Sobrenatural

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Epílogo Ser paz

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Epílogo Ser paz

La conclusión que espero que extraigas de este libro es que no basta con cambiar el estado de consciencia durante la meditación. No es suficiente con pensar en la paz y experimentar armonía con los ojos cerrados para luego abrirlos y reanudar las actividades diarias inmersos en estados mentales y corporales limitados e inconscientes. En muchas de las meditaciones colectivas por la paz y estudios mencionados en el capítulo 13, a menudo los niveles de violencia y crimen retornaban al punto de partida cuando los experimentos concluían. Eso significa que debemos sentir y expresar paz a diario, lo que requiere involucrar el cuerpo en el proceso, y que debemos pasar del pensamiento al acto.

Cada vez que transformamos nuestro estado de consciencia y comenzamos el día abriendo el corazón a los estados elevados que nos conectan con el amor por la vida, la alegría de vivir, la inspiración de sabernos vivos, la gratitud ante un futuro que ya ha sucedido y un nivel elevado de bondad hacia los demás, debemos llevar con nosotros, sostener y demostrar esa energía y estado de consciencia a lo largo del día, tanto si estamos sentados como de pie, andando o tumbados. Si lo hacemos así, si expresamos paz en lugar de actuar de una manera predecible y hacer gala de las llamadas reacciones naturales (expresar rabia, frustración, violencia, miedo, sufrimiento o agresividad) ante un acontecimiento negativo que nos afecta a nosotros o al mundo, habremos dejado de contribuir a la vieja consciencia. Cuando rompemos el ciclo y predicamos la paz con el ejemplo, damos permiso a los demás para que hagan lo mismo. Como el conocimiento involucra a la mente y la experiencia al cuerpo, cuando pasamos del pensamiento al acto —y experimentamos las emociones asociadas de paz y equilibrio interior—, cuando de verdad incorporamos la paz a nuestra vida, empezamos a cambiar realmente el programa.

Atenuando esas conductas reflejas y, en consecuencia, evitando recrear experiencias y emociones redundantes, dejamos de activar y configurar los mismos circuitos en el cerebro. Es así como cesamos de programar el cuerpo para que se alimente de las emociones limitantes de la mente. Es así como nos transformamos a nosotros mismos y las relaciones con el mundo que nos rodea. Cada vez que lo hacemos, estamos literalmente enseñando al cuerpo a comprender en el plano químico lo que nuestra mente ya ha comprendido en el plano intelectual. Así seleccionamos e instruimos a los genes latentes que nos ayudan a mejorar y no sólo a sobrevivir. Cuando lo hacemos, la paz está dentro de nosotros y llamamos a la puerta genética para devenir, también en el plano biológico, armonía y coherencia. ¿Acaso no es ésa la idea que todos y cada uno de los carismáticos líderes espirituales, santos, místicos y maestros han venido predicando a lo largo de la historia?

Como es natural, al principio va a requerir cierto esfuerzo de voluntad superar años de condicionamiento automático, hábitos inconscientes, reacciones emocionales reflejas, actitudes preinstaladas y generaciones de programación genética, pero es así como nos convertimos en seres sobrenaturales. Hacer algo que en principio parece forzado implica superar las reacciones ante algún tipo de amenazas que llevamos instaladas de serie o que nos han sido inculcadas socialmente. Estoy seguro de que cualquier ser que se haya separado de la consciencia de la tribu, la manada, el banco o el rebaño para adaptarse a un medio en pleno cambio ha experimentado desazón e incertidumbre ante lo desconocido. Pero no olvidemos que vivir en lo desconocido significa internarse en el reino de la posibilidad.

El verdadero desafío es no retornar al nivel de mediocridad que la consciencia social más generalizada acepta tan sólo porque nadie más se comporta de otro modo. Un verdadero líder nunca busca aprobación. El liderazgo requiere una visión y un cambio de energía —es decir, un nuevo estado de consciencia— sostenidos durante el tiempo suficiente y puestos en práctica con la convicción necesaria como para que los demás eleven su energía también y quieran seguir su ejemplo. Una vez que trascienden un estado de consciencia que los limita y acceden a la nueva energía, atisban el mismo futuro que el líder ha vislumbrado. La unión hace la fuerza.

Después de tantos años enseñando transformación personal, sé que nadie cambia a menos que sea capaz de transformar su energía. De hecho, cuando alguien está realmente comprometido con el cambio, es menos propenso a hablar de ello y más a demostrarlo. Predica con el ejemplo. Eso requiere consciencia, voluntad, presencia y una atención constante a los estados internos. Puede que el obstáculo principal en este trayecto no sea tanto sentirse incómodo como llegar a aceptar que uno se va a sentir incómodo, porque la incomodidad es lo que nos induce a crecer. Nos lleva a sentirnos más vivos.

