Reseña ampliada

Reseña ampliada

Elena de Troya sin H
"El peligro de estar cuerda". Libro de Rosa Montero.

El peligro de estar cuerda es la última novela publicada hasta el momento por Rosa Montero. El título y la portada no podrían reflejar de mejor modo la esencia del libro, porque aquí el "peligro" es precisamente la "normalidad", por lo menos en su estado absoluto, cuando el ser humano corre el riesgo de caer en la monotonía.

Afortunadamente para nosotros, como Rosa logra hacernos entender a lo largo de la novela, la Normalidad no existe. Algo que también puede entenderse como que "lo normal" es precisamente "lo raro" (lo extraordinario): salirse de los estándares es más frecuente de lo que solemos pensar.

El peligro de estar cuerda toma su nombre de este poema tan maravilloso de Emily Dickinson:

En este poema que Rosa Montero incluye de la brillante poetisa estadounidense, Emily Dickinson, se expresa la sacudida emocional que Emily experimentó cuando descubrió a Elizabeth Barret Browning, la mujer cuyos textos y propia figura le valieron de inspiración a la hora de escribir. La Insania es un estado Divino que mediante la lectura y escritura se puede alcanzar. Al escribir y al leer lo escrito, las emociones que se experimentan se alejan de lo que es comúnmente "normal" (habitual). Así pues, el Peligro es estar cuerda. Cuando las emociones no nos embargan con tanta intensidad es el momento de tomar el Antídoto: volver a esa escritura/lectura que nos emociona y conmociona (Tomos de Sólida Brujería).

A lo largo de El peligro de estar cuerda, Rosa Montero reproduce muchos más fragmentos que, como el anterior, mezcla con sus propias vivencias personales y con los datos científicos y estadísticos que ha recogido durante el proceso de investigación previo a la escritura del libro. De este modo, logra establecer y aclarar de una forma sencilla y nada intrincada la relación entre la creatividad y la locura. Y lo hace alternando entre los grandes personajes célebres de la literatura, las ciencias y las artes, y aquellos personajes más cercanos a los que vemos en el día a día.

Su voz, como narradora que en primera persona nos cuenta casos de su vida particular, permite hacer de la lectura una prosa que va más allá de una mera recopilación de datos.

Es cierto que hay cifras (por supuesto), pero el verdadero valor no son las cifras en sí mismas, sino lo que Rosa Montero reflexiona a partir de ellas, a partir de las investigaciones de profesionales que han realizado estudios sobre el cerebro humano, a partir de la información que expertos de distintos ámbitos han recogido en libros de psiquiatría, y a partir de un largo etcétera de fuentes que han contribuido a que el libro sea toda una declaración de visibilidad a lo que nos hace humanos, algo que no reside precisamente en ser "normales".

Este libro de Rosa Montero es lo que yo llamo un libro diálogo. Su argumento se construye del mismo modo en que lo hace una conversación entre dos personas y es que ciertamente se produce una interacción entre el escritor y el lector. En este flujo de información, Rosa Montero aborda varios temas, todos ellos tópicos importantes que nos atañen a todos los seres humanos como personas que formamos parte de un colectivo llamado sociedad. Por supuesto, el hilo conductor en toda la obra es la relación entre locura y creatividad. A partir de los diversos análisis y reflexiones obtenidos tras una "lectura sistemática" de varias investigaciones, Rosa busca entender la forma en la que el cerebro de mentes creativas (como la suya y, seguramente, la de muchos lectores) funciona, además de lograr dar visibilidad a las peculiaridades (que todos tenemos) y a los trastornos mentales (a los que a veces nos referimos inadecuadamente con el término de "locura"). De esta manera, logra que los lectores tomemos conciencia de que dichos trastornos son más habituales de lo que la mayor parte de las personas podemos haber pensado en alguna ocasión.

Con un lenguaje cercano, Rosa Montero nos recuerda que la relación "locura-normalidad" puede ser muy relativa. Quienes tienen trastornos mentales pueden razonar de una manera tan lógica a como lo hace quien no los tiene. Rosa Montero cita así a William Shakespeare:

La propia autora abre su libro con estas líneas:

A estas líneas le siguen un recuerdo de su infancia, una manía que tuvo, tan graciosa para quien lo lee como peculiar. De niña, Rosa temía chupar un calderito de cobre que su madre tenía en casa. A este miedo se le añadía el de levantarse sonámbula para chuparlo, cuando ni era sonámbula ni se iba a envenenar por chupar el objeto de cobre. A través de esta anécdota, Rosa nos recuerda que ser raro no es nada raro y que la vida consiste en romper los esquemas para armarlos de nuevo:

