Resumen de la Parasha Bejukotai

Resumen de la Parasha Bejukotai

Roeh Ot'niel ben Abraham (pastor Otoniel Josafat Rojas Chávez)


Torah: Levítico 26:3 - 27:34

Haftarah: Jeremías 16:19 – 17:14

Brit Jadashah: Mateo 22:1 - 14

 

Todas las bendiciones o maldiciones son consecuencia de obedecer o desobedecer y no permanecer en lso estatutos del Eterno


    La porción Bejukotai es la última del sefer Vayikra’. Con esta porción cerramos no solo Levítico, sino también la estancia de Israel al pie del monte Sinaí ya que al entrar a Bemidbar (Números) veremos el viaje de Israel hasta la tierra de la promesa.

    Esta porción se divide en dos grandes segmentos: Por un lado, las bendiciones y maldiciones en la Torah. Por otro lado, lo dedicado al Eterno en personas, casas, tierras, ganado.

 

    Con respeto a las bendiciones y maldiciones, el Señor nos da un panorama utópico en la tierra de la promesa. No solo es la provisión de alimento, sino también la protección del Eterno contra los enemigos y las fieras de la tierra. La promesa de ser fructíferos es otra de las promesas, afirmando así que la tierra es dada al pueblo en heredad para siempre.

    Al pasar esta sección nos encontramos con la extensiva cláusula de las maldiciones de la Torah, donde el pueblo es reducido a polvo en los pies de las naciones cuando el pueblo se aleja del Eterno para romper con el pacto y desdeñar los estatutos del Señor. No hay peor maldición que después de tener una patria, vivir errante entre las naciones. Sin embargo, esta sección cierra con una esperanza para Israel, donde el Eterno no faltará a su promesa pese a que el pueblo lo hizo: los volverá a llamar, los volverá a libertad y los volverá a encaminar en su Torah y finalmente nos hará volver a nuestra heredad. Todas éstas son consecuencia de obedecer o desobedecer y no permanecer en los estatutos del Eterno.

 

Con respecto a lo dedicado: el Eterno le da las últimas instrucciones para poder redimir a las personas que no sean primogénitos, así como las propiedades, tierras y aún los animales inmundos. El Señor habla muy claro con respecto a esto y es que solo aquellos que han sido redimidos y han sido consagrados al Eterno son los que disfrutarán de la heredad Eterno.

 

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