Ánima

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III Canis lupus lupus » Greenwood County, Road 4, Kansas

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Greenwood County, Road 4, Kansas

Aún no habíamos salido de la ciudad cuando vimos que el vehículo que me había secuestrado torcía en la esquina de la última calle y se abalanzaba sobre nosotros a una velocidad vertiginosa. Nos quedamos quietos, incapaces de hacer el menor movimiento, atenazados por las luces cegadoras de los faros y el rugido del motor. Iba a arrollarnos cuando desvió su trayectoria, frenó, derrapó con un chirrido abominable y se detuvo de través en mitad de la calzada.

Se abrió la puerta. Apareció la chica. La reconocí. Wahhch, enfurecido, le preguntó quién era, qué quería y por qué había pretendido matarnos. Ella gritó que no había pretendido matarnos, pero que no estaba acostumbrada a conducir camionetas tan grandes. Sin darle tiempo a Wahhch a contestar, dijo que nos teníamos que ir, que no debíamos esperar ni entretenernos, que al amanecer, el hombre de la cara colorada, ese bastardo de Dios, ese hijo de puta, ese grandísimo cabrón, lo peor que la humanidad es capaz de crear, iba a salir a cazarnos con todos sus amigotes. They’ll kill you! They know you’re headed for Elbing! I heard them!

—Thank you very much, but I don’t need your help!

Saltó del vehículo, dijo que a pie no teníamos ninguna posibilidad de salvarnos, pues no conocíamos las direcciones, los paisajes, las carreteras, los bosques y los ríos, y Eureka, la ciudad más próxima, estaba a varias horas de camino. Se nos puso delante, impidiéndonos el paso. Wahhch le ordenó que se apartara, ella se negó y le preguntó por qué rechazaba su ayuda, por qué no confiaba en ella, por qué no aceptaba que ya era tarde y que, de todos modos, ella se iba a ir, con o sin nosotros. Wahhch le dijo que era libre de hacer lo que mejor le pareciera, pero que se quitara de la cabeza la idea de acompañarnos, que no quería que lo acusaran de haber robado esa camioneta y aún menos de haber secuestrado a una menor.

—Fuck you! I’m not that young!

—But you’re young.

—I’m seventeen!

—That’s young.

Empezó a insultarlo y a preguntarle si creía que él era el único que deseaba largarse de aquella ciudad de mierda, si creía que era el único que deseaba salvar el culo. Le preguntó si para él tenía algún sentido ayudar a la gente y que si a él nunca lo habían salvado cuando estaba en la soledad más abismal.

—Did anyone ever help you when your fucking soul was deeply lost with no chance of salvation? I saw your dog. I gave him water.

—I can’t help you!

—Take me with you!

La chica dijo que, desde que descubrió la barbarie de este mundo, no había dejado de soñar con el día en que conseguiría huir, pero el tiempo pasa y no hay nada más que Virgil, ese agujero, ese infierno que sepulta toda existencia bajo las peleas de los animales, la brutalidad de los hombres, los nacimientos y las muertes, ese carrusel infernal. I want to leave but I know that I can’t leave alone. I’m too young, you said so yourself! Todo el mundo desconfiará de una joven adolescente, gorda y fea, sola, y más aún si va al volante de una enorme camioneta. La atraparán, la devolverán a Virgil, ese agujero, ese infierno, y si algo así se produce, en el próximo combate de perros, la encontrarán colgada en mitad de la barraca, perra entre los perros. I swear that I’ll do it! I’ll do it!

Le brillaban los ojos, yo la miraba, me había dado de beber y ahora era ella la que tenía sed. El imperativo del verbo huir refulgía en el timbre de su voz, necesitaba abandonar aquel profundo agujero, necesitaba atrapar al vuelo nuestro tren. Salvándonos a nosotros, se salvaba ella. Eso era lo que le decía su instinto, pero lo que yo veía, Wahhch no lo veía. Se puso a llorar, desconsolada. Si él había encontrado la manera de salvar a su perro, encontraría también la fuerza para salvarla a ella. Cuando lo oyó hablar en la barraca, supo que nosotros éramos su única posibilidad de salvación. No podía equivocarse. Había corrido como una loca, buscando entre todos los coches aparcados alguno que estuviera abierto. Hasta que encontró la enorme camioneta de Dick, esa en la que encierran a los perros en la parte de atrás y en la que han abusado de tantas chicas como ella. La llave de contacto estaba puesta en el conmutador de arranque, la gente de aquí no desconfía, todo el mundo se conoce, y ¿quién se iba a atrever a robarles a Dick y a Stanton? Cuando volvió, ya nos habíamos ido, la velada se había terminado y la gente regresaba a casa. Escuchó que algunos proferían amenazas contra nosotros, volvió a subir a la camioneta, dio una vuelta por la ciudad, aterrorizada, hasta que nos vio al borde de la carretera.

—You and me have good reasons to leave this fucking place! I need you but you need me too: I brought this truck, I know this fucking countryside and I’ve got lots of cash, ’cause so many fucking men put their fucking hands on my fucking body tonight!

El día empezaba a despuntar. Eran tan parecidos y tan diferentes. Los salvaría a los dos. Me incorporé, fui hacia el vehículo, la puerta aún estaba abierta. De un saltó subí al interior de la cabina, me instalé en el asiento trasero y ladré en dirección a Wahhch. La chica me miró, incrédula. Empezó a gritar que el perro había elegido, que el perro lo había entendido. Subió y arrancó el motor.

—C’mon! Let’s get going!!

Wahhch le preguntó si realmente sabía manejar aquella máquina, ella le respondió que ya se las apañaría. Él le preguntó que adonde pensaba ir. Al paraíso, respondió ella, lejos de Virgil, de este agujero, de este infierno.

Wahhch se acercó y subió a su vez.

—You didn’t tell me your name.

—Winona. I’m Winona.

La saludó repitiendo «Winona», luego dijo nuestros nombres, le señaló la carretera y le sugirió que pusiera rumbo al oeste y que no se detuviera hasta agotar el depósito de carburante.

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