Ánima
I Bestiæ veræ » Sciurus carolinensis
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Sciurus carolinensis
En la gran charca de la primavera, el manto blanco hace que parezcan negros los troncos de los árboles del parque de las fuentes. Todo rezuma en la gran charca de la primavera. ¿Cómo comer? ¿Qué comer? Reservas esparcidas, extraviadas. Agarrada a la corteza de un arce, lo observo desde lo alto, mientras chupo los trozos que he arrancado para absorberles la savia. En la gran charca de la primavera, sentado en un banco del jardín en deshielo, mete la mano en el bolsillo de su abrigo. Arqueo el lomo, esperando recibir algún alimento, nueces o brotes, pero nada. Necesito comer. Bebo la savia del arce, pero ya no me basta y no veo pajarillos que pueda devorar. Nada, absolutamente nada en esta gran charca de la primavera. Se lleva a la oreja un objeto, habla.
Con el coroner Aubert Chagnon, por favor / Wahhch Debch / Gracias.
Buenos días, coroner, soy Wahhch / Quería saber cómo va la cosa/OK/ ¿Pero están avanzando? / ¿Van a echarle pronto el guante?
Un perro en la gran charca de la primavera. Pelaje reluciente sobre la nieve deshecha, avanza con la lengua colgando por el manto blanco del jardín de las fuentes. Arqueo el lomo. Me mira fijamente. Ladra, tira de la correa, recupera la libertad y sale disparado hacia mí. De un salto, con la agilidad propia de las de mi raza, alcanzo la rama superior. Seguir a lo largo del cable metálico, saltar hasta la cima del abedul cuya inclinación permite un descenso controlado hacia las ramas inferiores y luego, dando la vuelta al tronco, clavar de un solo gesto mis garras retorcidas, detenerme a varios metros del suelo, aplastar mi cuerpo contra la corteza del árbol cuyo blanco deslustrado se confunde con mi piel. El perro, confundido, salta, ladra, se revuelca en la nieve deshecha, rabia y se enrabia con los silbidos de su dueña.
En la gran charca de la primavera, se lleva la mano a la oreja, da vueltas sobre sí mismo y habla.
No estoy seguro de que pueda entenderlo / No, no puede / Usted no puede, ¿cómo quiere entenderlo, qué quiere entender, qué hay que entender? Los mataron a los dos a cuchillazos, estando él en el vientre, ¿puede imaginar eso? Quiero decir que, en mitad del fuego, usted ve cómo su piel se derrite pero no siente nada, cómo quiere entenderlo / Tengo que ver la cara del tipo que le hizo eso / No lo entiendo / Han hecho un retrato robot, han difundido sus rasgos, tienen todas sus huellas dactilares, su sangre, su esperma y millones de informes de autopsia / Me importa una mierda / Me importa una mierda / Necesito ver su cara / ¿Kahnawake? ¿La reserva india? / Nunca he estado allí, pero sí, ¿por qué? / ¿Cómo? / ¿Por qué la policía no va a buscarlo? / Espere, ¿me está diciendo que la policía federal no puede entrar en una reserva india para detener a un asesino? / Yo alucino / ¿Qué hacemos entonces? / Porque todo es tan irreal, sin punto de vista posible, una borrachera infinita con paredes que giran y se desplazan y una acera de algodón bajo mis pies. Tengo la sensación de que ya no se trata de mí, como si la realidad hubiese perdido su adherencia, su pegamento. Quiero decir que estoy empezando a dudar. Hoy no he podido resistirme, he vuelto a pasar por delante del piso, convencido de que me iba a cruzar con ella. He jugado a entrar en casa para ver si la encontraba. He jugado y sabía que jugaba pero no podía parar. Es como si el tiempo resbalase por esa piel de plátano que usted llama «el día de su muerte», y todo volviera a empezar de nuevo, y cuando intento encontrar alguna cosa, una cara, una mano, algo que mande a paseo toda esta pesadilla, no encuentro nada, o encuentro mi propia cara, mi propia mano, y es terrible porque durante un segundo, un segundo más veloz que mi pensamiento, me digo que he sido yo el que la ha matado, soy yo el asesino y por eso aún no lo han detenido, soy yo el que le clavó y clavó y clavó y volvió a clavar el cuchillo en el vientre antes de eyacular en la herida, entonces me siento en la cama y espero a que se me pase, pero no se me pasa porque todo me parece posible, me parece plausible, por eso, si usted me muestra una cara y me dice Este es el que lo ha hecho, existe la posibilidad de que encuentre algo que me convenza de que realmente no he sido yo quien la ha matado / Eso lo dice usted / Se lo cuento a usted porque ha sido el único que me ha hablado con una voz que no era la de la piedad, sino la de una especie de humanidad compartida. No tengo duda de que usted es el único que puede entenderme, porque es el único que no me conocía antes, antes de todo esto, antes de la muerte de Léonie, el único que me habla en presente / Espero que lo detengan, sobre todo si saben dónde se esconde / ¿Sabe su nombre? / Sí, el del asesino, ¿sabe usted su nombre? / ¿Welson Wolf Rooney?
Aparta la mano de la oreja y enmudece. Se queda de pie. Mete la mano en el bolsillo de su abrigo. El perro corre, sale disparado hacia una de mis congéneres que está ocupada en escarbar el suelo con la esperanza de recuperar alguna provisión enterrada durante el buen tiempo. El perro la persigue, mi congénere sale pitando. Salto al agujero abandonado y encuentro una mezcla de bellotas, nueces y avellanas peladas. Cojo tantas como puedo y me largo de allí, dejándolo solo, de pie, en la gran charca de la primavera.