¿Verdad o te atreves?

¿Verdad o te atreves?

Eva María Guerra González
AP

Tomado de Waslalas


Relatos sobre el 11J en voces de mujeres cubanas (I)


Algún intento de explicar la fotografía la refiere como imagen del presente que, una vez tomada, inmediatamente se convierte en pasado. El domingo fue eso, el presente y el pasado a la vez, sin transferencias, sin procesos, sin pausas. Fue la inmovilidad de la foto y también la nuestra.

Una veintena, número optimista que seguramente ha impuesto la memoria, soñadora de reconciliaciones y amores libres, descendía por San Lázaro. En ascenso venían cientos, con sueños también, vueltos piedra y palo por lo áspero de lo cotidiano y la desmemoria; con tantos palos que te dio la vida.


Minorías, en ese lapso de segundo que fue cruzar proyectos múltiples, caminos todos, que no condujeron a Roma sino adentro, a ese lugar visceral donde se siente pánico atroz, rabia o amor. El río de gente vomitado calle arriba supo fraccionar y convertir en 5 lo que ya era escaso. Marginadas por los agravios escupidos sin nasobuco, los tirones, las amenazas misóginas, silenciadas a la fuerza, espantadas con la frase “vamos a matar comunistas”; en la esquina, sobrevivieron 2 puños izquierdos en alto.


Se alejó la avalancha de fuego, dejando a su paso chispas dispersas en balcones y aceras que intentaban incendiar ese océano que se preveía, pero que aún no lograba encontrarse. El desconcierto era la única certeza, había que acompañarlo del instinto, que algun@s llamarían, de supervivencia. Las calles de Centro Habana se habían convertido en laberintos circulares, que transformaron la tan manida receta: “vaya siempre a la derecha y encontrará la salida”, en, cuando menos, peligrosa.


En algún tiempo, que siempre estuvo después y fueron años, hubo much@s que compartieron el mismo horizonte, y el calor de ese abrazo, la seguridad de no caminar sol@s; descendieron poco a poco la adrenalina que fluía en forma de taquicardias y transpiración. En ese embrión de calma todo parecía devastado; las calles se mostraban desnudas, violadas de pueblo enceguecido. Vidrios, piedras, palos, los del inicio que habían devenido en final.


Un parque asistió el cansancio del desamor y los monólogos, y esa incógnita gigante sobre el país que se quiere. Cuando brotaron las lágrimas y el miedo, vino la del país que se puede, que no ha de ser con todos, pero sí para el bien de todos. El país que se quiere es con ese pueblo también y para él, pero el que se ha podido no l@s ha priorizado, correspondido a sus expectativas, acunado. El país que se quiere tiene al socialismo, la igualdad, la solidaridad, el amor, el diálogo, la diversidad como praxis transformadora; el país que se ha podido l@s ha obstaculizado con burocracia, machismo, racismo, corrupción, conservadurismo, autoritarismo.


El país que se tiene está lejos de ser perfecto, yerra, se corrige, tarda, reincide. El país que se tiene muchas veces es sordo, se enquista en sus verdades, se atrinchera en sus pretextos. El país que se tiene, a veces atenta contra sí mismo y su Proyecto Socialista, que siempre excedió a las instituciones que lo contienen y hoy le grita que se deje acompañar, que es “Nuestra Hora”, como ese poema de Pedro Casaldáliga.


Es tarde

pero es nuestra hora.

 

Es tarde

pero es todo el tiempo

que tenemos a mano

para hacer el futuro.

 

Es tarde

pero somos nosotros

esta hora tardía.

 

Es tarde

pero es madrugada

si insistimos un poco.

 

¿Verdad o te atreves? Ese juego que ha de ocupar los encuentros de l@s adolescentes que la calle sorprendió hoy, de esa edad en la que no se puede hacer frente en el lenguaje al monstruo de los deseos, fue la pregunta de veinte frente a cientos en San Lázaro. Verdades hay muchas, y siempre son individuales, pero atreverse es un acto colectivo desde que le devuelves al otro el poder deseante. Atreverse implica que otr@ participe, acompañe, asegure. Atreverse con amor, es un acto revolucionario.  


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