Este tópico de la niñez lo retoma más adelante en el libro, cuando cita numerosos casos de escritores cuyas infancias se han visto impulsadas hacia una madurez más temprana de lo que cabría esperar. Esta infancia "adulterada" (¡cómo me gustan los juegos de palabras!) conduce a un desdoblamiento en el menor, que se divide en el adulto que sabe todo lo que ha sucedido pero no siente nada, y en el niño que ha tenido que asumir el rol de aquellos adultos que no supieron gestionar por él la situación que ha sesgado su infancia. Al parecer, este suceso que en muchos casos se presenta como un trauma infantil es el denominador común de muchos escritores, el motor en el que encuentran la fuerza necesaria para seguir escribiendo. De hecho, Rosa establece un paralelismo entre el niño adulto omnisciente, que no siente, y el autor del libro, que relata una historia que expone ante el lector.

Para mí, la primera clave del libro, porque hay muchísimas ideas claves que resaltar, es la normalidad de la anormalidad. El inicio del libro asienta las bases de lo que vendrá después.

El primer capítulo es el que recoge que hay personas sin trastornos mentales y personas con trastornos mentales, y que las que los tienen, pueden tenerlos leves o graves. Ahora bien, lo que se dice persona normal, nadie lo es, porque la normalidad es (tal y como describe Rosa Montero) un conjunto de estadísticas que miden muchos parámetros. Y no hay una sola persona que esté dentro de las estadísticas de normalidad de cada uno de los muchísimos parámetros que se analizan.

Así es que, una vez echado abajo el concepto de normalidad, el siguiente paso es entender qué relación puede haber entre la creatividad y los trastornos mentales, un dilema que creo que tras leer este libro, al lector le quedará bien resuelto.

Tras investigar de un lado y otro (como buena periodista refiere todas las fuentes al final del libro), Rosa nos explica ágilmente que el cerebro de la persona creativa conserva conexiones que no se han "podado" conforme lo haría un cerebro "normal". El cerebro tarda años en madurar, más allá de los 30, así que estas conexiones no eliminadas en la maduración las conservan tanto las personas creativas, como quienes tienen trastornos, como quienes son infantiles, como quienes son inmaduras. Para el caso, nos quedamos con las creativas y las que tienen trastornos.

La diferencia entre una mente creativa y una mente con trastorno está en las sustancias químicas presentes en nuestro organismo y el grado en el que se encuentran. Rosa cita el caso del estrés, que aumenta la cortisona, que repercute negativamente en las neuronas que regulan la voluntad de vivir. Es decir, que hay un proceso biológico que afecta al cerebro y que conduce a los trastornos mentales y también a los suicidios. Aun así ella matiza que para que se produzca este último caso es necesaria una confluencia de varios factores que originan lo que la autora llama la tormenta perfecta.

Dentro de estos factores se encuentran los ambientales, el entorno. Sobra decir que alguien puede tener un trastorno mental tanto como ser una persona creativa, ya que ninguna condición excluye a la otra.

Sin embargo, éste no es un libro instructivo en su sentido técnico, sino de reflexión. Lo importante es que el lector comprenda que estadísticamente la persona creativa tiene más tendencia a los trastornos porque las conexiones son las mismas en ambos casos y que la diferencia esencial es la cantidad de sustancias químicas que transitan por dichas conexiones. Como mentes creativas hay muchas, no debería resultarnos tan alejado ni deberíamos estigmatizar los trastornos mentales. Esto último es especialmente importante, como Rosa nos recuerda a lo largo de El peligro de estar cuerda.

Conforme avanza su novela, y mediante los casos reales de varios escritores y escritoras que tuvieron estos trastornos, Rosa nos conduce a identificarnos en el miedo que estas mentes creativas con trastornos sienten y comparten hacia su propia "locura". Porque como ella misma explica, la muerte es un fin colectivo y universal que todos sabemos que compartimos, pero la "locura" (entendida como enfermedades mentales especialmente graves, tipo esquizofrenia) parece ser exclusiva de cada persona. Quien la tiene se siente equivocadamente solo, porque a quién le explica qué experimenta cuando sucumbe a un brote. Aquí es donde la escritura o la expresión artística juega un papel importante, como medio por el que exteriorizar las emociones, como una vía terapéutica y como una necesidad que, lamentablemente, a muchos escritores y artistas les quedó vedada a consecuencia de los medicamentos y tratamientos que, especialmente antes, se aplicaban a quienes tenían enfermedades mentales.

