Sobre el circo yanqui.
Alejandro SánchezBien, volvamos a las elecciones en Estados Unidos.
Primero, vamos al análisis habitual para los telespectadores de este "reality show" que es la política norteamericana, ese al que nos tienen acostumbrados comentaristas de allá, e incluso de acá.
La frase más loca que he escuchado de estos últimos días, como resaca del primer debate salió del periodista, Seymour Hersh: “Biden es un "cautivo" de la Casa Blanca”. No tengo idea de cuánto el público en general comprenda que esa expresión contiene toda la esencia de la política real norteamericana.
Espectacular la portada del “Times”, simple y sencilla. Y surge una pregunta; ¿No previeron eso? Pues claro.

El Partido Demócrata sabía que la debacle tras el careo entre ambos septuagenarios candidatos era una posibilidad, pero igual de trágico era, y es, un cambio de candidato antes. Como trágico sería cesar a Biden antes de las elecciones. Cualquiera de esas variantes solo da una imagen al electorado; debilidad. Por tanto, se jugaron esa carta.
Ahora, tienen que jugar otra, y esta vendrá acompañada de una lacrimógena novela de cómo un esforzado líder se echa a un lado por el bien de la Nación. Entonces sí, con las masas demócratas muy sensibles a esas sensiblerías, vendrá alguien que rescate la intención de voto que Biden perdió.
¿Y quién podrá ser? Antes algo esencial; Trump ganará. De eso no les quepa duda. Pero continuemos con la selección de reparto (casting), de esta obra.
La primera en la línea sucesoria es la vicepresidenta de EE.UU., Kamala Harris. Poco que aportar sobre ella y casi tan desconectada del wifi como Biden.
Luego le sigue la gobernadora de Míchigan, Gretchen Whitmer, abogada con un buen historial y quien fue víctima de un supuesto plan en 2020, de secuestro y derrocamiento que desarticuló el FBI. Netflix podrá hacer hasta una serie con esto.
También se habla del actual secretario de Transporte de EE.UU., Peter P. M. Buttigieg, nacido en 1982; en Indiana, político y que sirvió en el Servicio de Inteligencia de la Armada en Afganistán. Todo un héroe de guerra y joven, felizmente casado con otro hombre desde 2018 y con hijos adoptivos desde 2021. Antes de ser Secretario, su único puesto político había sido el de ser alcalde de su ciudad natal, lo que deja muchas dudas sobre los méritos para su nombramiento.
Josh Shapiro, gobernador de Pensilvania, es otro de los candidatos. Abogado y político estadounidense, sin historial en las lides federales hasta 2022.
Otro gobernador, Jared Polis, este por el estado de Colorado, es político, empresario, filántropo y judío, lo cual no es un dato menor. Su alineación política, Libertaria. Sí, emulo de Milei, y con el record de ser primer hombre homosexual electo para un cargo gubernamental en todo Estados Unidos. Es el primer gobernador judío y gay de la historia de Colorado.
Continúa, Gavin Newsom, gobernador de California desde 2019, pero antes fue vice en ese estado durante varios años. Empresario, presentador, escritor y político, un tipo con ese encanto tipo Ronald Reagan, o del propio Donald Trump, aunque mucho más liberal, tanto que estaba en contra de las leyes anti-aborto, apoya los derechos de los inmigrantes y está a favor de la legalización de la marihuana en California.
Del espectro “contrario”, por decirlo de alguna manera, el senador por Georgia, Rafael G. Warnock; pastor principal de la Iglesia Bautista Ebenezer, la misma donde Martin Luther King Jr. también hizo su servicio. Es un defensor de las causas ecológicas, por lo que debe irle muy bien con los lobistas de las compañías de fracking.
La senadora de Minnesota, Amy J. Klobuchar; es una abogada que se desempeña como senadora desde 2007. En su historial un detalle que apreciarán mucho los votantes demócratas jóvenes y negros; se hizo la vista gorda sobre hechos de mala conducta policial, incluido un caso relacionado con el oficial acusado de asesinar a George Floyd.
El penúltimo, es el gobernador por Kentucky, político de segunda generación, Andy Beshear, abogado sin más historial que ser el “hijo de papá”.
Y, por último, la Joya de la Corona, la ex primera dama de EE.UU. Michelle Obama, a la cual dedicamos un artículo anterior.
Excepto Newsom, Warnock, Klobuchar, el resto de los posibles sustitutos, están alrededor de los 50 años, lo cual parece una medida para acercarse a un electorado joven y “pasar la pelota” del candidato chocho y senil a los republicanos. Todos parecen brillantes estrellas ascendentes en el firmamento político demócrata, pero…
Las cuatro mujeres, con excepción quizás de Michelle, no tienen ninguna oportunidad. Tampoco los dos homosexuales, pues aunque la comunidad LGTBIQ+ y etc, en Estados Unidos parezca muy activa, es más ruidosa que numerosa.
Respecto a Shapiro, Newsom y Beshear, demasiado inexpertos y “yupies”, y Warnock, es negro. Además, ninguno tiene un espectacular historial político, ni están ligados a los “pesos pesados”, de la alcurnia demócrata. Robert Kennedy Jr, podría ser una opción, pero solo agregaría más desgaste a las primarias de ese partido, mientras Trump espera descansado su próxima víctima.
¿Por qué ganará Trump, pongan a quien pongan? Sencillo, ya lo dijimos en un artículo anterior.
Estados Unidos no escapa a un proceso mundial que afecta ya, y cobra caro a algunos políticos socialdemócratas europeos, y es la ultra-derechización de sus sociedades.

