Ánima
III Canis lupus lupus » Arabia, Arizona
Página 144 de 154
Arabia, Arizona
Él abrazó a su hermana «Najma, Najma», ella abrazó a su hermano «¿Qué pasa? ¿Qué tienes?». Él no respondió, repetía «Abrázame, abrázame» y lloraba, la abrazaba, le acariciaba la cara, le acariciaba el pelo, le besaba las manos, se arrodillaba, le abrazaba las piernas «Hermanita, hermanita». Ella también se arrodilló y, repitiendo su nombre, con dulzura, con ternura, Wahhch, Wahhch, hermanito, hermanito mío, consiguió tranquilizarlo. Me acerqué, pegué mi cabeza a su espalda. Recuperó el uso de la palabra. Estábamos sentados sobre un terraplén, junto a la autopista por la que pasaban aullando los coches.
—¿Tú te acuerdas del día en que yo llegué a casa?
—Sí. Papá nos despertó. Dijo que había salvado a un niño de la matanza y que ese niño sería a partir de entonces su hijo.
—¿Estaba contento?
—No dejó de ser feliz desde aquel preciso minuto.
—Najma…
—¿Qué?
—Quizá no volvamos a vernos, quizá nos veamos dentro de mucho tiempo, pero no te preocupes, por favor. Puedes estar segura de que la vida será mía de ahora en adelante.
—¿Qué ocurre, Wahhch?
—¡No! Cuida de Nabila. Reconcíliate con ella y haz que hable, ¡oblígala a contártelo todo! ¡Prométemelo!
—Te lo prometo.
—Bésame.
Lo besó. Temblaba, asustada por el estado de su hermano, que ya se levantaba y me ordenaba que lo siguiera.
—¿Adonde vas? Wahhch, ¿adonde vas?
—A hacer el sacrificio de mi alma.