Sospechosos
60. Viernes, 12 de julio. La INTERPOL se pone en marcha
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60 - Viernes, 12 de julioLa INTERPOL se pone en marcha
60. Viernes, 12 de julio. La INTERPOL se pone en marcha
Las pesquisas realizadas por la INTERPOL se desarrollaron con celeridad y con especial interés por parte de la policía austriaca.
Enseguida localizaron a toda la banda y confirmaron que los nigerianos eran unos pájaros de cuidado. Las autoridades austriacas y la INTERPOL los tenían en su mira.
Dos de ellos, huidos de Nigeria, vivían en Viena de forma permanente. Tenían negocios, aparentemente aceptables, pero el Gobierno nigeriano les había puesto sobre aviso: se dedicaban realmente al contrabando de petróleo y en Nigeria habían dictado una orden de busca y captura contra ellos. En Viena la estaban estudiando y, por ahora, tenían un permiso de residencia temporal en regla. Por las investigaciones realizadas, tenían dinero y vivían de forma acomodada, pero estaban detrás de unos negocios que no eran limpios, aunque se abstuvieron de informarles sobre los mismos.
Los austriacos se quedaron impactados por la información recibida y se pusieron en marcha de inmediato.
En estos momentos se encontraban en Salzburgo con ellos otros dos nigerianos llegados de Londres que tampoco eran trigo limpio. Scotland Yard los investigaba por falsedad documental y delito fiscal, y según las autoridades nigerianas también estaban en lo del contrabando de petróleo. Los cuatro nigerianos estaban con Carlos Echevarría, aunque no se hospedaban en el mismo hotel.
El dato definitivo, una auténtica sorpresa, fue que un francés de Marsella de origen argelino se encontraba con ellos y acudía a sus reuniones. Este personaje, de apellido Farad, contaba con numerosos antecedentes en Francia y encajaba perfectamente en el tipo de delitos que investigaba la policía vasca.
Cuando los policías con los que hablaron oyeron lo de los intelectuales nigerianos y lo de organizar una temporada estable de ópera en Lagos, les dio tal ataque de risa que tuvieron que colgar y volver a llamar un rato después, disculpándose. Nunca habían oído nada tan gracioso.
Sara y Fabretti, avergonzados, se temían que ya estuviera circulando la historia por toda la policía europea, generando un gran descojono.
De inmediato prepararon una solicitud para que jueces de Bilbao y Madrid ordenaran la detención de todos ellos, explicando con detalle la trama criminal. Pidieron una orden de registro de sus domicilios, habitaciones de hotel, pertenencias, teléfonos y cuentas bancarias. Insistieron en el riesgo de fuga al poseer importantes medios económicos, así como por sus antecedentes policiales y judiciales.
Las policías eran conscientes del riesgo que asumían. Una negativa a declarar o un «no sé de qué me habla» podía dar al traste con sus pretensiones, pero sabían que, si no lo hacían ahora, igual ya no volvían a tener otra oportunidad.
La experiencia de la Ertzaintza les decía que lo más probable es que alguno quisiera salvar su culo y, por lo tanto, largara, además de las pruebas o indicios que pudieran aparecer en sus domicilios, en las cuentas bancarias… La policía austriaca y la INTERPOL estaban de acuerdo.