Reflexiones del Profe: Preguntas.
Roberto R Davila Cabrera Plantearse preguntas, aunque no tengan respuestas, es no dejar de reflexionar sobre cualquier asunto que nos ocupe o preocupe. Y en la Cuba de todos los cubanos revolucionarios, lo pongo con apellido porque sé sin preguntar, que no todos lo son, hay muchos asuntos que generan preguntas que requieren respuesta de fondo, y muchas veces solo contamos con nuestra apreciación personal por no contar con las informaciones necesarias sobre cada pregunta para dar las respuestas acertadas.
Pienso al mismo tiempo, que socializar preguntas es contribuir a que muchos pensemos con mayor racionalidad colectiva sobre los asuntos que nos afectan u ocupan.
Hacer preguntas, con respuesta o sin ellas, tiene ventajas y desventajas, riesgos que hay que correr, porque pueden lacerar o afectar a muchos mientras convienen a otros. Me arriesgo a transitar ese camino, que en esencia es revolucionario, siempre que se exprese la verdad, lo que más se pueda acercar a ella a pesar de la falta de información. Mis preguntas podrán ocupar o preocupar a compañeros de lucha, a revolucionarios de toda la vida, pero serán mucho más duras para los enemigos de la revolución, de dentro o de fuera, consciente de que pueden existir quienes apoyen a los enemigos sin tener plena conciencia de ello, lo que en ocasiones puede causar muchas dudas y más preguntas sin respuestas.
Todo el mundo se hace preguntas, sea en la casa, en el seno familiar, en la calle, en el centro de trabajo, en la unidad militar, en el Buro Político, en la Presidencia. Y las respuestas serán diferentes, a veces contradictorias, porque con independencia de posibles discusiones y análisis filosóficos, por lo menos a mí el marxismo leninismo me ha enseñado que no puede pensar ni sentir igual alguien que tiene todos sus problemas esenciales resueltos que aquellos que no tienen esa posibilidad.
Dicho de forma más popular, no puede pensar igual el que no tiene transporte, que quien lo tiene asegurado, el que no tiene dinero o no le alcanza, que el que lo tiene, sin importar cuáles han sido las vías para obtenerlo.
La Revolución Cubana actual, con más de 100 años de lucha, se hizo por los humildes, unidos a otros no tan humildes, para enfrentar la solución de necesidades acumuladas durante siglos en el país, primero en la etapa colonial, y después neocolonial, se hizo para acabar con una tiranía que masacró a más de 20.000 de los hijos de la nación, con la entrega de nuestras riquezas al imperio del norte y otras naciones, con la discriminación de todo tipo, con las diferencias sociales y económicas.
Y la hizo el pueblo combatiente, integrando el Ejercito Rebelde, las FAR, las Milicias Nacionales revolucionarias, las organizaciones e instituciones que la revolución, obra colectiva, creaba para lograr los objetivos planteados, muchas veces a costa de la propia vida, de grandes sacrificios para unos, en ayuda a otros que recibían resultados de esa obra.
Se hizo para luchar y alcanzar un futuro mejor para todo el pueblo, y ese camino posible, superior al existente explotador durante siglos, es el socialismo, que podemos llamar de otra forma si a alguien no le gusta, y guiados siempre por Fidel, la dirección histórica y el Partido creado para lograr tal objetivo estratégico.
¿Puede un pueblo revolucionario y creador de todo lo que tenemos durante toda una vida cambiar sus sentimientos, actitudes, deseos, aspiraciones, convicciones porque nuestros enemigos hacen todo para desvirtuar esta verdad?
Por otra parte, ¿alguien no se equivoca nunca cuando elige transitar un camino y lograr objetivos?
Las equivocaciones y errores son humanos, todos lo cometemos, no hay excepciones, pero ¿en nuestro caso son ellos los únicos causantes de nuestras actuales desgracias?
¿Se han equivocado las administraciones norteamericanas con respecto a la Revolución Cubana? Claro que sí, o no estaríamos vivos.
