Ánima
II Bestiæ fabulosæ » Larus argentatus
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Larus argentatus
Atravesaron el gran dormitorio de coches, ajenos a la cohorte matutina de hombres y mujeres. Él caminaba sin evitar los charcos de la lluvia. A su lado iba otro hombre, un perro los seguía. Levantó la cabeza para ver pasar las nubes. Vio mi vuelo y yo vi su locura. Con eso tuve suficiente. Dibujé un gran círculo sin batir las alas ni una sola vez, lancé un grito de alerta, ¡Aillak! ¡Aillak! ¡Aillak!, y adopté una ligera inclinación para que el viento me arrastrara hasta la superficie del río, pero el resplandor del agua no consiguió borrar el recuerdo de su cara, grabada en mis retinas como el cerco encarnado que se imprime sobre las cosas cuando se mira demasiado al sol.