Antifascistas
43. Hogar Social Madrid y la reorganización antifascista en los barrios
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43. Hogar Social Madrid y la reorganización antifascista en los barrios
«Hacemos letras para guardar la memoria
y combatir el racismo y la homofobia.
Recordad la historia, nostálgicos del pasado,
a todo Hitler le llega su Stalingrado.
Os queda claro: no pasarán».
LOS CHIKOS DEL MAÍZ, No pasarán, 2019
La nueva estrategia neofascista que había empezado al calor de la crisis económica de 2008 no fracasó con la caída en desgracia de los sucesivos proyectos. Fueron años de muchos debates internos en todos los espectros ideológicos, también en las diferentes ultraderechas. La derecha radical había iniciado su desapego del PP. La ofensiva neocón evidenció la existencia de una extrema derecha española que, al igual que en otros países, reivindicaba su espacio fuera del principal partido conservador. Esto cristalizó en 2013 con la creación del partido Vox, que muy tímidamente empezó a reunir a este sector desafecto con la derecha institucional.
Por su parte, los sectores más radicales, las nuevas generaciones de neofascistas y neonazis que vieron en la crisis una oportunidad para competir con la izquierda por las causas sociales, aprendían de cada uno de estos proyectos fracasados. Aunque Respuesta Estudiantil, Liga Joven, el Casal Tramuntana o Proyecto Impulso se deshicieron —en gran medida por la ofensiva antifascista, que no les dio respiro—, el nuevo estilo y las nuevas estrategias que habían inaugurado permanecen hasta nuestros días.
En verano de 2014, cuando estaba en auge la ocupación de un edificio en Zaragoza por parte de neonazis, se inauguró en Madrid el Hogar Social Ramiro Ledesma, en honor al fundador en 1931 de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS). El nombre de Hogar Social ya lo habían usado anteriormente España 2000 —aunque no ocuparon ningún inmueble, sino que utilizaron su sede— y más recientemente los nazis zaragozanos, que, como los madrileños, estaban vinculados al MSR.
Dos influencias evidentes fueron el neofascismo italiano —especialmente el que se fraguó alrededor de Casa Pound— y posteriormente el francés —con Generación Identitaria a la cabeza—, algo que aún sigue presente. Sin embargo, Casa Pound no fue la primera ocupación que realizaron los grupos neofascistas. El historiador Carles Viñas cuenta en su blog el origen de lo que se conoce como «ocupaciones negras», que empezaron en Alemania en 1990, cuando los neonazis intentaron copiar las fórmulas de los movimientos autónomos de izquierdas.
El 18 de febrero de 1990 diversos militantes de Nationale Alternative (NA) ocuparon dos edificios situados en los números 120 y 122 de la calle Weitlingstrasse del barrio de Lichtenberg, situado al este de la capital, que hacían esquina con la calle Lückstrasse. Era la primera vez que un grupo neonazi ocupaba un edificio de propiedad privada con fines políticos. A partir de entonces, Weitlingstrasse 122 se convirtió en el epicentro del activismo neonazi en Berlín este. Nationale Alternative estableció allí su cuartel general y utilizó el edificio para impartir cursos de formación ideológica a sus militantes.
Tras diversas manifestaciones de colectivos antifascistas que se oponían a su presencia en Lichtenberg, finalmente el 27 de abril de ese mismo año, tan solo dos meses después de ser ocupado, el edificio fue desalojado por la policía. Durante la intervención las fuerzas del orden requisaron diversas armas, cócteles molotov y abundante material propagandístico. Todos los dirigentes del grupo que se encontraban en el inmueble fueron detenidos y cerca de un centenar de sus militantes evacuados. Las viviendas finalmente quedaron inhabitables tras sufrir un incendio provocado.[128]
Viñas dedicó varias entradas en su blog cuando se dio cuenta de que el modelo de Casa Pound empezaba a aterrizar en España, aunque todavía no habían dado el paso de ocupar un edificio. El historiador catalán explicaba que Casa Pound tampoco había sido la primera ocupación neofascista en Italia. En 1990, los neofascistas italianos ya habían ocupado su primer inmueble en Roma.
En el caso italiano las primeras ocupaciones de edificios para convertirlos en centros sociales de activismo político se dieron en Roma. A finales de 1990 miembros del Fronte della Gioventú (FdG), las juventudes del MSI, ocuparon una antigua escuela situada en la calle Bartolucci del barrio de Monteverde (el distrito donde un joven Gianfranco Fini inició su carrera política). Bartolo, el centro ocupado que tomó su nombre de la vía donde se encontraba, se convirtió en un referente para la juventud romana neofascista. Después de diversas experiencias similares, el año 2002 jóvenes de extrema derecha ocuparon una casa abandonada en Roma, Casa Montag, que fue la primera ONC, Occupazione Non Conforme, la marca que utilizó la derecha radical para referirse a sus centros sociales ocupados, las llamadas «ocupaciones negras».
