Ánima

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III Canis lupus lupus » Carthage, Missouri

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Carthage, Missouri

Carthage temblaba bajo el fragor de los cañones, había hombres huyendo entre las barricadas en llamas, jinetes con túnica gris perseguían a jinetes con túnica azul, cuando una explosión vino a estremecer el aire que nos rodeaba. Algunos se desplomaron en mitad de la plaza sobre un manto de césped rodeado de árboles. Una mujer, mientras caía, gritó America forever!!, y arrancó los aplausos, ovaciones y vítores de la muchedumbre amontonada tras las barreras metálicas que jalonaban las calles. Las batallas se multiplicaban, los cañones no cesaban de tronar y los humanos parecían inmortales. La vida no se les iba. A un perro, cuando la vida se le va, se le va de verdad. La que me trajo al mundo luchó toda una noche contra un animal surgido de los abismos. Para protegerme, se obstinó en repeler su ataque hasta que, de pura rabia, le desgarró el cuello, pese a las zarpas que estaban destrozándole el vientre. No lo soltó hasta que no hubo exhalado su último suspiro, al tiempo que ella exhalaba el suyo. No volvió a la vida. Permaneció tendida, envuelta en el pútrido olor de su descomposición, hasta que sus huesos quedaron completamente cubiertos de polvo. En Carthage, los que veía morir no morían. Fingían que morían, permanecían un instante tumbados, hasta que se levantaban, estiraban las piernas y volvían a correr, indiferentes a los peligros que acechaban bajo el fuego de la metralla.

Los ataques se repitieron durante toda la mañana. Un hombre que estaba a nuestro lado miró a Wahhch y le dijo que su bisabuelo, Nathaniel Saúl, había muerto en aquella misma plaza, el 5 de julio de 1861, ciento cincuenta años atrás, luchando a las órdenes del general Franz Sigel. Le contó lo orgulloso que estaba de lo que habían hecho sus ancestros por este país y lo mucho que le emocionaba aquella reconstrucción histórica. It’s my history, right? The history of my blood! Luego señaló con el dedo a una mujer caída a los pies de un muro: You see that young girl over there? She’s my daughter. Wonderful actress, isn’t she?

Hubo otras explosiones y otras maniobras, antes de que el sonido de los cobres y el redoble de los tambores diera paso a la formidable carga de los caballos empenachados y los jinetes blandiendo armas resplandecientes, con el sable en la mano extendido hacia los rayos del sol. Estandartes y oriflamas restallaban al viento, rugieron doce cañonazos, el aire se llenó de olor a azufre y las campanas se pusieron a repicar bajo los vítores de una multitud alborozada. Cayeron las barreras, la gente invadió la plaza para besar a los muertos y a los supervivientes, y por uno de los costados del manto de césped, junto a una tribuna levantada entre los árboles, vi llegar a un hombre con hábito y sombrero blancos montado sobre un corcel de rubias crines, fabulosa cabalgadura antaño salvaje, hoy día enjaezada y sometida a la voluntad de los humanos.

El hombre bajó del caballo, subió los escalones, se acercó al borde de la tribuna y se detuvo tras un pequeño mueble con forma de plano inclinado. Todo el mundo se calló, excepto los pájaros en las ramas de los árboles. El hombre levantó la cabeza para contemplar a la muchedumbre concentrada frente a él, esperó un instante antes de abrir la boca y por fin su voz grave, poderosa, amplificada, empezó a sonar por los cuatro costados de la plaza:

—Carthaginians. Thank you for that moving reenactment! I know that you have all worked really hard for over a year to bring us that moment, and today you all have won the battle! I’m Larry McLaughlin, mayor of the city of Carthage.

¿En qué emplean los humanos la luz que les ofrece el día? Allí, de pie sobre sus extremidades posteriores, animales entre animales, escuchaban en masa los sonidos articulados que salían de la boca de uno de sus semejantes, también de pie sobre sus extremidades posteriores. No gritaba, ni gruñía, ni rugía, ni ladraba, ni trinaba como hacen los pájaros en el cielo. No. Él hablaba. Producía sonidos que trituraba con la ayuda de sus mandíbulas en una serie de fragmentos cuyo conjunto formaba palabras, y aquellas palabras, a través del significado que les adjudicaba, cobraban sentido en el espíritu de aquellos y aquellas que lo escuchaban.

