringarán de mierda. No tienes por qué ser comunista ni anarquista, pero en nuestra condición de antifascistas no debemos permanecer indiferentes, eso nos hace cómplices del juego fascista. Un saludo a todos los grupos antifascistas honrados que saben ser y estar.

Firmaban el comunicado las Brigadas Antifascistas y varios colectivos y grupos musicales de la escena: «Acracia Skinhead, Bukaneros, Comando Canillejas, Guerrilla Oi!, JCR, Kaos Urbano, La Pili Crew, Nacidos Para Luchar, Non Servium, NSA, Núcleo Terco, RASH Madrid, SHARP Madrid, Sur Libertario-Jartos, Zírkulo Adikto y otros núcleos anónimos antifascistas de Madrid». Se inició así una campaña sin tregua contra todas aquellas bandas de música y personas que en algún momento aparecían en estos entornos ambiguos. La campaña fue tal, al menos en Madrid (incluso con boicots a conciertos), que prácticamente erradicó esta escena ambigua de la capital, aunque sobreviviera en otros lugares del Estado.

Los intentos del movimiento antifascista por erradicar el estigma de la tribu urbana han puesto muy a menudo el foco en este tema. Saben que la estética, el mito o la algarada atraen elementos que no llegan interesados por la política y que para evitarlo se necesitan filtros. Se sabe que la acción de cualquier descerebrado puede afectar al movimiento entero. Y que quien se acerca sin motivación política y acaba en el otro bando podría dar información sobre los militantes antifascistas a los ultraderechistas, poniendo así en riesgo no solo el movimiento, sino la seguridad de los propios individuos que lo componen.

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