Años después, el 26 de diciembre de 2003, cerca de cincuenta jóvenes neofascistas ocuparon un edificio enorme cerca de la estación de Termini, en Roma. Este se convirtió en el principal referente del movimiento que ellos mismos llaman el «fascismo del tercer milenio» y Viñas denomina «la vanguardia neofascista». Todavía sigue en funcionamiento y ha servido de inspiración para el resto de movimientos sociales neofascistas. Así nació Casa Pound.
Autoproclamados neofascistas revolucionarios, los militantes de Casa Pound, que se acabaron integrando al partido Fiamma Tricolore dirigido por Luca Romagnoli, toman como referentes a personajes como el promotor futurista Filipo Tomasso Marinetti, el escritor Gabriele D’Annunzio, el líder fascista Benito Mussolini o el poeta norteamericano Ezra Pound, que simpatizó con el fascismo y da nombre a la pionera ocupación romana. Son, según se autoproclaman, la nueva vanguardia neofascista que mediante un discurso renovador ha conseguido transformar el imaginario ultraderechista y penetrar en el tejido social a través de su programa de actuación asistencial, el denominado Proyecto Mutuo Social, que ofrece un hogar a las familias italianas sin techo, no en vano el logotipo de Casa Pound reproduce la efigie de una tortuga, que simboliza este derecho a la vivienda de un animal que siempre lleva su casa sobre sus espaldas.
Registrada oficialmente como una asociación de promoción social, Casa Pound se articula alrededor de los voluntarios que trabajan en diversas áreas, como la deportiva —con un club de boxeo, equipos propios de fútbol en Lecce, waterpolo en Roma y hockey en Bolzano y la construcción de una escuela de rugby en Collaverde—, la cultural —con el grupo Teatro Non Conforme o la librería La Testa di Ferro— o la solidaria —con campañas de recogida de alimentos para personas con riesgo de exclusión social y proyectos de ayuda humanitaria en países como Birmania, Kenia o Kosovo—. Además de otras iniciativas, como la emisora Radio Bandiera Nera que emite online diariamente o su publicación mensual Occidentale, Casa Pound también ha impulsado el Blocco Studentesco, una especie de sindicato de estudiantes neofascistas encabezado por Francesco Polacchi que financian mediante las ganancias que obtienen del pub Cutty Sark, ha sostenido una escuela de apoyo social e, incluso, ha promovido proyectos de ley por el derecho a la vivienda.
Estos son, junto con la soberanía energética, el ecologismo, la reforma constitucional, el derecho a la educación y el mensaje antiinmigración que prioriza el discurso identitario por delante de la xenofobia (explicitado en su lema «0 por ciento racismo, 100 por ciento identidad»), los ejes que vertebran el ideario de este llamado «fascismo del tercer milenio» con el que simpatizaba Gianluca Cassieri, el hombre de cincuenta y cuatro años que escribía libros de fantasía y asesinó a dos senegaleses en Florencia. Un hombre de aspecto respetable que frecuentaba los ambientes de la derecha radical y las ocupaciones negras.
Once años después de la ocupación de Casa Pound en Roma, los proyectos de Hogar Social en Zaragoza y Madrid comenzaron a consolidar esta nueva estrategia neofascista en nuestro país. Empezaron entonces un proceso de reconversión inédito dentro del sector, que hasta ese momento había estado atravesado por el folclorismo nazi-fascista, con tímidos intentos modernizadores que nunca llegaron a cuajar.
Hogar Social Madrid trajo a la capital la estrategia de ayuda social excluyente (solo para españoles) que otras organizaciones como Proyecto Impulso, Tramuntana o España 2000 ya habían probado en otras ciudades. Militantes antifascistas madrileños explican que la ocupación los pilló por sorpresa y que los protagonistas de la ocupación eran viejos conocidos, como su lideresa Melisa Ruiz, que es la cara visible del proyecto.
Sin embargo, pocos días después de la ocupación neonazi en el barrio de Tetuán, a pesar de que era agosto, los vecinos del barrio apoyados por grupos antifascistas organizaron la primera protesta contra la llegada de estos nuevos inquilinos.
Más de un millar de personas marcharon por el barrio hasta el cordón policial que protegía el edificio de los neonazis. Muchos vecinos de la zona son de origen migrante y su inquietud era evidente. Muchos de ellos se unieron a la protesta. Una vecina explicaba a Sara Calvo, periodista de El Mundo:
Soy rumana y me da mucho miedo que haya gente así en el barrio. Agradezco enormemente a los vecinos que hagan esto por nosotros.[129]
Los neonazis contemplaban la marcha desde la azotea, portando caretas blancas y provocando a los manifestantes. Días antes, el edificio había aparecido lleno de pintadas antifascistas y con la puerta quemada.
