Radio Educación
Embajador de Rusia en México, Nikolay Sofinskiy
Esta absolutamente correcto, diciendo que Rusia y México son países muy lejanos de cada uno. Tan lejanos que no se parece que tuvieran algo en común. Pero esto puede ser justo solo en los términos geográficos. Lo que se refiere las almas de nuestros pueblos, las simpatías mutuas, atracción cultural, de psicología, sin decir nada sobre inclinación de ambas países a las ideas de revolución y libertad, somos muy parecidos. Y esto independiente de los factores geoestratégicos nos siempre une y mantiene juntos.
Y si hablar de los intereses geoestratégicos, este criterio se contó también. Porque Rusia empezó en aquel tiempo a convertirse en un país global. Necesitaba nuevos mercados. Y México también fue en desarrollo intenso y en diversificación de sus lazos con el mundo internacional. Pues nuestros incentivos coincidieron, lo que se realizó en establecimiento de relaciones diplomáticas entre dos países en 1890.
Pero yo puedo decir, que nuestra interacción práctica comenzó mucho antes. El Imperio Ruso participo en la exploración y desarrollo del territorio de California en América del Norte, empezó a interesarse activamente en México, que formaba parte de la Nueva España, a principios del siglo XIX. En aquel tiempo tuvimos la Componía Ruso-Americana de Comercio, que presentaba nuestros intereses en la región. En 1812, se fundó el fuerte "Ross" cerca de los territorios mexicano-españoles. Esta vecindad aumentó el deseo de comprendernos mejor y sentó las bases para un mayor acercamiento.

Una nueva etapa comenzó durante la lucha del pueblo mexicano por liberarse del colonialismo. Hay un elemento peculiar en la historia de nuestras relaciones - después de que México obtuvo su independencia en 1821, rusos y mexicanos tuvieron una frontera común durante dos décadas, a lo largo de la Bahía de Bodega hasta 1841, cundo nuestra Campania de Comercio vendió todos sus propiedades a los americanos y salió.
Después del establecimiento de relaciones diplomáticas en 1890 nuestros lazos obtuvieran un impulso adicional. Fue intercambio de misiones diplomáticas. El primer Ministro plenipotenciario de Rusia en México fue Roman Rosen, y el de México en Rusia fue Pedro Rincón Gallardo Terreros. A principios del siglo XX, funcionaban consulados rusos en la capital, Ciudad de México, en Guadalajara, Monterrey y Veracruz. México, a su vez, tenía consulados en San Petersburgo, Moscú, Helsinki y Riga (que en aquellos tiempos eran parte del Imperio Ruso). Se firmaron los primeros tratados de comercio y navegación. Y a partir de esto México se convirtió en una ventana para Rusia en América Latina.
La Unión Soviética veía en México a un socio revolucionario que también había pasado por un proceso de cambios sociales y políticos como resultado de la Revolución Mexicana de 1910-1917. Este vínculo entre movimientos revolucionarios ofreció una base ideológica común y un sentido de solidaridad entre los dos países. México y Rusia compartían objetivos similares en términos de reformas, lucha por su soberanía y construcción de sociedades más justas. Y, por supuesto, había un interés reciprocal. Nos unieron valores comunes de carácter social.
En nuestro entendimiento esto se produjo el motivo, por el que en agosto de 1924 México se encontró el primer país de América Latina en reconocer oficialmente a la Unión Soviética y reestablecer relaciones diplomáticas con ella. Los nombres de los primeros representantes soviéticos en su país, Stanislav Pestkovsky y Alexandra Kollontai, quedaron en la historia de nuestras relaciones. En los años 20, visitaron México destacados personajes del cine soviético como Sergei Eisenstein y de la ciencia como el académico Nikolay Vavilov, poeta Vladimir Mayakovskiy. Hemos regalado a nuestros socios mexicanos nuestro pintor Vladimir Kibalchich, que aquí, en México, donde encontró su segunda Patria, se convirtió en destacado muralista mexicano con el nombre Vladi. Al mismo tiempo, destacados artistas mexicanos como Diego Rivera, David Siqueiros, Rufino Tamayo y el prominente líder sindical Vicente Lombardo Toledano, visitaron la URSS.