Al fin y al cabo, si el estrés y las reacciones de supervivencia surgen cuando nos resulta imposible predecir el futuro (cuando creemos o pensamos que somos incapaces de controlar los resultados o que las cosas van a ir a peor), abrir la mente y el corazón a la posibilidad requiere superar años y años de estrategias de supervivencia genéticamente programadas. Si queremos que suceda algo mucho mejor, debemos renunciar a eso mismo que siempre hemos usado para conseguir lo que queremos. Para mí, ésa es la auténtica grandeza.

Y si lo hacemos una vez, si alteramos las redes neuronales que corresponden a la ira, al resentimiento y a la venganza y activamos en cambio aquellas que guardan relación con el cuidado, la generosidad y el apoyo (y, al hacerlo, generamos emociones en consonancia), la próxima vez nos costará menos, y a base de repetir esas elecciones programaremos el cuerpo y la mente neuroquímicamente para que trabajen a una. Cuando el cuerpo aprende a hacerlo, al igual que la mente, el gesto se torna natural, sencillo, automático, una segunda naturaleza. Así pues, si generamos pensamientos de paz y los reflejamos con nuestros actos, lo que antes requería una presencia concentrada se transforma en un programa subconsciente. En ese caso habremos creado un estado de consciencia apacible, nuevo y automático, lo que a su vez implica que la paz vive dentro de nosotros.

Ése es el proceso para memorizar órdenes neuroquímicas internas más poderosas que cualquier circunstancia del medio externo. Poniéndolo en práctica no sólo encarnamos la paz, sino que la conquistaremos, al igual que nos conquistaremos a nosotros mismos y al entorno. Y una vez que las personas suficientes alcancen ese estado de consciencia —una vez que todo el mundo se haya instalado en la misma energía, vibración y consciencia elevada, igual que los bancos de peces o las bandadas de pájaros que se mueven al mismo tiempo—, empezaremos a comportarnos como una sola mente y a emerger como una nueva especie. Ahora bien, si seguimos comportándonos como un organismo canceroso en guerra consigo mismo, nuestra especie no sobrevivirá y la evolución proseguirá su fantástico experimento sin nosotros.

Concédete un tiempo en tu ajetreada vida para invertir en ti mismo porque, si lo haces, estarás invirtiendo en tu futuro. Si el entorno de siempre controla tus sentimientos y tu forma de pensar, ha llegado el momento de tomarte un descanso y mirar hacia dentro para poder revertir el proceso de ser una víctima de la vida y convertirte en creador. Ahora, tras haber leído este libro, sabes que es posible cambiar desde dentro y que, cuando lo hagas, tu transformación se reflejará en el mundo exterior.

En este momento de la historia no basta con saber; ha llegado el momento de ponerlo en práctica. Gracias a la corriente filosófica y los principios científicos de la física cuántica, la neurociencia y la epigenética, ahora entendemos que la mente subjetiva influye en el mundo objetivo. Y como la mente influye en la materia, es nuestro deber estudiar la naturaleza de la mente; las conclusiones extraídas nos permitirán asignar un significado a lo que estamos haciendo. Y habida cuenta de que el conocimiento es el precursor de la experiencia, cuanto más conocimiento tengamos acerca de nuestro propio poder y de la ciencia que explora cómo funcionan las cosas, mejor entenderemos hasta qué punto nuestro potencial, individual y colectivo, es ilimitado.

Como estamos profundizando y ensanchando constantemente el conocimiento que se refiere a la interconexión de todos los sistemas de vida, y como cada uno de nosotros contribuye con su energía al campo de la Tierra, creo que podemos crear y liderar colectivamente un futuro nuevo, armonioso y próspero para este planeta. El primer paso es adquirir el hábito de guiarnos por el corazón, elevar la energía y sintonizar con informaciones y vibraciones de amor e integración. Con esfuerzo e intención, sin duda podremos generar una impronta electromagnética más coherente. Igual que cuando lanzas guijarros a un lago en calma una y otra vez, según elevamos la energía y abrimos el corazón creamos campos electromagnéticos más y más grandes. Esa energía es información, y cada uno de nosotros posee la capacidad de encauzar su energía con la intención de generar efectos no locales en la naturaleza de la realidad.

Cuando encauzamos la energía en cuanto que observadores, consciencia o pensamiento, podemos afectar la materia de manera causal; en otras palabras, literalmente, la mente deviene materia. Si practicamos estos conceptos a diario —transformando un campo de energía basado en emociones de supervivencia en otro más inspirado en la consciencia, la compasión, el amor, la gratitud y otras emociones superiores—, las distintas improntas electromagnéticas se entrelazan. El resultado sería la creación de comunidades unidas, antes separadas por la creencia de que no somos más que materia. Una vez que transitemos de un estado de supervivencia a otro de amor, gratitud y creación, en lugar de limitarnos a reaccionar a la violencia, el terrorismo, el miedo, los prejuicios, la competitividad, el egoísmo y la separación (situaciones que, por cierto, los medios, los anuncios, los videojuegos y toda clase de estímulos se encargan de recordarnos constantemente y forman parte de nuestra programación diaria), nos uniremos durante las crisis. Ya no sentiremos la necesidad de dividirnos, buscar culpables o clamar venganza.