El movimiento antifascista se planteó entonces qué hacer ante esta nueva forma que habían adoptado los neonazis. Ahora se presentaban como un proyecto de ayuda social e instalaban mesas a la puerta de los supermercados para recoger alimentos que repartían rodeados de cámaras. Con este nuevo escenario, resultaba difícil articular la clásica respuesta de confrontación, por un lado, por la victimización que se hacía de los nazis, y por otro, por la criminalización que supondría para el antifascismo que varios encapuchados reventaran un reparto de alimentos a familias necesitadas. Además, los medios de comunicación, aunque no escondían el carácter excluyente de estas acciones ni la vinculación neonazi de sus promotores, prestaron una enorme atención al fenómeno y alimentaron el mito entronando a su lideresa como «el amanecer rubio de la ultraderecha española».[130]
Y es que la entrada en la escena de Hogar Social Madrid (HSM), encima liderado por una mujer joven, dio mucho juego a la prensa. Además, los miembros de HSM no mostraban en sus actos ningún símbolo conocido de extrema derecha. Como ya hicieron Casa Pound y los anteriores proyectos en España, usaron una simbología nueva (una torre y un oso en este caso) y una nueva retórica en sus lemas, que los pintaba como jóvenes idealistas preocupados por los problemas sociales de los españoles: «Culpables de ayudar a nuestra gente», «Mantenerse en pie en un mundo en ruinas» o «Revuelta contra el mundo moderno» (estas dos últimas son referencias al filósofo fascista italiano Julius Evola).
El papel de los medios de comunicación en la promoción y blanqueamiento de HSM fue fundamental para atraer la atención de sus acólitos de otras partes del Estado, que vieron en este proyecto una idea brillante y un modelo a seguir; pero también les sirvió de aval de cara a sus homólogos europeos, especialmente sus mentores de Casa Pound y los neonazis griegos de Amanecer Dorado. De hecho, un año después de la primera ocupación, miembros de estas dos organizaciones participaron en una charla en Madrid para apoyar a sus camaradas españoles.[131] En una foto publicada por HSM se encuentra Andreas Guiallourides, miembro de Amanecer Dorado, junto a Melisa Ruiz y Javier Villamor. Este último se dio a conocer los últimos años como portavoz de HazteOír y participó en varios debates televisivos y en redes sociales.
HSM cambió la forma en la que los neonazis se presentaban ante la ciudadanía. No solo con sus acciones «sociales», su retórica y su estética, que evitaban cualquier referencia evidente a los viejos símbolos reconocibles del nazismo y el fascismo, sino porque desde el primer momento atendieron a los medios de comunicación y les abrieron las puertas de par en par. Mi colega Rodrigo Terrasa, periodista de la sección «Papel» de El Mundo y autor del reportaje citado anteriormente —el del amanecer rubio de la extrema derecha—, definía así a la portavoz neonazi:
Se llama Melisa, aunque se hizo llamar María o Mónica cuando prefería mantener el anonimato y solo se dejaba retratar de cuello para abajo. Ahora tiene veintisiete años, el pelo rubio oxigenado, los ojos y las uñas pintadas y el brazo tatuado hasta las pulseras. Se hace selfies con su perra en Instagram y pone frases como esta en su cuenta de Twitter: «Soñando el sueño imposible». Tiene pinta de tronista o de choni en Gandía Shore, pero no lo es. Melisa D. Ruiz es estudiante de Filosofía y de Antropología Social y Cultural, es también la portavoz oficial de Hogar Social Madrid, la khaleesi del nuevo fascismo patrio, el rostro amable de la ultraderecha española, una etiqueta de la que reniega pero solo un poco: «Tampoco vamos a ser pijos con los términos». Que al fin y al cabo su perra, la de los selfies, se llama Odal, runa utilizada por la simbología nazi desde los tiempos de las SS, y cuentan que ella esconde en su tobillo una esvástica tatuada.
Le pregunté a Rodrigo Terrasa sobre el artículo en cuestión y me confesó que hubo un debate en la redacción sobre si hacerlo y cómo hacerlo. Sabían quiénes eran y que buscaban que se hablase de ellos, aunque fuese mal, pero a nivel informativo es obvio que había interés en meterse hasta la cocina de aquella nueva sede neonazi. En septiembre de 2021, Terrasa me lo contó así:
No recuerdo mucho qué se había publicado esos días, pero sí que ya había salido algún reportaje sobre su perfil de Instagram que aprovechaba que empezaba a haber colas para recoger comida en el Hogar Social «solo para españoles» y eso había generado bastante ruido. En «Papel» ya habíamos hablado de hacer algo sobre el personaje de Melisa por lo que suponía de novedad en cuanto a la imagen que todos teníamos de los nazis, pero no teníamos muy claro si era suficientemente conocida como para darle tanta relevancia en la revista ni si sería contraproducente darle publicidad. El tema de Melisa era recurrente y salía en cada reunión, pero siempre se aparcaba. Parte del equipo de la revista era partidario de hacerlo y otros estaban totalmente en contra. Yo decidí apretar para que lo hiciéramos después de ver a Hogar Social recogiendo comida en un supermercado de mi barrio, en Madrid. Me di cuenta de que había un montón de gente que entregaba comida sin saber quién era esta gente (yo estuve a punto) y pensé que era necesario hacerlo. Había que retratar bien quién estaba detrás de todo esto. El compromiso fue hacerlo solo si podíamos entrar y hablar con ella directamente y solo si conseguíamos retratar de verdad lo que eran. Por eso tenía clarísimo que el arranque sería este: «¿Es usted nazi?». Sabía que contestaría que no, pero que acabaría retratada ella sola. Creo que la entrevista está llena de momentos que dejan bien claras sus mentiras y contradicciones.
