Ánima

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III Canis lupus lupus » Labette, Kansas

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Labette, Kansas

Me habló de la desdicha que a veces sacude a los humanos y del dolor generado por la persistencia de la memoria, a la que nada borra, excepto la muerte. Levantó la cabeza y me mostró la estrella que hay fija en la vertical del polo y alrededor de la cual dan vueltas continuamente las constelaciones del cielo. «Águila, Cisne, Oso, Dragón y Caballo. ¿La ves? Es la Estrella Polar. Así, dichas y desdichas, penas y alegrías dan vueltas en la misma proporción alrededor de nuestras vidas, y si hoy eres desdichado, mañana volverás a ser dichoso. Esta verdad tan sencilla, tan pura, yo la conozco desde que nací y, sin embargo, ya no sé qué significa, no son más que palabras, letras unidas sin sentido, ceniza, harina en la boca. La palabra se pulveriza, como se pulverizan las ciudades que pasan y desfilan ante nuestros ojos: ¿dónde están ahora? Yo soy este vagón sin paredes, ni techo, ni mercancías, a merced del viento, empujado, remolcado por una locomotora de la que desconozco su destino y su conductor. Pero qué más da. Ya no hay nada que deba temer. Iré hasta el final de las vías, aunque la niebla me parezca de una espesura infinita.» Cerró los ojos, se acurrucó a mi lado y, a pesar del estruendo de la máquina que nos arrastraba, a pesar de la desolación que embargaba su espíritu, intentó conciliar el sueño.

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