Evocó los tiempos y los mitos necesarios para la fundación de los pueblos, destacó el coraje de los primeros habitantes de esta tierra y su determinación a la hora de superar las dificultades. Habló del sudor de los esclavos que construyeron este país y de la sangre que se dio como pasto a la historia para que surgiera en este continente dejado de la mano de Dios la más bella de las civilizaciones, hoy día envidiada por los pueblos del mundo entero. Los sacrificios han sido inmensos, añadió. We cannot forget that the American Civil War brought great suffering to the people of Carthage! No Carthaginian can forget that! Remember! One of the great battles of that war took place here and we are the children of the blood of that war! La muchedumbre volvió a aplaudir con todas sus fuerzas. El hombre descansó un instante antes de retomar el elegante flujo de su discurso y decir que, por mucho que hubieran pasado ciento cincuenta años desde aquella terrible batalla, Carthage llora aún a sus criaturas. Other States were either on the Union side or the Confederate side but here, in Missouri, from Neosho to Fredericktown, from Salem to New Madrid, from Cap Girardeau to Sarcoxie and from Lebanon to West Plains, there was a civil war within the State! Missouri against Missouri!

El significado profundo de la ceremonia se me escapaba, pero podía notar su fuerza por la atención que la muchedumbre prestaba a la voz de aquel hombre y a su manera de proyectar las palabras fuera del pecho. Recordó que no fue condado contra condado como la guerra había destruido aquel estado, pues hubo pueblos de un mismo condado que se mataron entre sí. Que no fue pueblo contra pueblo, pues hubo familias de un mismo pueblo que se mataron entre sí. Que no fue familia contra familia, pues hubo hermanos de una misma familia que se mataron entre sí, y que no fue hermano contra hermano, pues en el corazón de cada hermano el odio y el amor se habían matado entre sí. We are the guardians of their memory! We are the guardians of the idea that all men are created equal. Estalló una salva de aplausos que no consiguió apagar el ardor de su voz. I would like to end with Abraham Lincoln’s last words during his great address after the bloody battle of Gettysburg: «That we here highly resolve that these dead shall not have died in vain; that this nation, under God, shall have a new birth of freedom… and that government of the people, by the people, for the people, shall not perish from the earth». God bless you! God bless America!

Dio un paso atrás, extendió la mano sobre el pecho y empezó a formar con la voz una serie de sonidos alargados. La muchedumbre se le sumó y todos juntos, con la mirada al cielo y el rostro inundado de lágrimas, entonaron un himno, el primer canto que yo escuchaba desde que el mundo de los humanos me había abierto sus puertas:

Oh, say, can you see, by the dawn’s early light

What so proudly we hailed at the twilight’s last gleaming?

Whose broad stripes and bright stars, thro’ the perilous fight

O’er the ramparts we watched, were so gallantly streaming?

And the rochéis’ red glare, the bombs bursting in air

Gave proof thro’ the night that our flag was still there.

O say, does that star spangled banner yet wave

O’er the land of the free and the home of the brave?

Nos apartamos de la multitud. Wahhch quería salir de la ciudad antes de que anocheciera. El canto nos acompañó mientras deambulábamos por las calles, como una onda cada vez más difusa, hasta que desapareció. «Tenemos que encontrar Oak Street y luego, cuando lleguemos al final de Oak Street, aún tendremos que encontrar el trazado de la vía férrea y buscar un lugar solitario donde esperar a que pase el tren. ¿Has visto? Aquí nadie nos ha molestado, nadie se ha sorprendido de nuestra presencia, nadie nos ha mirado mal. Lo cual no deja de ser una prueba de que los humanos se aburren. Cuando están contentos, ocupados en celebrar algo todos juntos, no pierden el tiempo mezclándose en los asuntos de los demás, y suelen ser maravillosamente agradables. Te lo digo porque no quiero que pienses que todos albergan malas intenciones.»

En Oak Street no circulaban los coches. Los peatones paseaban libremente entre grandes paneles, alineados unos tras otros a lo largo de toda la calle. Era una extraña fila de muros con marcos colgantes, cada uno de los cuales encerraba la representación de un objeto, de una cara o de un paisaje, reflejos de una realidad atrapada y sujeta por una placa de cristal, expuesta a la contemplación humana. Yo sabía que era posible embridar a un animal, pero no sabía que también era posible embridar el presente. Nos adentramos en la calle.