Luego, en los años 30, la situación mundial ha cambiado muy profundo y cada uno de nuestros países eligió su propio camino. En esa etapa, México consideró oportuno romper las relaciones, pero nuestros países no perdieron el contacto. Durante la Segunda Guerra Mundial en México surgió un poderoso movimiento de solidaridad con la lucha de la URSS contra el nazismo. En este movimiento participaron literalmente todos los estratos de la sociedad mexicana, desde ministros y gobernadores a los hombres en las calles. En Rusia están bien conocidas las palabras del destacado político y diplomático mexicano Narciso Bassols, quien ha dicho: "Ser amigo de la Unión Soviética significa ser un ciudadano digno de México. Ser solidario con el Ejército Rojo significa ser un verdadero ciudadano mexicano".
México fue el primer país latinoamericano que condenó oficialmente la agresión fascista contra la Unión Soviética (declaración oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores de México del 24 de junio de 1941). Luego, en 1942 (12 de Noviembre), nuestras relaciones se restablecieron oficialmente.
Después de la Segunda Guerra Mundial, la URSS y México, junto con los aliados de la coalición antihitleriana, estuvieron en la base de la creación de la Organización de las Naciones Unidas.
Al hablar de Alexandra Kollontai, hay que entender que ella era una revolucionaria, intelectual y feminista reconocida. Su nombramiento como la primera mujer embajadora en el mundo subrayó los valores progresistas y revolucionarios de la Unión Soviética y simultáneamente simbolizaba el apoyo y la solidaridad para México en su proceso de cambios sociales después de su revolución y en su movimiento feminista.

Es cierto que Kollontai trabajó en México solo durante seis meses, pero su estancia aquí dejó una huella significativa en las relaciones entre los dos países. El expresidente mexicano Portes Gil recordó a Kollontai como una "mujer talentosa y persona de profunda cultura ampliamente conocida en todo el mundo", y destacó que "relaciones entre México y la URSS eran excepcionalmente sinceras y nunca surgió el más mínimo motivo de discrepancia con el gobierno que Kollontai representaba".
El período de la Guerra Fría causo problemas serios para todo el mundo y para nuestros países también. En esa época el mundo estaba dividido. Por eso tuvimos que buscar nuevas formas de relación.
Lo más importante en este sentido, que apenas de todas dificultades conseguimos mantener los lineamientos y estructuras básicas de nuestras relaciones, que luego se pudieron activar.
Esto fue lo que ocurrió a partir de 1968, cuando comenzó el proceso de détente en las relaciones internacionales. Es necesario señalar que en este período, México nuevamente se encontraba entre los primeros en buscar el máximo desarrollo de las relaciones con la URSS. Durante este período, se fortaleció su base jurídico-legal, lo que contribuyó al desarrollo de la cooperación en política exterior, economía, ciencia, cultura y deportes.
Hecho interesante: En 1974, la URSS y México celebraron solemnemente el aniversario de 50 años del establecimiento de relaciones diplomáticas. Inicialmente, la embajada de la URSS planeaba, en honor a este evento, colocar una ofrenda floral en el Monumento a la Independencia. Sin embargo, después de una revisión, la embajada decidió, en lugar de este paso muy solemne, muy valioso, pero relativamente habitual, enviar una delegación con las flores a la Casa-Museo del Presidente de México Álvaro Obregón, durante cuyo mandato en 1924 se establecieron relaciones diplomáticas. La embajada informó autoridades mexicanos oficiales y además a los medios de comunicación de la capital mexicana sobre la próxima visita a la Casa-Museo. Como resultado, se encontró un amplio cubrimiento por la prensa y televisión y logró un gran efecto político con valoraciones muy positivas para las relaciones entre México y URSS como un evento original que demuestra cómo se puede abordar tales ocasiones en una manera excepcional.
El período de los años 80 y principios de los 90 fue una época de grandes cambios y oportunidades tanto para México como para Rusia. Las visitas de altos diplomáticos y líderes de ambos países contribuyeron a fortalecer la comprensión mutua y a crear una base sólida para la cooperación en las nuevas condiciones. Durante el período de Gorbachov, la URSS comenzó a abrirse y mostrar sus nuevas facetas, lo cual fue valorado por la parte mexicana.
