Sueños de septiembre

Sueños de septiembre

Cuentos de terror


Como cada día, desperté en esta mañana de septiembre con un recuerdo ambiguo en mi mente, con imágenes que no sé interpretar. Solo cuando realmente les presté atención, me di cuenta de que debía apresurarme para llegar al colegio. O quizás, ¿desearía quedarme fuera de él? —pensé.

He pasado la mañana entera sin prestar atención a las clases, porque los recuerdos del sueño de anoche aún me persiguen: una luz azul que cubría mis ojos, personas alrededor hablando —aunque no entendía de qué—, una sensación de desesperación y el deseo de pronunciar alguna palabra, pero sin lograrlo. No pude ahondar más en el sueño, pues mamá me despertó como siempre por las mañanas.

En el recreo, le comenté a una amiga sobre el sueño y ella respondió en broma: "De seguro, te vas a morir". Al principio sonreí, pero luego le pedí que fuera seria, porque realmente quería encontrarle sentido. Para mí, este tipo de sueños es casi normal. Los he tenido en los últimos años: acciones enigmáticas, elementos escondidos o poco comprensibles, apariciones espectrales, en fin, rarezas desconcertantes.

Mi amiga me dio algunos datos sobre los sueños, cómo interpretarlos correctamente o las acciones específicas que tienen significados concretos. Yo, hace algún tiempo, también había investigado sobre este tema y pude entender lo que me decía. A pesar de varias especulaciones que hicimos, le confesé que me sentía muy inquieto, porque este tipo de sueños hacía tiempo que no se me presentaban y siempre que lo hacían, algo extraño o malo pasaba. Luego de unos minutos, el recreo terminó y me dirigí a mi aula, aún algo intranquilo por la conversación, pero quise olvidarlo por un momento y relajarme. Y así lo hice.

Después de un día de clases casi normal, regresé a casa y, como de costumbre, almorcé y hablé con mis padres sobre cómo había ido el día y otras cosas típicas. En medio de la conversación, toqué el tema del sueño que había tenido la noche anterior. Y recordé que mi padre me había contado que, hace mucho tiempo, cuando él tenía más o menos mi edad, le solía suceder lo mismo. Él también tenía sueños que al final terminaban siendo reales, pero a él no le preocupaban, o al menos no eran como los míos, tan raros. Por otro lado, mamá también había experimentado algo así hace tiempo, pero tampoco había pasado a mayores. Me dijo: “Simplemente, ora por las noches antes de dormir”. Ya me lo había dicho antes, cuando comencé a contarle lo que me sucedía. No puedo negar que en aquel entonces funcionó bien. No sé si fue cuestión de fe o alguna otra razón, pero funcionó, y con eso me bastaba.

Sin embargo, íntimamente creo que todo es psicológico, a pesar de que he escuchado a personas mayores decir que esas cosas se relacionan con lo religioso y las malas energías. Son argumentos que no hacen más que asustar a la gente, en vez de servir de apoyo. Es verdad que, a veces, lo que me ocurre sobrepasa lo lógico y llama demasiado la atención, resultando inexplicable, como muchos de los casos que circulan por internet. Pero ¿qué hago con algo así?, ¿de qué me sirve si no encuentro la forma de darle sentido a esto que me acompaña desde hace tiempo? Es una especie de visitante temporal.

Cuando algo malo se avecina, dormir para mí no es la mejor opción. Ver imágenes que divagan por mi mente a la mañana siguiente, con la preocupación de querer entender la enredadera o contárselo a alguien de confianza, pero igual sin entender, sigue siendo como dar vueltas en círculos. Inicio en un punto, sigo con la rutina y las mismas cuestiones de siempre, pero regreso al mismo punto de partida. ¿Qué más da? Al final, uno se acostumbra a las anormalidades del cuerpo humano. Tenemos una naturaleza incomprensible, que se forma de nuestras propias acciones, pensamientos e ideas. O al menos eso creo saber.

Pasan los días y no he vuelto a tener ningún sueño que se conecte con el de aquella noche. Eso me sorprende, porque los sueños con la misma temática suelen ser seguidos. Y sigo preguntándome qué significa todo esto. Los sueños no son siempre directos, es decir, no le sucede algo malo directamente a quien los ha tenido. Al menos en mi caso no. Ese es el mayor enigma... Se presentan de manera extraña, tengo que examinarlos detalladamente y encontrar un elemento clave que me ayude a descifrar sobre quién tratan. Quisiera que todo sea simple y rápido, pero no. A veces, la conciencia humana también requiere de un esfuerzo para comprender lo que pasa. No todo es claro como el agua. Y si así fuese, no quisiera que siempre simbolice un mal contexto. Aún recuerdo que, una vez, alguien me dijo que no los asociara con situaciones negativas. Pero ¿cómo sería capaz de hacer eso? ¿Habrá alguna forma de que, si estás desesperado o necesitas ayuda en un sueño, no signifique literalmente algo malo? ¿Será acaso mi percepción negativa lo que me lleva a esto? O simplemente es mi mente, mis interpretaciones o una coincidencia con lo que ha de pasar en la vida real. Eso sí me ha venido a la mente para darle una explicación, que a simple vista parece normal, pero ¿hasta qué punto lo es si es tan sensorial lo que veo mientras duermo?

No quiero complicarme más, porque cuando algo malo te sigue —que puede ser el caso—, puedes recurrir a lo que los mayores llaman limpia espiritual; por cierto, hace tiempo que no me someto a una. Por los antecedentes raros en mi vida, hasta cierto grado las cosas como estas —incluso peores— no logran sorprenderme, pero sí inquietarme.

Desde que soy un niño, ese tipo de misterios y rarezas han llamado mi atención. Me fascinaban los relatos de mis abuelos sobre apariciones o sucesos extraños que experimentaba la gente en el campo, donde no había servicio eléctrico como ahora. En las noches, cualquier cosa posiblemente emergía de las sombras para asustarlos. O esos cuentos que iban de boca en boca sin saberse si eran verdaderos.

Quizás, todo eso ha influido en mí, además de mi propia curiosidad que me arrastra a situaciones extrañas, incluso ahora. Realmente, esa es la causa de todo desde mi perspectiva, aunque no lo había reflexionado hasta ahora que estoy escribiendo. Entonces, siento una especie de júbilo al comprender la situación, aunque todavía me parece contundente lo que la vida trae con respecto a lo que crees. Me sorprende cómo todo lo que vivimos se conjuga perfectamente en las casualidades que se presentan en nuestro camino, sin importar si son fieles a nuestras visiones o si son lo que deberían. Todo es cuestión de lo que nuestra mente ponga delante y no de lo que los demás digan.

En fin, mis creencias y vivencias me han marcado de forma subconsciente, de verdad, lo han hecho. Me parecía raro y enigmático lo sucedido, pero he encontrado la forma de entenderlo. Reflexionar la situación desde sus antecedentes es lo esencial y no divagar sobre terrenos poco comprensibles. Ya no me asusta lo que sucede. Hasta cierto punto, está bien salir de la rutina con algo desconcertante.

Y así, me quedo pensando si esto seguirá...

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