Ánima
II Bestiæ fabulosæ » Danaus plexippus
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Danaus plexippus
Él camina sin alas, yo revoloteo sin piernas. Me poso sobre su espalda. ¿Dónde está el santuario en el que acabará la migración del gran retorno? Introduzco la trompa entre las fibras del tejido que lo recubre: aromas de una tierra extraña, olores de animales y vegetales desconocidos. Se detiene. Yo revoloteo. Se agacha. Me poso en su hombro. Recoge a una de mis semejantes que agoniza en la grava del camino. La pone en la palma de su mano. Las alas, con los nervios desgarrados, se estremecen. Se sienta. Avanza la luz de la mañana. Mi semejante muere en la palma de su mano. Sus grandes alas anaranjadas se quedan inmóviles y en calma. El hombre hace un agujero. Mete a mi semejante y la cubre de tierra. Mi semejante no será presa de las hormigas, alimento para el invierno. El hombre se levanta y continúa su camino. Me transporta y, mientras me lleve en dirección al polo, no pienso moverme de su hombro, pero resulta que se desvía de su ruta, resulta que se dirige hacia poniente. Así que lo abandono.