Tras la desintegración de la URSS y el nacimiento de la Federación Rusa, ambos países lograron adaptarse a las nuevas realidades. México reconoció a Rusia como país sucesor y nuestras relaciones continuaban desarrollándose, lo que demuestra su solidez y valor.
En cuanto al Día de Rusia, esta festividad no solo conmemora las transformaciones políticas y económicas significativas que comenzaron hace 34 años, sino también toda la evolución histórica del Estado ruso, que continúa desarrollándose activamente y existiendo desde hace más de 12 siglos. Vivimos en un período de cambios cardinales e irreversibles en todo el mundo, los eventos históricos más importantes que determinan el futuro no solo de Rusia, sino también del mundo.
Hay muchos dichos populares de diferentes percepciones del fenómeno de cambios. Bien conocidos son las palabras del filósofo chino del siglo VI Confucio, que ha dicho: «Es la peor maldición vivir en los tiempos de cambios». Nosotros preferimos las palabras del destacado poeta y diplomático ruso del siglo XIX Fedor Tutchev, quien ha dicho: «Es muy bien aventurado vivir en los tiempos de cambios, porque se abren las oportunidades, que en otras circunstancias nunca se abrirían».
El final de la Guerra Fría, la desintegración de la URSS y los cambios dramáticos en el escenario internacional en los años 90 fueron una prueba de resistencia para las relaciones ruso-mexicanas. Hoy podemos decir con confianza que nuestros países han superado con éxito esta prueba, fortaleciendo su papel como importantes centros de la política mundial.
La visita de Vladimir Putin a México en 2004 marcó una etapa importante en el desarrollo de las relaciones ruso-mexicanas. Demostró la voluntad de ambos países de profundizar la cooperación y desarrollar una asociación estratégica basada en el respeto mutuo y los intereses comunes.

En el siglo XXI, Rusia y México son socios naturales en los asuntos mundiales. Vemos en México a un jugador fuerte e independiente en los niveles regional e internacional, con una voz autónoma en la resolución de cuestiones de estabilidad y seguridad global. Es muy importante que mantengamos estas relaciones incluso en períodos difíciles, a pesar de todas las turbulencias y la presión externa. Apreciamos que México, persiguiendo sus intereses nacionales, en las condiciones geopolíticas actuales, muy contraversivas y complicadas ocupa una posición muy balanceada, no adquiere a ningunas sanciones antirusas y continúe desarrollando una cooperación constructiva con nosotros.
Por nuestra parte, estamos abiertos a tal cooperación en todas las dimensiones.
Nos une una firme adherencia al derecho internacional y al fortalecimiento del papel central de la ONU en la resolución de problemas mundiales, el rechazo de hegemonía de cualquier país procede, y el respeto de los intereses mutuos.
En primer lugar, quisiera nuevamente felicitar a los mexicanos por las recientes elecciones y felicitar a Dra. Claudia Sheinbaum por su victoria en las elecciones. Esperamos que su labor en el cargo presidencial contribuya al desarrollo continuo de la cooperación constructiva entre nuestros países. Creemos que las realidades geopolíticas cambiantes rápidamente abren un amplio abanico de nuevas áreas para nuestra cooperación con México. Miramos este proceso con optimismo. Nuestras relaciones económico-comerciales continúan desarrollándose sobre una base pragmática, y tenemos todo lo que es necesario para realizar el potencial existente en la cooperación bilateral. Hoy, México sigue siendo para Rusia la ventana en América Latina después de Brasil. Creo que lo mejor está por venir.
Nuestras relaciones se basan en una filosofía política compartida, cuyo núcleo es la comprensión de la inevitabilidad de un orden mundial multipolar, la defensa y afirmación de la soberanía nacional, y el respeto del equilibrio de intereses en las relaciones internacionales. No intervenimos en los asuntos internos de cada uno ni imponemos nuestros enfoques en el diálogo bilateral ni en los formatos multilaterales.