Grises y blancos. Ningún color. Visión tras visión, imagen tras imagen | Árboles en llamas | Alineación de cañones caídos, sacados de sus puntales | Humanos muertos en medio de casas derruidas | Humanos unos al lado de otros | Humanos colgados de una cuerda | Humanos de pie unos al lado de otros | Humanos sentados unos al lado de otros | Humanos de mirada melancólica | Caballos vivos | Caballos muertos | Rostros humanos atenazados | Rostro humano desfigurado | Rostro humano | Espaldas humanas | Esqueletos humanos | Fosas | Fosas de bestias y de humanos | Humanos | Casas | Ruinas | Embarcaciones destruidas en mitad de las aguas | Luego, al rodear un panel, surgieron los colores. Apareció el verde de los árboles, el pardo de la tierra, el rojo de la sangre y todos los azules y las sombras de los miembros arrancados, desgarrados.

Seguimos zigzagueando calle arriba, sin demorarnos en los paneles. Bruscamente, Wahhch se detuvo ante una imagen, estupefacto. Era un conglomerado de edificios amarillentos bajo un cielo azul resplandeciente. Se acercó hasta apoyar la frente contra el cristal, como si quisiera penetrar en el marco, pasar a través del vidrio para recuperar aquellos inmuebles y aquel cielo tan azul, pero estaba ante una ventana que ya no podía abrirse. Se dirigió hacia los siguientes paneles, que ofrecían un mosaico de formas y colores, compuesto por una infinidad de imágenes | Rostro desfigurado de un niño | Cuerpos amontonados al pie de un muro manchado de sangre | Chiquilla con falda amarilla muerta bajo los escombros | Humanos desmembrados sobre un charco pardusco | Mujer de pie brazos abiertos rostro cubierto de lágrimas boca abierta | Callejuela abarrotada de cadáveres | Callejuela abarrotada de más cadáveres y de un hombre con los brazos extendidos | Coches quemados | Manos cortadas | Cabeza decapitada | Despojos de mujeres desnudas | Mujer sin cabeza | Pierna sola | Troncos | Niños muertos caras rojas | Hombres muertos caras rojas | Mujeres sepultadas | Perros sepultados | Humanos y animales en un agujero | La respiración de Wahhch inspiraba y espiraba. Lo vi volver, titubeante y azorado, hasta el marco donde estaban recluidos, bajo el azul del cielo, los edificios amarillentos. Los miró, se inclinó para descifrar los signos inscritos al pie de la imagen, los volvió a mirar y se desmoronó. Se puso en cuclillas, me abrazó, me rodeó el cuello con los brazos, pegando su frente a mi frente, y empezó a llorar. Absorbí la calidez de su aliento, saboreé la sal de sus ojos. Su pena se convirtió en mi pena. Me separa un abismo de la palabra. Cómo consolar a un humano. Le ofrecí mi silencio, tómalo, tuyo es, escúchalo y dime a quién tengo que devorar, qué mal, qué pena. En los sollozos que salen de tu garganta oigo los sollozos de tu infancia amedrentada y, como es de ti de quien se trata, de ti, en quien deposité mi amistad desde el preciso instante en que te vi tendido sobre las frías aguas del arroyo, siento que nace en mí el deseo de matar a los responsables de tu desdicha. No es solo que no quiera que te ocurra nada malo, sino que tampoco quiero que nada malo te haya ocurrido. Pero es demasiado tarde. ¡Demasiado tarde! Abrasadora revelación del irreversible acontecer del tiempo. Lo que se ha producido, ¿quién podría hacer que no hubiera sucedido? Habría querido estar allí en aquel entonces para poder defenderte, habría querido estar a tu lado y sufrir en tu lugar lo que te hicieron sufrir. No me habría hecho retroceder ningún temor, pues me habría bastado con pensar que lo que estaba sufriendo se lo estaba ahorrando a Wahhch, que lo que estaba soportando se lo estaba ahorrando a Wahhch, nada me habría hecho temblar. Me habría gustado, habría querido darte fuerza y tranquilidad, pero no estaba allí, aún no, aún no.