La inmigración, sobre todo de numerosas personas que la sociedad norteamericana no logra asimilar y siguen pareciendo demasiado extranjeros para su gusto; las políticas multi-género que chocan con los valores religiosos y culturales muy conservadores que hicieron grande a “América”, aderezado con salarios que no crecen desde hace 40 años, la poca movilidad económica, inflación, crisis económica, y la desindustrialización que afecta, principalmente a Blancos No Urbanos, los WASP, las grandes masas blancas trabajadoras de los otrora estados industriales, pero también de latinos y negros que comparten esos valores.

Y esos grupos, que no están divididos, que saben lo que quieren y Trump se los está prometiendo, son militantes, no tienen miedo o pena de mostrar sus valores (más bien antivalores), y votan de verdad. Pero, además, esos grupos son los más armados en Estados Unidos, con más armas en sus casas que hijos e hipotecas. Ya mostraron en 2021 de lo que son capaces.
Si a eso le suma que Estados Unidos sigue perdiendo la guerra en Ucrania, en Gaza, y en el sudeste asiático, nada que agregar.

Entonces, dejemos esta narrativa para públicos televisivos y vayamos a la política real.
Lo primero que hay que entender es que Estados Unidos es un país-pantalla, y que su política, sus partidos y todos esos Biden, Trump, Obamas, Reagans y hasta Kennedys y Clintons, son simples peones (algunas veces parte) de los verdaderos dueños de todo; Vanguard, Blackrock, Pzifer, Alphabet, Meta, Microsoft, UnitedHealth, Jhonson and Jhonson, Tesla, Wal-Mart, Monsantos, Berkshire Hathaway, JP Morgan, Lockheed-Martin, Raytheon, General Dynamics, etc.
Estas grandes transnacionales que no tienen patria, dan dinero tanto a demócratas como a republicanos, y estos solo compiten por ese “salario”. Les da igual quien esté en la Casa Blanca, lo único que necesitan es un gobierno que facilite sus operaciones, que le preste sus leyes, moneda y ejército para seguir teniendo el control de los mercados mundiales. A ellos no les importa que Estados Unidos vaya en camino a convertirse en un estado proto-nazi, que comienza un evento deportivo internacional alabando la Gloria de Dios, solo porque se desarrolla en América; su América: “God bless America”.
Es entonces que se entiende la ironía y veracidad de la frase de Seymour Hersh; “Biden es un "cautivo" de la Casa Blanca”.