Cada vez que meditamos en comunidad, estamos proyectando una onda de amor y altruismo al mundo entero. Si lo hacemos las veces suficientes, los cambios no sólo serán constatables en la energía y la vibración de todo el planeta, sino también en los acontecimientos positivos que se manifestarán en nuestro futuro.

Para defender la justicia y la paz, pues, debes empezar por encontrar la paz dentro de ti mismo. Debes transmitir paz a los demás, así que no vale defender la paz o declararse pacifista mientras estás en guerra con tu vecino, te peleas con tu colega de trabajo o enjuicias a tu jefe.

Si todo el mundo (y hablo de todo el mundo) escogiera la paz, y si lo hiciéramos todos al mismo tiempo, imagina la clase de cambios positivos que podríamos generar en nuestro futuro colectivo. Se terminarían los conflictos. Y el gesto tendría otro efecto igual de impactante: cuando somos la viva encarnación de la paz, aparecemos ante los demás como seres impredecibles, de modo que nos prestan atención. Gracias a las neuronas espejo (un tipo de células cerebrales que se activan ante los actos ajenos), estamos biológicamente programados para imitar la conducta del prójimo. Ofreciendo un ejemplo de paz, justicia, amor, bondad, cuidado, comprensión y compasión, brindamos a los demás la oportunidad de abrir el corazón y pasar de estados de supervivencia marcados por el miedo y la agresividad a sentirse plenos y conectados. Imagina lo que pasaría si todos entendiéramos hasta qué punto estamos mutuamente unidos en el campo en lugar de sentirnos aislados y separados. Podríamos empezar a hacernos responsables de nuestros pensamientos y emociones, porque entenderíamos por fin cómo afecta al conjunto de la vida nuestro estado de consciencia. Así se cambia el mundo, empezando por transformarse uno mismo.

El futuro de la humanidad no depende de una persona, líder o mesías en posesión de una consciencia superior que nos marque el camino. En realidad requiere el salto a una nueva consciencia colectiva, porque sólo si reconocemos y aplicamos la profunda interrelación de la consciencia humana podremos cambiar el curso de la historia.

Y si bien es cierto que las viejas estructuras y paradigmas se están derrumbando, también es verdad que no debemos afrontar este fenómeno con miedo, rabia o tristeza, porque este tipo de procesos son los que favorecen la evolución y dejan espacio para la novedad. Así pues, deberíamos afrontar el futuro desde una luz, una energía y una consciencia totalmente nuevas. Como ya he mencionado, lo viejo debe caer y desmoronarse para que surja algo nuevo. Y en este proceso es esencial no derrochar energía reaccionando emocionalmente contra los líderes y las personas que tienen el poder. Cuando atrapan nuestras emociones, atrapan nuestra atención, y al hacerlo nos roban la energía. De ese modo, los poderosos obtienen poder sobre nosotros. En vez de eso, debemos defender nuestros principios, valores y fundamentos morales como la libertad, la justicia, la verdad y la igualdad. Si lo hacemos, gracias al poder de la colectividad, estaremos unidos bajo una misma energía de integración en lugar de controlados por una idea de separación. En momentos como éste, defender la verdad deja de ser una cuestión personal para convertirse, a través de la unificación y de la construcción de comunidades, en un asunto universal.

Creo que estamos al borde de un gran salto evolutivo. También se podría expresar diciendo que estamos a punto de vivir una iniciación. Al fin y al cabo, ¿qué es una iniciación sino un rito de paso de un estado de consciencia a otro? ¿Acaso no está diseñada para desafiar la materia misma de la que estamos hechos con el fin de que podamos expresar un mayor potencial? Puede que, cuando comprendamos, recordemos y despertemos a la verdad de nuestra naturaleza, los seres humanos, en cuanto que consciencia colectiva, podamos pasar de un estado de supervivencia a otro de prosperidad. Y entonces podremos expresar nuestra auténtica naturaleza y acceder plenamente a nuestra capacidad innata como seres humanos…, la de dar, amar, servir y cuidarnos los unos a los otros y al planeta Tierra.

Así pues, cabe preguntarse a diario: ¿Hasta dónde me puede llevar el amor?

Ésa es la clase de seres que somos y ése es el futuro que estoy creando: uno en el que todos y cada uno de nosotros se convierta en un ser sobrenatural.

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