Sin embargo, mucha gente sintió miedo al ver a HSM constantemente en los medios y eso motivó una crítica generalizada en la que se les acusó de blanquear a los neonazis. Terrasa reconoce:
Luego, las reacciones fueron muy extrañas. Por supuesto que hubo quien nos acusó de blanquearles y los del Hogar Social se mostraron oficialmente ofendidos, aunque supongo que en el fondo ellos también obtuvieron lo que querían.
HSM no inauguró la nueva hornada de movimientos sociales neofascistas. Además de los ya mencionados Proyecto Impulso y Casal Tramuntana, se habían creado con anterioridad organizaciones similares en Jaén (Iberia Cruor) y Salamanca (Centro Social y Nacional). Con el impulso de HSM, empezaron a surgir iniciativas semejantes por todo el Estado que no necesitaron ocupar edificios para seguir la misma estrategia: El Galeón en Elda (Alicante), Acción Social (Cádiz y Asturias), Málaga 1487 o Almería Inconforme, entre otros.
La actividad de HSM fue incesante: paseos por la montaña y limpieza de espacios naturales, recogida y reparto de alimentos y juguetes a personas blancas y españolas… Un paseo por la galería de imágenes de sus redes sociales da cuenta de la nueva imagen que pretendían dar los neonazis, que habían pasado de fotografiarse vestidos de skinheads en actitud macarra a disfrazarse de reyes magos y posar con niños a los que entregaban juguetes, con ancianos a los que regalaban una flor por la calle o con personas en situación precaria a las que entregaban comida una vez a la semana.
Combinaban estas acciones sociales excluyentes con campañas de agitación en las calles contra la inmigración, el feminismo, las personas refugiadas, los MENA, el independentismo o el islam. Su hábil uso de las redes sociales, las acciones sorpresa y la constante atención mediática pusieron a HSM en el centro de todo el movimiento neofascista español. Además, cada vez que eran desalojados, ocupaban otro edificio a los pocos días, de modo que en 2021 han pasado por más de una decena de inmuebles, en un momento en el que el tradicional movimiento okupa de la izquierda radical está en horas bajas y solo conserva unos pocos centros sociales en la capital y alguno más en otras ciudades del Estado.
Ante este nuevo escenario, el antifascismo intentó dar respuesta en cada ciudad atendiendo a las particularidades de cada territorio, sus movimientos sociales y la misma acción de los fascistas. En València, a finales de 2014 —justo cuando el foco se ponía en Madrid con la llegada de HSM—, diversos movimientos sociales impulsaron la plataforma unitaria València Entre Totes. Unos meses antes los neonazis del Frente Antisistema (FAS) detenidos en la Operación Panzer habían sido absueltos y la plataforma Acció Popular Contra la Impunitat, que había impulsado la acusación popular, decidió seguir denunciando la actividad de los grupos de extrema derecha y colaborar con los nuevos proyectos que irían surgiendo para afrontar la reciente ofensiva neofascista.
Mientras, el partido neofascista MSR había abierto una nueva sede en el barrio obrero de La Torre y España 2000 no cesaba en su activismo, provocando y buscando la respuesta antifascista para lograr atención mediática. Era el momento de replantear nuevas estrategias, de rehacer el movimiento antifascista, que aquellos años se había centrado en otras luchas sociales al calor del 15M, confiando en que el frente judicial contra los nazis de Panzer apaciguaría los ánimos de los ultraderechistas.
La explosión del 15M y las luchas que se derivaron aquellos años dotó a los movimientos sociales de nuevos militantes y simpatizantes. Una nueva generación de jóvenes había crecido en plena crisis y en medio de numerosas protestas, y el movimiento antifascista había pasado a un segundo plano. Con València Entre Totes se intentó revitalizar el movimiento antifascista y hacerlo todavía más plural y presente en los diferentes barrios de la ciudad.
En su comunicado de presentación, manifestó
[su] disposición a trabajar conjuntamente en todos los ámbitos y con toda la ciudadanía para neutralizar las actividades racistas y violentas de estos grupos, así como para alertar al vecindario del peligro que suponen estas organizaciones y sus discursos.
Fue una plataforma amplia en la que participaron militantes antifascistas, asociaciones de vecinos, colectivos de personas migrantes y diversas ONG. Comenzó a tejer una nueva estrategia basada en tácticas que evitaban la confrontación directa para no desviar el foco mediático cada vez que la ultraderecha convocaba un acto. El comunicado concluía:
Empezamos una nueva etapa de lucha para hacer entre todos una València donde quepa todo el mundo, donde el fascismo, el racismo, la homofobia y el odio al diferente no sean un hecho cotidiano. Invitamos a todos los movimientos sociales y personas preocupadas por esta situación a sumarse a las campañas que en breve empezaremos.
