Ánima
II Bestiæ fabulosæ » Ardea cinerea
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Ardea cinerea
Los humanos se asemejan en el vasto campo donde crecen las piedras blancas de los muertos. Entonan melopeas fúnebres al ritmo de los cobres y arrían los grandes estandartes. Cantan, vienen y van con los paraguas abiertos, batidos y abatidos por el soplo adverso y cambiante del viento. Las voces se elevan en el aire.
O beautiful for patriot dream
That sees beyond the years
Thine alabaster cities gleam
Undimmed by human tears!
America! America!
God shed his grace on thee
And crown thy good with brotherhood
From sea to shining sea!
El silencio siempre gana. Los humanos lo temen como temen a la oscuridad. El chaparrón los ahuyenta. Espero a que abandonen la tierra mojada y repleta de cadáveres para ir a recoger caracoles y lombrices, antes de volver a mi colonia camuflada entre los juncos del pantano. Se van en masa, protegidos por el caparazón de los paraguas aglutinados. Solo se queda uno. Gira en redondo alrededor de los muertos y yo giro en sentido contrario por entre las volutas de una nube. La lluvia lastra mi plumaje. Castañeteo el pico y lanzo un grito rauco, ¡¡Keehiik!! Entonces me ve. Se sienta sobre una piedra. No piensa irse. Echo la cabeza hacia atrás y bato pesadamente las alas. Asciendo y salgo disparada hacia el infinito.