Ánima
I Bestiæ veræ » Larus delawarensis
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Larus delawarensis
El río fluía en su vestido de kohl, con las placas de hielo atenazando su ímpetu. Él en su lentitud y nosotras en nuestra frescura. Dábamos vueltas en círculo allá en lo alto. Estábamos hambrientas, y ni el cielo ni los gritos conseguían saciar nuestro apetito. Necesitábamos carne y es imposible devorar a los humanos. Dábamos vueltas en círculo y a punto estuvimos de despellejarnos entre nosotras cuando lo vimos. Caminaba por el monumental puente metálico, con la cabeza descubierta, indiferente a la violencia del paisaje, sin mirar nunca a lo lejos, sin detenerse por nada. A veces vemos a algún humano lanzarse al vacío, desmigajarse al impactar contra la superficie del agua y disolverse en las fauces del río. Él era uno de esos. Todas pensábamos que se tiraría, pero no vaciló ni un solo instante. No quería morir. Era fuerte, infalible y, poniendo un pie delante del otro, llegó al extremo del puente y tomó la vía de acceso a la autopista, sin escuchar los cláxones de las máquinas que lo rozaban a una velocidad que supera nuestro entendimiento.