Una de las primeras acciones de València Entre Totes fue evitar que la ultraderecha capitalizase la indignación por el reciente atentado en París contra la revista Charlie Hebdo a principios de 2015. La comunidad musulmana de València salió a la calle para protestar por el ataque, pero la ultraderecha señaló a todo este colectivo y convocó una protesta a las puertas de la principal mezquita de la ciudad. Tras una intensa campaña de diversos colectivos que buscaba evitar la provocación ultraderechista, la Delegación de Gobierno no solo no prohibió la concentración, sino que la trasladó a la plaza del Ayuntamiento. Finalmente, solo acudieron una treintena de personas portando carteles islamófobos y antisemitas. Días después, los colectivos antirracistas, liderados por personas migrantes y racializadas, musulmanes, judíos y antifascistas, congregaron a centenares de personas en el mismo sitio en el que se habían manifestado los ultraderechistas, mostrando de nuevo su condena a los atentados y a los discursos de odio de la extrema derecha.
El creciente número de atentados de corte islamista de aquellos años fue instrumentalizado por la extrema derecha para señalar no solo a la comunidad musulmana, sino también a las personas migrantes y refugiadas que buscaban cobijo en Europa ante el recrudecimiento de la guerra en Siria. En Madrid, HSM realizó numerosas campañas en este sentido, incluso contra la cadena Starbucks, que había anunciado la contratación de personas refugiadas en sus establecimientos. También atacaron la principal mezquita de Madrid.
Tras los atentados en verano de 2017 en las Ramblas de Barcelona y con la ultraderecha europea en plena campaña contra las personas refugiadas y musulmanas, el partido neonazi Democracia Nacional convocó una protesta «contra la islamización de España». Esta fue contestada con una concentración antifascista muy superior en número que acorraló a los ultraderechistas, quienes tuvieron que huir protegidos por los Mossos d’Esquadra.
Las manifestaciones en solidaridad con las víctimas de los atentados fueron masivas, pero la ultraderecha no pudo sacar rédito político, como había sucedido en otros países ante hechos similares. A pesar de que los grupos ultraderechistas señalaron a la población musulmana y a los migrantes como sospechosos o potencialmente peligrosos, estas personas se pusieron al frente de las protestas contra el terrorismo. La sociedad catalana en su conjunto, así como el resto del Estado, dio toda una lección a los ultraderechistas.
En mayo de 2016 —cuando se cumplían ochenta años desde que la aviación de la Italia fascista de Benito Mussolini bombardeara la costa mediterránea en la guerra civil—, la organización neofascista Asociación Cultural In Memoriam Juan Ignacio —creada por exmiembros del Frente de la Juventud en honor a su líder asesinado en 1980— anunció la celebración en València de las jornadas Primavera Española. La estrella invitada era Edda Negri Mussolini, nieta del dictador fascista italiano. También contaban con la participación del librero nazi Pedro Varela y el líder fascista italiano Roberto Fiore, de Forza Nuova.
No se anunciaba el lugar del acto por temor a represalias de los grupos antifascistas —la extrema derecha habitualmente facilita esa información poco antes del encuentro y solo a sus simpatizantes—. Sin embargo, los antifascistas lograron averiguar el hotel en el que iban a tener lugar las jornadas e hicieron acto de presencia en una plaza cercana. La policía los identificó y los alejó del lugar. Al mismo tiempo, representantes de la comunidad italiana residente en València, Grupo por la Recuperación de la Memoria Histórica, Compromís, Podemos, PSPV-PSOE, Comisiones Obreras, UGT, Intersindical Valenciana y la Federación Valenciana de Municipios y Provincias homenajearon en el cementerio de València a las víctimas de los bombardeos de la aviación de Mussolini. El acto consistió en la colocación de una placa en castellano y otra en valenciano con la leyenda:
A las víctimas de los bombardeos italianos y alemanes 1937-1939 presentes en este cementerio.
Los antifascistas contraprogramaron a los ultraderechistas con una serie de actos bajo el nombre de Primavera Antifeixista, que terminaron con una gran manifestación por el centro de la ciudad que reunió a miles de personas.
El día que se celebró la conferencia neofascista —blindada por un amplio dispositivo policial—, varios puentes de la ciudad amanecieron con pancartas contra el fascismo y muñecos colgados que simulaban el final del dictador italiano Benito Mussolini, que el 28 de abril de 1945 fue ajusticiado por los partisanos y colgado boca abajo en la plaza Loreto de Milán junto a sus colaboradores.
El acto fascista congregó a poco más de cincuenta personas en un hotel de la avenida del Puerto de València y finalmente no contó con la presencia de Pedro Varela ni de Roberto Fiore. La contraprogramación antifascista deslució la velada, que no terminó esa mañana. Mientras la manifestación antifascista recorría el centro de València, los ultraderechistas se desplazaron a un camping a las afueras de la ciudad. El periodista Joan Cantarero relató en un artículo de Público lo que se vivió aquel día en València.
