Un hombre que vive en muchos
Cimarronas
🖋 Kenny Fowler
Cae la tarde o nace la mañana y ves la silueta de un hombre a caballo. Fuerte, grácil, viejo, alto. No sabes si es un hombre o es la montaña. Comienza a bajar y quieren pararlo, uno, dos, tres, veintisiete intentan pararlo. ¿Acaso no saben que ese hombre es indestructible? Sigue, y se le unen muchos otros. Ahora ya no parece un hombre, parece un faro.
Y ahora estás más intrigado. ¿Quién es este hombre? ¿Quién es este hombre que lleva en su espalda el peso de siglos de esclavitud? ¿Qué tiene ese brazo capaz de ultimar a los injustos y despertar a los dormidos? Cabalga y la tierra cruje a su paso. Te das cuenta de que ese hombre no es de carne y hueso, es de metal.
Se acerca, te muestra un caballo sin jinete y te convida a la lucha. Montas. Pero no te confundas. No lo confundas con un mero gladiador. Este gladiador habla de independencia, de soberanÃa, de derechos, de realización, de paz. Te das cuenta ahora de que es en su cabeza donde reside el poderÃo.
Y recuerdas. Ya habÃas visto a este hombre antes. Lo viste, sÃ, siendo verdugo de españoles que no querÃan más que sumisión para la isla; lo viste en Baraguá, en Duaba, en el Cacahual. Pero lo recuerdas también siendo el azote de Machado y fundando el Partido Comunista. Lo recuerdas cayendo en El Morillo, atacando el Palacio Presidencial y el Mocada. Lo recuerdas en La Sierra, lo recuerdas en Haydée, Vilma y Melba en el clandestinaje. Lo recuerdas en Baire, en Yaguajay, en Santa Clara, en 23 y 12, en el Congo, en Bolivia, en Angola y en la ONU. ¿Quién es este hombre? ¿Cómo vive en tantos tiempos y en tantos hombres? ¿Cómo es que nació en 1845, un 14 de junio y todavÃa no ha muerto?
¿Quién es este hombre, que es bronce y también es viento? No te confundas.Â
Este hombre es Antonio Maceo.