Tomado de: “El Salto en papel”

Tomado de: “El Salto en papel”

Cimarronas



Agustina (1891) fue una revolucionaria, intelectual, escritora y política granadina. Autodefinida como feminista, sintió desde muy joven el significado de ser mujer cuando, tras la muerte de su madre, se vio abocada a convivir con sus tíos y hermanos mayores. Vigilada por ser una lectora insaciable, escapaba de las densas celdas del patriarcado vistiéndose con las ropas masculinas de sus hermanos, haciéndose pasar por hombre para, así, disfrutar de la libertad que tanto apreciaba. Interesada en astronomía y ciencia, escribió textos, pintó cuadros y hasta teorizó sobre el lenguaje, la teosofía, el género y la sexualidad. Amiga de García Lorca y muy próxima a los círculos socialistas, llegó a presentarse a las elecciones generales de 1933 por el Partido Entero Humanista.

Soltera, sin hijos, y conocida por proclamar sus credos progresistas en las barras de los cafés granadinos ante los ojos de quienes la tenían por “loca” (el término históricamente utilizado para las mujeres librepensadoras, insumisas y transgresoras), fue apresada y encarcelada por “desequilibrada”, “trastornada”, y por sus “ideas marxistas” a manos de los sublevados en 1936. El fascista Juan Luis Trescastro, tal y como recogió Ian Gibson en “El asesinato de García Lorca”, se vanaglorió de asesinar a Lorca “por maricón, y a la Zapatera, por puta”, en referencia ésta última a Agustina González.

Como nadie reclamó su cuerpo —hoy todavía desaparecido—, Agustina pasó a la historia con el traje de las invisibles, pero no de las olvidadas: además de los y las investigadoras que han rescatado su nombre, Lorca, su amigo, la reivindicó y homenajeó en vida a través de “La zapatera prodigiosa”, guiño al oficio que Agustina desempeñó en la zapatería familiar donde, más que vender calzados, difundía su obra y su pensamiento a bombo y platillo.



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