Las movilizaciones de la sociedad civil democrática valenciana han arruinado el homenaje al dictador italiano en la ciudad que ordenó bombardear hace ochenta años. Entidades diversas han respondido a la presencia de la nieta del duce y su acto de exaltación con pancartas antifascistas por toda la ciudad y el recuerdo a las víctimas y desaparecidos. […] Fracasó también el concierto de música fascista programado para la tarde-noche, a cargo de los grupos italianos Skoll y Hobbit. Para ello habían contratado un espacio cerrado de las instalaciones del camping Les Palmeres, en el término municipal de Sueca. Antes de dar comienzo el espectáculo se presentaron varias dotaciones de la policía local y de la Guardia Civil, alertadas por su Ayuntamiento, que desconocía lo que se había preparado en el lugar y si disponían de los permisos oportunos.[132]
La jornada no pudo ir peor para los fascistas: tras ser eclipsados por las movilizaciones antifascistas y permanecer escondidos y protegidos por la policía, el Ayuntamiento de Sueca sancionó al organizador del concierto nazi con treinta mil euros. Tras un tiempo recogiendo fondos para pagar la multa, los ultraderechistas consiguieron que el Ayuntamiento les retirase la sanción.
En Madrid hacía tiempo que había bajado la intensidad de las actividades de la Coordinadora Antifascista, después de la campaña tras el asesinato de Carlos Palomino y el posterior juicio. Una nueva generación de jóvenes activistas empezó a trabajar en sus barrios influidos tanto por el trabajo antifascista que se había desarrollado los últimos años como por las numerosas reivindicaciones sociales surgidas al calor del 15M.
Tetuán es un barrio obrero con un alto índice de población de origen migrante. La llegada de HSM en pleno agosto de 2014 pilló a muchos militantes de vacaciones.
Nos pilló por sorpresa —confiesa Juan de Zapata, vecino del barrio y militante antifascista—. Pero no surgen de la nada, ya estábamos al tanto de que habían llegado a Zaragoza. Los que militábamos en organizaciones políticas o colaborábamos con la Coordinadora Antifascista empezamos a movernos y a contactar con todas las organizaciones del barrio, desde asociaciones de vecinos, asociaciones de personas migrantes, etcétera. No queríamos permitir que se normalizara su presencia, así que empezamos a repartir propaganda inmediatamente para que la gente del barrio supiera quiénes eran.
Juan recuerda que el barrio se movilizó inmediatamente y entendió que, aunque no luciesen simbología nazi o fascista, sus repartos de comida excluyente (solo para españoles) los retrataba, porque en el barrio existían bancos de alimentos desde el 15M que no discriminaban a nadie. «Vinieron a prestar un servicio que ya llevaba años en marcha», que era lo mismo que había hecho poco antes España 2000 en el barrio valenciano de Orriols, donde el Centro Cultural Islámico y otras organizaciones llevaban tiempo repartiendo alimentos y bienes básicos.
En Madrid y sus alrededores, se incrementaron aquellos años las agresiones de grupos neonazis, que intentaban recuperar las calles de nuevo. Tras el asesinato de Carlos Palomino, se habían mantenido unos años muy discretos y la ofensiva antifascista había logrado invisibilizarlos en gran medida.
En marzo de 2016, una brutal agresión en San Sebastián de los Reyes estuvo a punto de acabar con la vida de dos jóvenes antifascistas, que fueron atacados por un grupo neonazi armado con cuchillos. La acusación de la fiscalía relataba que la madrugada del 5 de marzo de 2016 el neonazi L. A. G., alias «Fofi», se encontraba con unos amigos en un bar de San Sebastián de los Reyes cuando las dos víctimas pasaban por la calle.
En ese momento, dos amigos del acusado que estaban en la puerta del establecimiento empezaron a insultar a los viandantes con expresiones como «guarros», «rojos» o «hijos de puta» al identificarles «por su estética exterior» como personas de «extrema izquierda».
Los insultos, según el relato del fiscal, provocaron un enfrentamiento entre las cuatro personas e hicieron que Fofi saliera del local junto a sus amigos.
Los dos jóvenes insultados salieron corriendo, lo que dio comienzo a una persecución de un grupo más amplio de agresores, entre los que estaba el acusado, mientras proferían gritos tales como «rojos de mierda», «venimos de Madrid a mataros» o «Hitler fans».
Tras darles alcance comenzaron a agredirlos con instrumentos «peligrosos» que portaban como cuchillos, un destornillador y un cúter.
En el caso de una de las víctimas, el ministerio público reseñó que Fofi, «con evidente ánimo de acabar con su vida» y poniéndose de rodillas encima, intentó clavarle en el pecho un cuchillo mientras otras personas del grupo agresor le propinaban puñetazos y patadas en la cabeza.
