Resumen de la Parasha Ajarei Mot
Roeh Ot'niel ben Abraham (Pastor Otoniel Josafat Rojas Chávez)Torah: Levítico 16:1-18:30
Haftarah: Ezequiel 22:1-16
Brit Jadashah: 1 Corintios 6:9-20

Esta porción nos introduce a una de las celebraciones del Eterno más solemnes: Kippur. La instrucción para Aharón y sus hijos es que solo una vez al año y con la sangre para purificación y para expiación es que podrá entrar al detrás de la cortina.
Los hijos de Aharón, Nadab y Abiú se presentaron con fuego extraño, es decir, fuego no requerido y se presentaron en un momento que el Señor no había señalado. Por lo tanto el Eterno le señala a Aharón y a su descendencia cuándo era el momento propicio para ello. Presentarse delante del Señor era para buscar la expiación por el pecado de todo el pueblo y el perdón de todos los pecados de la nación. Aharón y su descendencia haría la misma labor de Moshé: interceder por el pueblo delante del Padre.
Hasta este punto el Señor nos ha enseñado que la sangre de los sacrificios sirve para derramarse sobre el altar y para purificar a pueblo de sus faltas y enfermedades.
Continuando con esta línea, el Eterno le recuerda al pueblo que toda sangre de cualquier holocausto debe ser llevado al Templo. Habría un momento donde el arca del pacto permanecería en un solo lugar. En ese lugar donde el nombre del Señor residiría es el único lugar donde las ofrendas serían presentadas. La sangre, presentada de manera incorrecta, podía llevar al pueblo a impurezas. Los lugares altos, en los campos, bajo los árboles es símbolo del desvío del pueblo y el Eterno estaba evitando que la sangre de las ofrendas fuera tenida en poco o “pisoteada”. Esto evitaría que el pueblo pudiera ofrecer a los ídolos de las naciones.
El Eterno les recuerda la orden de no comer la sangre de ningún animal. Al cazar para alimentarse la “vida de la carne” debe volver de donde fue tomada: la tierra. Esto nos muestra una Ley importantísima sobre la sangre: si no está en el altar para expiación del pueblo, debe ser puesta en tierra para cumplir con la sentencia del Señor. De lo contrario la persona que come sangre será excluida de ser pueblo. De igual consecuencia, el comer animal que se encontra muerto o despedazado por otro es motivo de impureza. Si se participa de ser carroñero y no se purifica por ello, entonces pecado lleva la persona sobre su cabeza.
La porción finaliza con la instrucción más emblemática y la que más difícil ha sido para el pueblo del Eterno: “No harán como hacen los egipcios ni como las costumbres cananitas”. La idolatría de las naciones los lleva a extravíos y a envilecerse físicamente encendiendo sus pasiones contra sus propias familias, las bestias, con los de su mismo sexo e incluso entregar a sus hijos a moloc.
El Eterno les advierte que esas conductas, aunque las naciones lo tienen como algo normal, es una total abominación ante el Eterno. Por esa razón son arrojados de la tierra a juicio perpetuo. Si el pueblo sigue esos mismos pasos, el mismo pueblo rescatado por el Eterno también correrá la misma suerte. Por eso, como pueblo, no debemos hacer las mismas cosas que el resto de las naciones.
El Señor Yeshúa lo dice en su oración: no los saques del mundo, pero guárdalos del mal. Entendiendo que: “Ellos saben que no deben practicar ni adoptar ni una sola cosa pagana, mientras ellos obedezcan y se mantenga puros mantenlos como tu pueblo.”