Revolución
12. Los cerros de Zacatecas
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—La verdad es que no lo sé.
—¿Volverá a sus minas?
Se encogió el joven de hombros.
No deseaba pensar en eso, que lo llevaba a reflexiones incómodas. Le cuadraba más vivir día a día, sin cálculos ni planes. Sin distraerse de la intensa realidad que lo circundaba. Había descubierto que con poco esfuerzo podía desconectar el futuro del presente; como una deuda por saldar cuando llegara el vencimiento, pero que no quería tener en la cabeza. A diferencia de Genovevo Garza y tantos otros, él no anhelaba que terminase aquello. Andaba ebrio de México y prefería no pensar en la resaca.