Por una Cuba más inmune

Por una Cuba más inmune

Por: Adianez Salles, estudiante de primer año de Periodismo


Soberana y Abdala para los cubanos han sido: esfuerzo, constancia, talento, Revolución. Son, como dice Buena Fe: “la fuerza de un país”; ese pedacito de Cuba, que junto a nuestros ejemplares médicos, irán salvando vidas por todo el mundo.

La Covid-19 ha venido para quedarse; mas nuestros candidatos vacunales, gloriosos, llegaron para explusarla. Esos pinchacitos de libertad que romperán, de una vez y por todas, las cadenas del distanciamiento físico y el aislamiento social, esos duendes restauradores de esperanzas.

Hoy, en medio de circunstancias adversas, los cubanos tenemos una sonrisa en el rostro, gracias a esas buenas noticias, logros de nuestra extraordinaria ciencia, de nuestros brillantes científicos.

Lamentablemente, millones de personas en todo el orbe no corren la misma suerte: hay virus para todos, y vacuna para pocos. Inocularse es en varias naciones un privilegio de los más poderosos, de quienes tienen relaciones con las más altas esferas. Qué triste realidad! Existen en algunos países vacunas de aire, prima la insensibilidad sobre la justicia, y la vacunación se ha convertido en negocio lucrativo, no en dicha multitudinaria.

Pero ahí está Cuba, esta nación bloqueada y tercermundista, que ha llevado salud a más de cuarenta países con sus héroes de batas blancas. Los de la Henry Reeve han salvado vidas, han devuelto la fe a cientos de miles de seres humanos. Porque, a quienes nos enseñaron el valor de la solidaridad y la hermandad entre los pueblos, sabemos cuán necesario es nuestro granito de arena para construir juntos, un mundo mejor, para romper fronteras y crear puentes de vida.

Ahí está Cuba, en medio del Mar Caribe, rodeada de agua y también de guerreros, eruditos, trabajadores incansables, tarareando ese proverbio que dice: “Quien persevera, alcanza”.

Soberana y Abdala, no solo son vacunas: son aliento y emoción, resultado del valor que nuestro Comandante en Jefe, Fidel Castro, le concedió a la ciencia y la biotecnología en un país, que no por pequeño, deja de ser gigante.

Los cubanos, los que se entregan a diario por esta tierra, los que luchan a pesar de las adversidades, los martianos y revolucionarios, esos, los de rojo, blanco y azul, responden:

¿Yo detenerme, madre? ¿No contemplas

el ejercito ansioso que me aguarda?

¿No ves que de mi brazo espera Nubia

la libertad que un bárbaro amenaza?

¿No ves cómo se aprestan los guerreros?

¿No miras como brillan nuestras lanzas?

Detenerme no puedo, ¡oh, madre mía!

¡Al campo voy a defender mi patria!  




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