Una mujer se había acercado y, a pesar de mi presencia, se inclinó y le preguntó si estaba bien, si necesitaba ayuda. Se incorporaron. Tenía el cabello plateado, la piel reluciente, los labios finos y los ojos de un verde incandescente, brillantes en el fondo de su cavidad. Lo llevó hasta un banco, lo ayudó a sentarse y se sentó a su lado. Sacó un pañuelo del bolso y se lo ofreció. Wahhch se secó la cara y, con voz quebrada, le preguntó qué eran aquellas fotografías.

—Oh! It’s an exhibition organized by the Powers Museum for the 150th anniversary of the battle of Carthage.

Wahhch señaló las imágenes que lo habían obligado a detenerse y dijo que aquellas fotografías no tenían nada que ver con la guerra de Secesión. La mujer le explicó que el museo había querido hacer una gran exposición en el centro de la ciudad sobre el tema de la guerra civil, con fotografías de la mayor parte de las que habían tenido lugar desde 1864, ya que muchos consideran la guerra civil americana como la matriz de las guerras civiles de la era moderna.

—What are those pictures, do you know, madame?

—Of course, I do. I chose every one of them! I’m the artistic director of that exhibition. These are pictures of the civil war in Lebanon.

—And that one?

Se levantó para indicar la imagen de los edificios bajo el resplandeciente cielo azul. La mujer también se levantó. Es la fotografía que más me ha costado conseguir, le dijo, pertenece a los archivos del Ejército israelí. Wahhch le preguntó si sabía lo que representaba, ella respondió que era una vista panorámica de Chatila, tomada por un soldado israelí desde un inmueble en las inmediaciones del campo, el 17 de septiembre de 1982, por la mañana, mientras los milicianos libaneses cristianos consumaban la masacre.

—I was there!

—What do you mean?

—I mean that I’m in that picture! I was there! I’m somewhere here, in that picture at that moment!

Le contó que, cuando tenía cuatro años, unos hombres lo lanzaron a una fosa junto a varios caballos, y los enterraron vivos. Señaló la foto, insistió en que aquello había pasado allí, aquel día, y que en el instante en que habían tomado la foto, en el instante en que el fotógrafo había apretado el disparador, en ese preciso instante, tal vez su familia estaba siendo asesinada y él a punto de ser lanzado al corazón del abismo. The body of that little girl and the bodies of those men and women against this wall could be the bodies of my little sister and my own family.

La mujer guardó silencio. Una viva emoción atravesó la claridad de su rostro. Le habría gustado decir algo, pero permanecieron callados. Luego, con voz tranquila, clara, le preguntó si quería beber agua, si podía ayudarlo de alguna manera.

—May I have a copy of those photos?

—Wait here.

Ella se alejó y él se quedó solo, repitiendo ¿¡Qué significa esto, pero qué significa esto!? ¿Qué tengo que entender? La mujer volvió con una pila de hojas encuadernadas y protegidas por una cubierta plastificada.

—This is the catalog of the exhibition. You’ll find all of these photos inside. Now, listen. There is a woman. Josie Gaboriau. She teaches in the history department at Harvard University. She’s a wonderful woman. She helped me for this exhibition. She has gone to Lebanon, Israel, and Palestine many times. She has been documenting the Palestinian reality for thirty years. She is currently in Genesee, in the suburbs of Denver, where her family home is. Colorado’s not so far from here. I can call her and tell her you’ll be coming to visit.

—No. Thank you. I have to go back home.

—She can probably help you.

—Help me what?

—To know…

—To know what? There is nothing that I have to know that I don’t know already. But one day, maybe. Thank you so much, madame.

—Natalie. My name is Natalie. Natalie Davis. If you change your mind and you decide to visit Josie, tell her that Natalie sent you. I’ve put her address, her email and phone number inside the book.

Wahhch se levantó, le dijo su nombre y el mío, ella lo besó, lo abrazó, le pidió que se cuidase y le sonrió con esa sonrisa tan linda que ilumina el rostro de los humanos y deja entrever la bondad que los habita. Wahhch le dio las gracias y nos fuimos. Contemplamos el sol de cara, caminamos envueltos en su luz, bañados por sus últimos destellos, encontramos el camino de las vías del tren, lo seguimos y abandonamos la ciudad.

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