Planteada esta necesaria introducción al tema, abordo preguntas de nuestro entorno actual y anterior cuando ello lo requiere según mi opinión.
¿El capitalismo que derrotamos antes por su esencia explotadora es o será el camino que resuelva el futuro de Cuba?
¿El crecimiento e incremento de viejas formas capitalistas de explotación del trabajo es el camino que garantiza el futuro de la nación?
¿Pueden y deben seguir creciendo esas formas capitalistas de explotación del trabajo?
¿Son garantía de unidad y socialismo en el futuro mediato? ¿Puede actualmente el Estado garantizar los mecanismos de control para mantener en los niveles aprobados esas viejas formas de gestión para que su crecimiento y desarrollo no sea un peligro real para nuestro sistema socialista?
Muchas otras preguntas haré sobre el tema, pero la siguiente no se puede dejar de tener en cuenta: ¿Tiene sentido histórico para la nación el retroceder hacia el capitalismo que tuvimos antes como vía para enfrentar y resolver nuestros problemas actuales y futuros?
¿El capitalismo con el cual trabajamos hoy en qué se diferencia del anterior? ¿Hay capitalismo bueno y malo?
Una pregunta muy incómoda: ¿De dónde han salido las divisas que hoy invierten nuestros nuevos emprendedores? ¿Porqué el Estado no cuenta con divisas y este sector emergente si, como para poder invertir según algunos, mas de mil millones en un año?
¿Cómo dirigir un país integrando formas de gestión en esencia diferentes, de manera que las necesidades e intereses de la nación se puedan resolver sin crear contradicciones antagónicas en su desarrollo?
¿Es la privatización de la tierra, recurso económico esencial durante miles de años, la vía que garantice producción y solución de necesidades? ¿La experiencia de formas estatales socialistas, que según datos aportados por los medios es cada día menos eficiente y con pocos resultados exitosos, tiene o no tiene futuro? Y muy incómoda pregunta: ¿Por qué hemos dejado de producir en nuestras tierras, de manera que en algunas etapas actuales más del 50 por ciento ha estado sin hacerlo?
Continuaré con preguntas en otros artículos, pero deseo en este referirme a un comentario ya publicado por mí sobre la intervención que no he oído, pero si he leído versiones, de un diputado en la actual reunión de la Asamblea Nacional.
No escribo para acusar o evaluar personas. Los capitalistas pueden ser excelentes personas, pero eso no elimina el que tengan que explotar trabajo ajeno para serlo, ni que tengan que pensar de acuerdo a sus intereses.
Y conozco ejemplos como el del Padre de la Patria Carlos Manuel de Céspedes, y otros muchos de etapas más recientes, que fueron capaces de entregar sus riquezas por su Patria, por el ideal de independencia. Por tanto, no niego que hay capitalistas patriotas y revolucionarios, como también personas que no tienen capital y son instrumento de sus propios enemigos.
No se trata solo de sentimientos y convicciones, sino de relaciones sociales de carácter económico, político, cultural, y otras, que influyen y determinan nuestro desarrollo cotidiano, donde se manifiestan contradicciones, unas insalvables, otras no. No todo se debe ni puede privatizar, aunque eso pueda traer contradicción entre algunos y el todo, sin dejar de entender también que en nuestro actual Parlamento pueden y deben existir criterios contrapuestos que son resultado de las propias medidas que se van aplicando. Y el privatizar más allá de lo establecido en la Constitución también es una violación de la voluntad popular.
Me explico, si en la realidad hay mendigos, alguien debe defenderlos en el Parlamento, pero también, si hay propietarios privados, sus necesidades e intereses también deben estar presentes.
Pero será esencial que el análisis y debate ayude y contribuya a la solución de los problemas de la nación, no de individuos, personas o minorías. Con ello reitero el criterio de que un Diputado representa y defiende ante todo los intereses de todos, de la Patria, aunque luche por los del sector que representa.