Reclame la vida eterna

Reclame la vida eterna

Fernando Alexis Jiménez | @Conexión365 | Devocionales
«Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. El Padre y yo somos uno.» (Juan 10: 28-30 1 RVC)

Jhon Leonard marcó la historia. Reclamó un regalo imposible. «Ustedes lo prometieron«, les dijo a los voceros de una empresa. Y, como no querían cumplirle, emprendió una larga batalla legal hasta que obtuvo su pretensión. Los hechos ocurrieron en 1996 cuando la guerra publicitaria entre Coca-Cola y Pepsi, estaba en lo más alto de la cumbre.

Leonard, por aquel tiempo estudiante universitario, inquieto y soñador, vio el mensaje publicitario de Pepsi en el que anunciaba, como premio, un jet de reactor Harrier II para quien acumulara 7 millones de puntos. Fue la campaña publicitaria más ambiciosa de la historia.

Consiguió los 7 mil dólares que se necesitaban para acumular los puntos que requería para ser ganador y, una vez obtuvo la puntuación, Pepsi respondió que se trataba de una “bruma publicitaria”. En realidad, publicidad engañosa.

Demandó, perdió en los tribunales y apeló. Fue una demostración de perseverancia de Jhon Leonard en las Cortes, en Estados Unidos.

La historia es real. Forma parte de la docuserie “Pepsi, ¿dónde está mi avión?”, de la plataforma Netflix. Al verla recordó la más grande promesa que ha recibido el ser humano: la vida eterna.

Humanamente no podemos ganar la salvación. Jamás. Nunca podremos hacer las obras suficientes que permitan pagar por nuestros pecados del pasado, del presente y, aún, del futuro. Sin embargo, Cristo Jesús lo hizo posible en la cruz (Romanos 6:23)

El apóstol Pedro escribió a los creyentes del primer siglo y a nosotros hoy:

«… pero el Dios de toda gracia, que en Cristo nos llamó a su gloria eterna, los perfeccionará, afirmará, fortalecerá y establecerá después de un breve sufrimiento.» (1 Pedro 5:10 | RVC)

La sangre vertida por Jesús en la cruz, nos limpió de la carga de maldad que nos acompaña. Es a lo que llamamos la gracia de Dios. La gracia es el camino que nos permite recibir el perdón y, aunque nuestras obras no sean perfectas, recibir la vida eterna.

El amado Padre celestial no nos obliga a apropiarnos de la gracia divina. Nos corresponde a usted y a mí, aceptarla. Acogernos a ella por fe, aun cuando no entendemos que, pese a nuestra pecaminosidad, el Señor nos extienda esa maravillosa oportunidad de vida por siempre. Reciba hoy a Jesucristo en su corazón.

Oración:

Dios de los cielos, gracias por tu misericordia. Aunque merecía morir en la cruz por todos mis pecados, Jesús nuestro Salvador fue a la cruz y llevó en el madero toda mi maldad. Obtuvo el perdón que yo no merecía y, además, la vida eterna. Tu gracia me hace santo y perfecto ante tu presencia. Gracias amado Padre. Amén

(c) Fernando Alexis Jiménez | @Conexión365

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