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El problema de la mayoría de críticas que leo hacia el concepto de proletarización es que tienden a vulgarizar su significado y transformarlo en una cuestión individual (y por extensión al grupo), en vez de entenderlo como un movimiento de la sociedad en su conjunto.
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El proceso de proletarización no significa que las clases medias se arruinen y caigan de lleno en aquello que llamamos proletariado, como se habitúa a pensar. La tesis de proletarización entendida así es fácil de atacar, al igual que es fácil acusar al proyecto que la sostenga
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de ser una reacción de la clase media ante su inminente "proletarización". Lo que significa, en realidad, es que las condiciones de la sociedad internacional que permitían que en algunos países hubiese asentada una clase media de forma estable, un sector de trabajadores con
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condiciones laborales que le permitían ser algo más que una clase que no tenía nada que perder salvo sus cadenas, la expectativa de ascenso social, la posibilidad de la pequeña burguesía de lograr una buena posición en el mercado, unas generosas prestaciones públicas, etc.
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Todas estas condiciones, digo, están siendo socavadas. Comprender esto simplemente como el resultado de la crisis de acumulación en términos vulgarmente reducidos a "objetivos", es decir, como el resultado de una crisis económica que ya no permite que haya buenos sueldos, buenas
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condiciones de crédito y buenas salidas a capitales pequeños, supondría entender todo este fenómeno de forma muy restringida. Desde los años 70 se está produciendo un estancamiento secular del crecimiento económico, debido a la perdida de peso de su motor
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por excelencia, la industria, que no está siendo amortiguado por ninguna relocalización de este sector ni compensado por un aumento relativamente débil de la productividad. Esto limita en términos de distribución absoluta el reparto del pastel, tanto para la pequeña burguesía,
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como para los trabajadores. Aparejado a este estancamiento se está dando un descenso relativo de la participación del trabajo en los beneficios empresariales. Esto se da, en gran parte, por la pérdida de poder colectivo de los trabajadores frente al poder de mando del capital.
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La desaparición del movimiento obrero, la premisa del comunismo de nuestros tiempos, es una de las grandes causas del proceso de proletarización. Esta pérdida de poder de los trabajadores no debe entenderse, por tanto, como un factor que impide que este proceso pueda ser parado,
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sino como factor activo que contribuye al proceso. Entonces, ¿es la proletarización únicamente un fenómeno de esta crisis coyuntural? No, en absoluto. ¿Significa que las clases medias caen en el proletariado? En todo caso, esto no sería sino uno de tantos fenómenos.
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Grosso modo, aquello que la conciencia burguesa llama empobrecimiento, la teoría comunista lo llama proletarización. Todo esto tiene implicaciones estratégicas fundamentales. La existencia de una clase media asentada en muchos países era la base sobre la que se sostenía el
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correlato de un mundo sin clases, compuesto de ciudadanos ricos y pobres, correlato de toda política burguesa. Este imaginario sigue y seguirá vivo durante un tiempo, pero su tendencia a la disolución, unida a lo que los comunistas podamos acelerar, abre un escenario donde el
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discurso de clase, que ha fracasado sin parar desde hace décadas, pueda volver a tener su sitio. En segundo lugar, el descenso en la capacidad de resistencia de la pequeña burguesía ante la amenaza del gran capital internacional va a incentivar la política nacionalista
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anti-globalista, que ya llevamos unos años observando y que se ve reforzada por la posición xenófoba de sectores de trabajadores ante la "amenaza" del inmigrante (que "nos quita el trabajo" y "produce una baja en los salarios"). Estos factores son caldo de cultivo para el auge
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de políticas neofascistas y ultranacionalistas que ya estamos viendo. Además, el control de las crisis sociales ya no puede darse tan fácilmente por la vía pacífica (la de las prestaciones, las subidas de salarios, etc.), por lo que estamos viendo un refuerzo sin precedentes del
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ejecutivo, sobre todo en aquellos países más proclives a las protestas (Francia). Por tanto, a la incapacidad de subordinación por consenso, le corresponde la deriva autoritaria del Estado. La política de la izquierda, de la contención del conflicto de clase, se diferencia cada
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vez menos de la política de la derecha. El problema para la izquierda es que la derecha puede hacer su política de forma más eficiente, porque la socialdemocracia tiene compromisos "progresistas" que dificultan la aplicación de esa política sin miramientos.
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Además, la socialdemocracia cada vez puede ofrecer menos, porque el parlamento no es un sitio donde se haga política, sino una sucursal del dominio internacional del capital donde solo se puede hacer una política económica muy restringida. Por eso solo pueden ofrecer marketing
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político: nuevas plataformas, nueva siglas, nuevas caras, "esta vez sí", etc. (un marketing que cada vez funciona peor, porque pese al paternalismo de izquierdas, la gente no es tonta, no se abstiene o vota a la derecha por incultura). El descontento que trae todo este escenario
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no significa que se vaya a transformar automáticamente en conciencia de clase, sino la apertura de un escenario realista para la disputa entre la política nacionalista de la clase media, la política cosmopolita del gran capital y la política internacionalista de los trabajadores.
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Este escenario favorable era débil hasta ahora. El triunfo de las posiciones reformistas no se debían al "revisionismo", a la ausencia de la teoría verdadera o a que hacía falta más práctica o base social. Todo eso eran efectos, resultados, y no las causas del problema.
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Así, esta incapacidad de los representantes imaginarios de los trabajadores de ofrecer algo diferente a lo que ofrece la derecha, unido a su creciente incapacidad de crear esa unidad desde arriba que constituye el parlamentarismo socialdemócrata, al que le falta su sustancia, el
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movimiento obrero, abre la posibilidad de generar esa unidad desde abajo y por oposición: la organización del poder colectivo de los trabajadores sobre la base de un mundo que ha cambiado sustancialmente. La independencia de clase ya no tiene excusas para los compromisos.
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