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Hilo largo, pero necesario.

Fanon contra la recuperación cultural.

1. El colonialismo [o la opresión nacional] aniquila la cultura del pueblo que domina: “El dominio colonial, por ser total y simplificador, tiende de inmediato a desintegrar de manera espectacular la existencia

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cultural del pueblo sometido. La negación de la realidad nacional, las nuevas relaciones jurídicas introducidas por la potencia ocupante, el rechazo a la periferia, por la sociedad colonial, de los indígenas y sus costumbres, las expropiaciones, el sometimiento sistemático de

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hombres y mujeres hacen posible esa obliteración cultural”. Sé que el texto cambia algo, pero esta es la traducción que yo poseo.

2. El colonialismo/la opresión nacional, negando la cultura del pueblo oprimido, desea negar al pueblo que oprime: “Se hacen

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todos los esfuerzos para llevar al colonizado a confesar abiertamente la inferioridad de su cultura transformada en conductas instintivas, a reconocer la irrealidad de su nación y, en última instancia, el carácter desorganizado y no elaborado de su propia estructura biológica”.

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3. El colonizado reacciona reclamando el apego a sus tradiciones, siendo ésta la primera manifestación nacional en el plano de la cultura: “La cultura nacional es, bajo el dominio colonial, una cultura impugnada, cuya destrucción es perseguida de manera sistemática. Rápidamente

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es una cultura condenada a la clandestinidad. Esta noción de clandestinidad es percibida de inmediato en las reacciones del ocupante, que interpreta la complacencia en las tradiciones como una fidelidad al espíritu nacional, como una negación a someterse. Esta persistencia de

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formas culturales condenadas por la sociedad colonial es ya una manifestación nacional. Pero esta manifestación obedece a las leyes de la inercia. No hay ofensiva, no hay nueva definición de las relaciones. Hay crispamiento en un núcleo cada vez más estrecho, cada vez más inerte,

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cada vez más vacío”.

4. Estas tensiones o conflictos potencian la reafirmación del particularismo cultural de los pueblos oprimidos. Este tipo de situaciones hace referencia a una etapa primaria del nacionalismo de los oprimidos que es transitoria: “No hay verdadera creatividad,

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no hay efervescencia. Miseria del pueblo, opresión nacional e inhibición de la cultura son una misma cosa. Tras un siglo de dominio colonial se encuentra una cultura rígida en extremo, sedimentada, mineralizada. El deterioro de la realidad nacional y la agonía de la cultura

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nacional mantienen relaciones de dependencia recíproca. Por eso resulta capital seguir la evolución de esas relaciones en el curso de la lucha de liberación. La negación cultural, el desprecio por las manifestaciones nacionales motrices o emocionales, la proscripción de toda

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especialidad de organización contribuyen a engendrar conductas agresivas en el colonizado. Pero esas conductas son de carácter reflejo, mal diferenciadas, anárquicas, ineficaces”.

5. Superada la etapa de pura defensa de las viejas tradiciones, se entra en una etapa de innovación

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cultural: “ En efecto, el progreso de la conciencia nacional en el pueblo modifica y precisa las manifestaciones literarias del intelectual colonizado. La cohesión persistente del pueblo constituye para el intelectual una invitación a ir más allá del grito. El lamento da paso

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a la acusación y al llamamiento. […] Mientras que al principio el intelectual colonizado producía exclusivamente para el opresor, sea para halagarlo o para denunciarlo a través de categorías étnicas o subjetivistas, progresivamente adopta el hábito de dirigirse a su pueblo.

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Sólo a partir de ese momento puede hablarse de literatura nacional. Hay, en el plano de la creación literaria, reformulación y clarificación de los temas típicamente nacionalistas. Es la literatura de combate propiamente dicha, en el sentido de que convoca a todo un pueblo

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a la lucha por la existencia nacional. Literatura de combate, porque informa a la conciencia nacional, le da forma y contornos y le abre nuevas e ilimitadas perspectivas. Literatura de combate, porque se responsabiliza, porque es voluntad temporalizada”.

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"Cada vez que el narrador expone frente a su público un episodio nuevo, asistimos a una verdadera invocación. Se le revela al público la existencia de un nuevo tipo de hombre. El presente no está ya cerrado sobre sí mismo sino amplio. El narrador libera su imaginación, innova,

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hace obra creadora”.

7. En este momento es el opresor el que reivindica la vieja tradición: "El especialista metropolitano, el etnólogo perciben pronto esas mutaciones. En general, todas esas mutaciones son condenadas en nombre de un estilo artístico codificado, de una vida

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cultural desarrollada dentro de la situación colonial”

8. Continua Fanon condenando este tipo de posiciones: “Uno de los errores, difícilmente sostenible por lo demás, es intentar inventos culturales, tratar de revalorizar la cultura autóctona dentro del marco del dominio

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colonial”. Es por eso que la lucha nacionalista, aunque en un primer momento -que puede durar más o menos tiempo, depende esto de múltiples factores- reivindica esa conciencia nacional, y es esta reivindicación y esta lucha revolucionaria la que permite que la cultura se

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desarrolle con innovaciones “La nación no es sólo condición de la cultura, de su efervescencia, de su continua renovación, de su profundización. Es también una exigencia. Es, en primer lugar, el combate por la existencia nacional lo que levanta el bloqueo de la cultura, lo que

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le abre las puertas de la creación. […] Hemos seguido, pues, el quebrantamiento cada vez más esencial de los viejos sedimentos culturales y hemos percibido, en vísperas del combate decisivo por la liberación nacional, la renovación de la expresión, el arranque de la imaginación”

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9. “Hemos seguido, pues, el quebrantamiento cada vez más esencial de los viejos sedimentos culturales y hemos percibido, en vísperas del combate decisivo por la liberación nacional, la renovación de la expresión, el arranque de la imaginación”. Dicho de otro modo: la lucha

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revolucionaria nacionalista TRANSFORMA la cultura: “Queda por plantear una cuestión fundamental. ¿Cuáles son las relaciones que existen entre la lucha, el conflicto -político o armado- y la cultura? ¿Se suspende la cultura durante el conflicto? ¿Es la lucha nacional una

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manifestación cultural? ¿Hay que afirmar, por último, que el combate liberador, aunque fecundo a posteriori para la cultura, es en sí mismo una negación de la cultura? ¿Es o no la lucha de liberación un fenómeno cultural? Creemos que la lucha organizada y consciente emprendida

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por un pueblo colonizado para restablecer la soberanía de la nación constituye la manifestación más plenamente cultural que existe. No es únicamente el triunfo de la lucha lo que da validez y vigor a la cultura, no hay amodorramiento de la cultura durante el combate.

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La lucha misma, en su desarrollo, en su proceso interno desarrolla las diferentes direcciones de la cultura y esboza otras nuevas. […] Esta lucha, que tiende a una redistribución fundamental de las relaciones entre los hombres, no puede dejar intactas ni las formas ni los

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contenidos culturales de ese pueblo. Después de la lucha no sólo desaparece el colonialismo, sino que también desaparece el colonizado”.

Fanon, sin ser leninista, enetndió que las regresiones culturales no tenian sentido y que la exaltación de la cultura nacional propia sólo

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podía tener sentido en cierta etapa del mov nacional de la nación oprimida, porque la cosa va de promocionar valores universales, de erradicar al opresor y al oprimido, derrumbando la cerrazón identitaria (la sustancialización del pasado, diría en otra obra).


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