Reseña ampliada
Elena de Troya sin H
Esta frase sintetiza perfectamente lo que consiguió Rafael Guastavino "padre": sobrevivir en el tiempo. Gran parte de su trabajo arquitectónico se ha conservado como un legado digno de la admiración y la devoción de quienes somos hijos de los siglos XX y XXI.
Esta segunda cita se ajusta mejor a su hijo, Rafael Guastavino Jr. (abreviatura de "junior"), quien prosiguió con el camino iniciado por su padre. Al principio, lo hizo bajo su tutela. Al final, dejando el nido y empezando a diferenciarse por una arquitectura que no sólo contemplaba la belleza del edificio y su ligereza, sino también la acústica del mismo.
A prueba de fuego es un libro que, sin ser una biografía en su sentido más literal, nos acerca a la vida real y también desconocida en muchos aspectos del arquitecto valenciano Rafael Guastavino. Todo ello narrado desde la perspectiva de su hijo, a quien Javier Moro cede voz para que recomponga la vida de su padre. A través de su discurso, el mismo Rafael Guastavino "hijo" reconstruye la historia de quien le precedió y de quien le inculcó el valor del trabajo duro. Con este libro, Javier Moro le cede a Rafael Guastavino Jr. la posibilidad de comprender mejor las complejidades de Rafael Guastavino padre.
Esta es una "novela homenaje" con la que recordar a una figura española que se erigió en toda Nueva York como un referente. Incluso los periódicos publicitaban en aquel entonces sus construcciones y bóvedas tabicadas. No obstante, aunque fue un genio en lo suyo, Guastavino también fue todo un personaje repleto de contradicciones. Su grado de profesionalidad, que le valió su éxito y reconocimiento, contrastaba enormemente con los desajustes económicos y frecuentes líos de faldas en los que se inmiscuía. Precisamente fue esta última, su condición de "mujeriego", la que casi le hizo perder a la única fémina capaz de mantenerlo relativamente "sujeto".
El libro deja traslucir la labor de investigación que ha habido detrás. Su autor ha recurrido tanto a fuentes académicamente especializadas (catedráticos universitarios) como a fuentes familiares, cercanas a Guastavino. De hecho, Javier Moro llegó a entrevistarse en Florida con un descendiente directo de Rafael.
Con toda la información recabada de un lado y otro, Javier Moro ha logrado rescatar para el lector común, a un personaje al que la ciudadanía (que poco o nada tiene que ver con la arquitectura) desconoce. Este desconocimiento y aparente olvido generalizado afecta tanto a España como a la misma ciudad de Nueva York, que Rafael Guastavino ayudó indiscutiblemente a construir. De ahí que se le conozca como el arquitecto de Nueva York.
El título, así como la portada del libro, son dos aciertos que refuerzan la narración de la trama, cerrando así el círculo de la vida de los Guastavino.
"A prueba de fuego" hace referencia al sistema ignífugo de Guastavino, que le permitió ofrecer un producto mucho más que innovador. Un producto seguro para quien estuviera en su interior: viviendas, edificios públicos y demás construcciones sin riesgo de desplome en caso de incendio. Todo ello en un momento en que muchos tenements (viviendas compartimentadas muy comunes allí) perecían bajo las llamas de incendios que asolaron ciudades tan importantes como las de Boston o Chicago, dejando en sus habitantes una importante huella de la que sólo el humo logró escapar.
Respecto a la portada, en ella se muestra la figura de un padre con su niño, ambos de espaldas al lector y con la mirada puesta en el puente de Brooklyn, que se encontraba en pleno proceso de construcción a la llegada de los Guastavino, después de dejar atrás Barcelona.
La voz de Rafael Guastavino Jr. es la que nos conduce por los episodios principales que ayudarán a construir en la mente del lector la identidad de Rafael Guastavino padre y sus diversas facetas: como marido, como cabeza de familia, como arquitecto, como anciano, como genio creativo, como vagabundo, como hombre extravagante que fue, como ejemplo a seguir en su tesón, como ejemplo a evitar en lo presupuestario...
Mediante Rafael Guastavino junior, el lector recibe un retrato completo, bien forjado y fiel de quién fue realmente Rafael Guastavino padre. De este modo, Javier Moro se pone en la piel del hijo, circunstancia que aprovecha para que Rafael Guastavino Jr. pueda comprender mejor los claroscuros de un padre al que quiso desde niño, a pesar de sus imperfecciones.
Algunas de las luces y sombras en la relación de ambos fueron fruto de una ligera competitividad que se desarrolló en su temprana juventud, cuando los conocimientos del alumno igualaron a los de su maestro.
Es lógico que el hijo buscara demostrar a su padre su valor como arquitecto independiente, en un intento de ratificar así su propia identidad. Del mismo modo que es entendible que Rafael Guastavino padre se sintiera relegado a un segundo plano, conforme el negocio del hijo iba a la alza y recibía aquellos elogios de los que él había disfrutado previamente.
La imagen que sostengo en mi cabeza conforme escribo estas últimas líneas de la reseña es la de un hombre de pelo blanco, elegante, de buena planta, con ojos azules, sentado en un sillón, que mira con la confianza de saberse hijo de Rafael Guastavino y de haber logrado incorporar a las novedades de su padre el importante avance de la acústica.
Porque sí, a Rafael Guastavino padre le debemos edificios "a prueba de fuego", pero a su hijo le debemos edificios a prueba de vecinos cotillas.
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[...] decía Cervantes: saber sentir es saber decir. Palabras de Luis Landero en su libro El huerto de Emerson.
Yo espero haber sabido decir lo que el libro me ha hecho sentir. Muchas gracias, como siempre, por haber leído esta reseña troyana. ¡Nos vemos en la próxima!