Al ver la situación de peligro en la que se encontraba su amigo, la otra víctima dio una patada al acusado, «momento en que este se le encaró y, con idéntico propósito de acabar con su vida, le lanzó una cuchillada al cuello que le alcanzó en la cara, causándole un corte desde la comisura del labio hasta la región entre la boca y la oreja».[133]
La imagen de la víctima con la cara rajada y la chaqueta perforada por los navajazos que le asestó el neonazi se difundieron por las redes sociales y causaron una gran indignación. El colectivo Juventud Antirracista y Antifascista de San Sebastián de los Reyes denunció:
En el último año se ha producido un aumento de las agresiones y actividad nazi, ante la pasividad de la policía a pesar de las numerosas agresiones que han protagonizado y las denuncias existentes […]. Este año se han dado desde agresiones a menores de edad, palizas a jóvenes, amenazas a través de llamadas y pintadas en portales de activistas, hasta el asalto de una asamblea antitaurina que se estaba realizando en una plaza […]. Mientras las autoridades permanecen pasivas ante estas agresiones neonazis, a los jóvenes antifascistas de las asambleas de estos barrios se les persigue y acosa continuamente con controles, seguimientos y detenciones provocadas por denuncias falsas de estos sujetos.[134]
Una vez más, algunos medios de comunicación se apresuraron a enmarcar el intento de asesinato de los dos jóvenes antifascistas en una «pelea entre bandas». Así, el diario El País tituló la noticia «A golpes y navajazos por el territorio» e incluyó en ella una pelea entre dos neonazis de Skins Retiro y un grupo de antifascistas que tuvo lugar al día siguiente en Alcobendas.[135] El neonazi que protagonizó la agresión fue puesto en libertad inmediatamente. Por su parte, los colectivos de la zona reunieron en una protesta a cientos de vecinos, que desfilaron por el pueblo y pasaron frente a la zona donde se había cometido la agresión. A lo largo de la marcha, fueron increpados por un grupo de neonazis, que se jactaban de lo sucedido.
Un año y medio antes, Madrid vivió otro asesinato neonazi, esta vez relacionado con el fútbol. Fue durante el ataque de varios miembros del Frente Atlético a los aficionados del Deportivo de la Coruña de la peña antifascista Riazor Blues. El caso sigue hoy en día sin esclarecerse, tras años de periplo judicial.
Con esta nueva ofensiva violenta de los grupos neonazis en Madrid, a la que se sumaba la llegada de HSM, la preocupación era evidente. No solo entre los grupos antifascistas, acostumbrados a lidiar con las bandas neonazis más violentas, sino que el miedo se extendió a otros colectivos, como la comunidad LGTBI, las personas migrantes, no blancas o de religión musulmana, constantemente señaladas por estos grupos. En esta ocasión no hizo falta que los antifascistas de siempre convencieran a nadie. Madrid Para Todas surgió tras varias reuniones entre diferentes movimientos sociales que veían necesario dar una respuesta ante el auge de las agresiones y la presencia neonazi en las calles.
El proyecto Madrid Para Todas trató de crear un espacio unitario donde confluyeran movimientos sociales de todo tipo «para combatir el fascismo, racismo, machismo y todas las formas de discriminación», según un comunicado publicado en las redes el 10 de abril de 2016. El texto alertaba sobre la estrategia de
dividir a la clase trabajadora a costa de un discurso xenófobo focalizando las causas de la crisis económica en las personas migrantes y refugiadas en vez de en las grandes empresas que han aumentado sus millonarios beneficios año tras año y que, junto a las políticas liberales, nos han llevado a la más absoluta precariedad junto a una pérdida de derechos y libertades.
Se explicaba que el discurso del miedo, difundido por la ultraderecha y los medios de comunicación, servía a las instituciones para implementar políticas restrictivas en materia de derechos y libertades, y se alertaba del incremento de las agresiones de grupos neonazis. El comunicado estaba firmado por decenas de colectivos sociales y políticos, que el 21 de mayo de 2016 convocaron una manifestación que señalaba directamente a HSM con carteles con su logo tachado y la leyenda «Di no al racismo».
HSM había convocado ese mismo día —con el lema «Defiende España. Defiende a tu gente»— una protesta coordinada con neofascistas de Roma, Atenas y Budapest. HSM se había instalado recientemente en el antiguo edificio del NO-DO, que contaba con quinientos cincuenta metros cuadrados en pleno centro de la ciudad. Era el cuarto inmueble que ocupaban, tras haber sido desalojados de los anteriores desde 2014. HSM ya llevaba tiempo protagonizando numerosas acciones que captaban la atención de los medios de comunicación, que habían brindado a su portavoz la oportunidad de salir en diversos programas de televisión y le habían dedicado numerosos reportajes.
La manifestación neonazi del 21 de mayo de 2016 fue autorizada por la Delegación del Gobierno, a pesar de las protestas de varios colectivos, del mismo Ayuntamiento de Madrid (dirigido entonces por Manuela Carmena) y de los vecinos de Malasaña —el barrio donde estaba prevista la marcha—. El Ayuntamiento pidió a Delegación del Gobierno que impidiera de oficio la celebración de la manifestación «por ser un claro ejemplo de incitación al odio»[136] o que la disolviera tan pronto se produjeran delitos de odio, pero la policía consideró posteriormente que eso no había sucedido. Sin embargo, la misma policía informó de la detención días después de tres neonazis relacionados con una agresión al finalizar la manifestación. En la protesta se reunieron cerca de un millar de neonazis,[137] una de las más numerosas de estos grupos en los últimos años.
