El poema revela un profundo entendimiento de que la principal barrera para la vida plena reside en el propio sujeto ("somos nuestras víctimas").
Es un pacto consigo mismo para dejar de ser la víctima de la propia mente, abrazar el dolor del desgarro, y actuar desde la intuición, pues solo en ese acto de fe reside el optimismo de construir una vida auténtica.