Tres meses
Capítulo 12
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—También estoy bien en ese aspecto, gracias de nuevo.
—Ross —esta vez, ya sonó enfadada de verdad—.
Vuelve al otro sofá.
Solo si vienes conmigo.
—¿Acaso molesto? —me llevé una mano al corazón.
—Sí.
—¿Te molesto, Carter?
—Curtis —me dijo, y parecía ligeramente divertido.
—Ah, sí. Connor.
—¡Es Curtis! —se irritó Jen—. Y sí, moestas. Vete.
—Él acaba de decir que no —prortesté.
—No... —empezó el chico, incómodo—. Yo no... eh...
—Ross —Jen estaba empezando a temblar de cabreo.
—Venga, Ross —Naya me sonrió, divertida—. ¿No tienes ninguna película que ir a supervisar o algo así?
La verdad es que prefería supervisar a la insipiración de mi primer guión, pero no quería recibir una bofetada.
Justo cuando iba a apartarme, noté que el chico me miraba.
—Un momento... ¿eres Jack Ross?
Le puse mala cara, extrañado.
—Sí.
—¡Soy muy fan de tu trabajo!
Sonreí cuando vi que Jen me ponía los ojos en blanco, exasperada.
—¡Estaba en el primer festival en el que estrenaste la película! —añadió su amigo—. De hecho, no sé cómo no te he reconocido. Bueno... Jenny a veces te llama Jack y, eh...
Necesitaba que dejara de llamarla Jenny urgentemente o iba ahogarlo con un cojín.
—¿Puedo llamarte yo también...?
—No.
—Vale —enrojeció—. Es un placer, de verdad. Soy muy fan de tu trabajo, Ross.
Me vi obligado a apretarle la mano sin decir nada.
—Dentro de poco estrenas la película en la ciudad, ¿no? —preguntó.
—En tres semanas —exclamó Naya.
—Ya tengo la entrada comprada, así que... —miró a Jen—, supongo que es un poco tarde para invitarte.
Mejor. Que no viera la estúpida película.
—Qué lástima —sonreí.
—No quería ir —me espetó Jen, malhumorada.
Su amiguito desapareció por el pasillo, pero me importaba bien poco lo que hubiera ido a hacer. Mientras desapareciera... estaba conforme.
Y, justo cuando lo pensaba, esquivé instintivamente un cojín que Jen me había lanzado a la cabeza.
—¿Qué...?
—¡Deja de incordiarle!
Ah, eso.
—¡No lo estoy incordiando!
—¡Estás siendo un...!
—Bajad la voz u os oirá —nos dijo Naya, repasando sus apuntes.
Jen volvió a señalarme, enfadada.
—Has dicho que no lo espantarías —me dijo en voz baja.
—¿Qué estoy haciendo para espantarlo? —volví a hacerme el inocente, también en susurros.
Ella me puso mala cara y le devolví el cojinazo a la cara, o lo intenté, porque lo atrapó al aire.
—¡Para empezar, sabes perfectamente que se llama Curtis!
—Oh, pobrecito. Seguro que llora una semana porque no me acuerdo de su nombre.
—¡Y estás haciendo que se sienta incómodo!
De nuevo, el cojín me voló a la cabeza. Conseguí atraparlo antes de que llegara a su objetivo.
—Pues le caigo mejor que tú —sonreí ampliamente.
El cojín voló hacia ella.
—¡No es verdad!
Voló hacia mí.
—¡Sí es verdad, es mi fan!
Voló hacia ella.
—¡Seguro que solo lo ha dicho para quedar bien y tu peliculita es una... mierda!
Voló hacia mí.
—Mi peliculita es lo mejor que verás en tu vida. Ah, no, que no estás invitada para verla.
Voló hacia ella.
—¡Pues me la bajaré gratis por internet!
Voló hacia mí.
—¡Eso es ilegal!
Voló hacia ella.
Y justo en ese momento tuvimos que parar porque su amiguito volvió, diciendo algo que tener que irse. Jen sonrió lo se levantó para acompañarlo a la puerta.
En cuanto él no miró, me estampó el cojín en la cara.
Yo, claro, se lo tiré al culo.
No podía tener mejor objetivo que ese.
Cojín afortunado...
En cuanto hizo un ademán de devolvérmelo, se detuvo en seco y se lo escondió tras la espalda porque su amiguito se había dado la vuelta hacia nosotros para despedirse.
—Ha sido un placer conoceros, chicos.
—Igualmente —le dijo Naya.
Sonreí con toda la educación que pude reunir, que fue poca.
—Sí, te echaremos de menos, Craig.
En cuanto Jen pasó por detrás de mí para acompañarlo a la puerta, se detuvo un momento para hundirme bruscamente el cojín en la cara. Empecé a reírme al sujetarlo.
Los miré con los ojos entrecerrados mientras se despedían. Casi esperaba un beso. Pero no, solo se dieron un abrazo y el amiguito se marchó. Eso no debería haberme aliviado tanto como lo hizo.
Jen volvió y empezó a recoger sus cosas echándome miradas de amor puro y duro cada vez que tenía que apartarme para recoger algo más. Yo estaba extrañamente encantado con la situación.
—Te odio —masculló de camino a la habitación.
—Gracias.
Se detuvo y me entrecerró los ojos.
—Eres un inmaduro.
—Oh —me llevé un amano al pecho—. No me hagas llorar.
—¡El pobre Curtis no querrá volver a venir!
—Qué pena que tu amiguito no quiera volver a venir.
—Yo no montaría una escena si entraras con una amiguita tuya.
¿A qué venía eso de mis amiguitas? Si ni siquiera me había acostado con nadie en un maldito año.
—¿Alguna vez me has visto con una amiguita?
—Como sea —se irritó—. Inmaduro.
—Pesada.
—Idiota.
—Pesada.
—Capullo.
—Pe-sa-da.
—¡Imbécil!
—¿Acaba de decirme que me quiere, Naya?
Ella sonrió como si entendiera perfectamente la situación.
—Yo creo que no quiero meterme en esto.
—Yo creo que sí me ha dicho eso.
—Idiota —insistió Jen.
—Pesada.
—¡Ugh, te odio!
—Yo también te quiero, pesada.
Sonreí cuando se dio la vuelta, cabreadísima, para ir a la habitación. Sin embargo, se detuvo de repente para mirarme con expresión malévola.
—Pues que sepas que esta noche he quedado con él.
Dejé de sonreír al instante.
Jen 1 - Jackie 0
Cállate.
Puse mala cara a Naya cuando ella se encerró en la habitación. Naya me devolvió la mirada, solo que parecía bastante divertida.
—Sabes que solo lo ha dicho para ponerte celoso, ¿no?
—Yo no estoy celoso. Solo... pensativo.
—Ajá —sonrió.
—Dios, no empieces a hablar así. Ya tengo más que suficiente con un Will en mi vida.
Ella repiqueteó un dedo sobre la mesa, divertida.
—Ese te quiero ha sido muy tierno, Ross.
Fruncí el ceño al instante, a la defensiva.
—Ha sido una broma.
—Y entre broma y broma... la verdad asoma.
Volví a ponerle mala cara.
—Mejor sigue repasando apuntes por un ratito —musité.
Ella seguía pareciendo divertida cuando volví a mi sofá y abrí el portátil de nuevo, tratando de centrarme.