Sin fallos

Sin fallos


Ocho

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Después se puso rígida y escuchó por el auricular. Lo presionó con el dedo para cortar el ruido de fondo.

Alzó la otra muñeca y habló por el micrófono.

—Copiado, corto —dijo. Estaba pálida.

—¿Qué pasa? —preguntó Reacher.

Ella no le hizo caso. Giró sobre sus talones y llamó al último agente que estaba libre en el recibidor. Le dijo que quedaba como jefe del equipo en las instalaciones durante el resto de la noche. Habló por el micrófono y les repitió esa información a todos los agentes por la red local. Les dijo que duplicaran su vigilancia, que redujeran a la mitad sus perímetros y que comprimieran aún más el tiempo de exposición en la medida de lo posible.

—¿Qué pasa? —preguntó Reacher de nuevo.

—Volvemos a la base —dijo Froelich—. Ahora. Era Stuyvesant. Parece que tenemos un problema realmente serio.

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