Revelación
José Sol Solis- ¡No me jodas!
La exclamación retumbó en el silencio de la biblioteca. Algunas cabezas se giraron en dirección a la pareja que llevaba un rato cuchicheando en el pasillo 1.3.
- Mejor nos vamos antes de que nos echen -dijo Leonor.
Haciendo un visible esfuerzo por contener su emoción, Ricardo asintió con la cabeza. Salieron a paso ligero, ajenos al revuelo creado.
Una vez en la plaza, bañada por el suave sol invernal, fueron a sentarse al banco situado bajo un florido cerezo. Ricardo, aún bajo el shock de la revelación, intentó recuperar la compostura.
- ¿Desde cuándo lo sabes? -dijo casi calmadamente.
- Llevo tiempo detrás de varias pistas, pero ayer encajaron todas las piezas -dijo Leonor mostrando su móvil.
En sucesivas imágenes se veían antiguos documentos con ilustraciones e inscripciones difíciles de interpretar.

- ¿Qué se supone que es esto?
- ¿Te enteraste de la donación de la familia Valdés-Campomanes?
Ricardo asintió. Conocía la noticia. El librero anticuario, auténtica institución local, había dejado su legado a la prestigiosa Asociación de Estudios Históricos.
- ¿Y eso que tiene que ver con Oumuamua? No entiendo -dijo Ricardo.
- Por eso te he llamado. He leído tus estudios sobre la hipótesis de las velas solares -dijo Leonor.
Ricardo, brillante genio local, formado en las mejores universidades mundiales, con varios doctorados y publicaciones en el campo de la astronomía, las matemáticas y la biología, había tomado un año sabático para atender a su moribunda madre. Por ello no se había extrañado de que Leonor, amiga de la adolescencia y vocacional periodista social, le hubiera citado en la biblioteca donde tantos ratos habían pasado juntos.
- Pensé que nos pondríamos al día de nuestros asuntos -dijo- no que este pueblucho fuera centro de conspiraciones mundiales. Si no fueras tú, pensaría que es un timo… ¿Y dices que Dóriga también está en el ajo?

Longoria Dóriga, otro conocido de su juventud, experto universitario en historia y civilizaciones, acérrimo cristiano tradicionalista, se había pasado a la política apoyado por su entorno nacionalista conservador, en el que era muy admirado.
- Quieren destruir esto para evitar el caos. Saben que si se hace público su narrativa quedaría desacreditada, y todo su sistema de control social se volvería inútil. ¿Te imaginas? Todos sus privilegios, todo su mundo, está basado en un prejuicio de ser elegidos, de una supuesta superioridad que les da derecho a explotar la Tierra y a las personas. Todo eso se acabaría de un plumazo -dijo Leonor.
- ¿Y qué tiene que ver el anticuario y su legado? -dijo Ricardo.
- Abelardo Valdés-Campomanes tenía estos viejos documentos en los que se narra la visita de unos extranjeros que entregaron un dispositivo para ser utilizado cuando la humanidad descubriera ciertas actividades. Ese conocimiento desapareció y el ingenio está en el museo arqueológico como una rareza. Ahora, Dóriga y los suyos, se han dado cuenta que los documentos aparecidos son reales y quieren destruirlo todo…
- ¿Qué piensas hacer? -dijo Ricardo.
- ¿Tú qué harías…?

Este relato participa en el concurso de Microrrelatos en la sección ficción, organizado por el canal Stella Pulvis y el grupo Ad Sidera Vultus con motivo de su primer aniversario.
¡¡No olvidéis mirar a los cielos!!