De entre todos los casos citados, el de Sylvia Plath puede ser uno de los más gráficos. Una mujer que terminó suicidándose. Posiblemente, lo que la empujó definitivamente a ello fue su propio temor a acabar con la vida de sus hijos, conforme su trastorno iba in crescendo.

La propia Sylvia comentaba que no podía escribir a veces a consecuencia de los electrochoques que le aplicaban. Otros casos similares ha habido no sólo en el campo de la escritura, sino también de la ciencia. He aquí la razón de que muchos enfermos temiesen los tratamientos de los hospitales psiquiátricos. No les curaban la enfermedad, pero sí acababan con su aptitud para escribir, o para investigar, o para pensar... No se trata de hacer apología de nada, sino de entender que si se les quitaba la expresión, la escritura, lo que sea que les sirviera para mantener su mente activa, acababan por convertir a la persona en algo similar a un vegetal. Las conocidas curas de reposo son un claro ejemplo de algo que no hacía sino agravar la enfermedad mental.

Pero no nos engañemos, todavía hoy se sigue utilizando electrochoques, aunque de bajo voltaje. El escritor Emmanuel Carrère es prueba de ello. Rosa Montero le cita para explicar uno de los motivos por los que los autores escriben:

Quizás es esta necesidad de entenderse a uno mismo la que empuja a los escritores a escribir. Y también el poder interpretar muchos más papeles y vivir muchas vidas más allá de las que les han sido asignadas. Rosa utiliza el término "yonkis de la intensidad" y entre muchos casos cita a Charles Bukowsky. Muchas mentes creativas han recurrido a las drogas para escribir, para encontrar inspiración, pero estas mismas sustancias que les desinhiben de su parte racional, haciendo que su imaginación se potencie, son las mismas que conforme pasa el tiempo terminan por perjudicar a sus obras, del mismo modo en que su salud mental (y también física) se deteriora.

Sin duda, el libro de Rosa Montero puede quedar resumido en las dos verdades que ella comparte en un momento dado del libro, cuando dice:

Por este paseo de mentes creativas también hay quienes son personas PAS, altamente sensibles. Y mentes realmente exigentes, que buscan la perfección, la cual Rosa Montero califica como una "obsesión" que en muchos casos es el fuelle para mantenerse durante largo tiempo sin desistir, centrado en la misma historia. Este perfeccionismo lo refleja Ursula K. Le Guin:

Entre otros de los temas que se tratan en esta relación de creatividad-locura se encuentra el suicidio, que según las estadísticas se incrementa hasta el 50% en el caso de los escritores. Aparte del caso de Sylvia Plath o de Virginia Woolf, también encontramos otros nombres como el de Emilio Salgari y su harakiri.

Llegados a este punto de la reseña es importante comentar que paralelamente a todos estos temas que se derivan del tópico principal, Rosa Montero narra una historia que transcurre en segundo plano y que mantiene a lo largo de toda la novela: la experiencia suya personal de tener un doble, una mujer que se hace pasar por ella en repetidas ocasiones, la historia de una obsesión que empieza en una época en la que aún no había móviles y llega hasta la era moderna, en la que se extingue su presencia.

Desde mi punto de vista, El peligro de estar cuerda es una novela escrita con respeto, con subjetividad pero a la vez, objetividad, con fundamento, que incita a la reflexión, a cuestionarse a uno mismo y al entorno, a valorar la salud mental y a aceptar la existencia de los trastornos mentales como algo más cercano y próximo a cualquier ser humano. Pero sin duda, es una novela que reivindica el papel de la escritura como una "vía terapéutica". Para la mayor parte de los escritores, escribir es darle un sentido a la vida. Y el texto, la novela, la obra en sí misma es orgánica y adquiere vida, fluctúa del mismo modo en que las emociones del autor lo hacen en mutua consonancia con sus experiencias personales. Y yo creo que Rosa ha logrado convertir la novela en un ser que expresa emociones, siente y hace sentir. Al menos, a mí me ha ayudado a "normalizar" mis rarezas y a verlas como un distintivo más de lo que me hace raramente "normal" o normalmente "rara".

Como ella misma dice, las biografías al final son cartas de navegación y en este libro, en el que hay un buen compendio de personajes célebres junto a Rosa Montero, el lector puede encontrar buenas enseñanzas que cosechar.

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[...] decía Cervantes: saber sentir es saber decir. Palabras de Luis Landero en su libro El huerto de Emerson.

Yo espero haber sabido decir lo que el libro me ha hecho sentir. Muchas gracias, como siempre, por haber leído esta reseña troyana. ¡Nos vemos en la próxima!

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