Al mismo tiempo, la plataforma Madrid Para Todas marchó también por la ciudad para protestar por la convocatoria de los neonazis y logró reunir a cerca de cinco mil personas. Se visibilizó así una campaña unitaria de diversos colectivos que se unían más allá de las tradicionales fechas simbólicas y de otras plataformas más veteranas, como la Coordinadora Antifascista, que también participó en esta convocatoria y llevaba años liderando y manteniendo activo el movimiento.
La actividad de esta plataforma se mantuvo hasta abril de 2017 y participó en movilizaciones y campañas de varios colectivos, como los tradicionales actos antifascistas de noviembre en Madrid, que incluyeron una manifestación contra las calles con nombres franquistas y los monumentos fascistas de la ciudad. También participó en diferentes eventos en barrios de la ciudad, todos atravesados por el antifascismo, el antirracismo, el feminismo y la lucha contra la homofobia. Juan de Zapata explica:
Estos espacios unitarios es difícil que crezcan, porque están formados por multitud de organizaciones que tienen sus propias dinámicas y su trabajo al margen. Así que lo normal es que sean útiles en un momento determinado y después cada colectivo regrese a su trabajo diario y particular, siempre manteniendo el compromiso antifascista. Al menos, Madrid Para Todas fue una experiencia que nos hizo ver que esta unidad más amplia de lo habitual era posible.
Se trataba de salir del gueto, de las habituales plataformas de la izquierda radical, para conseguir que el antifascismo fuese cada vez menos marginal. Era algo de lo que cada vez se tenía más conciencia en distintos ámbitos, porque ya estaba sucediendo en otras ciudades del Estado y en otros países desde hacía años.
Juan recuerda de esa época:
El momento en el que HSM llega a Tetuán coincide con que empiezan a surgir numerosos colectivos juveniles en los barrios. Veníamos del 15M y el movimiento había evolucionado.
Uno de los colectivos de barrio que surgió aquellos años fue Distrito 14, creado en noviembre de 2012 en el barrio madrileño de Moratalaz. Jorge, uno de sus impulsores, cuenta cómo empezó el proyecto, que hoy en día sigue activo.
Aquel año hubo dos huelgas generales. En la segunda, en noviembre, muchos jóvenes del barrio nos unimos a los piquetes y participamos en las protestas. Fue entonces cuando decidimos formalizar el colectivo. Esta idea de descentralizar las luchas, de quedarse en el barrio, se repitió en Carabanchel, Tetuán, Prosperidad y otros barrios de Madrid.
La preocupación por la llegada de HSM dio bastante impulso a la reorganización antifascista en los barrios. Algunos conocíamos ya a Liga Joven y al MSR de otras movidas, y muchos de estos estuvieron inicialmente en HSM. Aunque se colaboró con la Coordinadora Antifascista aportando gente nueva, el trabajo aquellos años fue más allá y se crearon plataformas más abiertas y plurales, como Madrid Para Todas.
El auge de los colectivos de barrio que realizan labores sociales y que mantienen su carácter antifascista llegó junto a una campaña de criminalización y de asedio policial y judicial contra varios activistas. Cuando cambió el modelo organizativo del antifascismo y se centró en el trabajo de barrio, varios medios de comunicación empezaron a asociar estos colectivos con «la ultraizquierda» y la violencia. En esta campaña de criminalización, uno de los principales colectivos señalados fue Distrito 14 de Moratalaz. En marzo de 2015 la policía montó un dispositivo especial para detener a diecisiete miembros de Distrito 14 y dos de Frente 202 de San Blas, acusados de delitos contra las altas instituciones del Estado y resistencia y desobediencia. La causa de estas detenciones fue una protesta en el pleno municipal de Moratalaz contra los desahucios en la que se desplegó una pancarta y se gritaron consignas por el derecho a la vivienda. Durante los años siguientes, militantes de estos y otros colectivos de barrio fueron detenidos cuando intentaban parar desahucios, lo que los enfrentó a procedimientos judiciales y sanciones que castigaban su activismo.
A pesar de que HSM todavía sigue activo y ya ha pasado por más de una decena de edificios, diversos conflictos internos, rivalidades dentro del sector y otros factores externos, como la irrupción de Vox en 2018, fueron condenando a este proyecto a la marginalidad. Lo que es innegable es que tanto HSM como el resto de las organizaciones similares que iniciaron el camino de la reconversión neofascista han visto cómo poco a poco sus discursos se han ido normalizando y la cada vez mayor popularidad de Vox y la ofensiva de su batalla cultural han puesto sus marcos en el debate público de una manera que ni siquiera habían soñado.