¿Que está pasando?

¿Que está pasando?

Un Bastardo Sin Corazón - FB

La luminosidad de la luna ingresaba debilmente por una ventana resaltando las facciones de su rostro.

Mis manos acariciaron con delicadeza la piel de su rostro mientras sus ojos color miel me observaron deseosos.

Enredo sus piernas con más presión sobre mi pelvis, permitiéndole sentir la dureza de mi miembro en su entrepierna.

Sus brazos se enredaron en mi cuello y alejándose unos centímetros de mi me observó decidida.

—Amor, una habitación, ahora. —Me ordenó, insistente.

La volvi a besar y cerro sus ojos, aceptando el hecho de que sus labios se sentían deliciosos cuando besan los míos.

Comencé a caminar sin modificar nada, el hecho de que su cuerpo esté sobre el mío, empuje una puerta que estaba al lado del comedor y una vez estuvimos dentro la cerre de una patada generando que el golpe de la misma haga eco en el lugar. 

Su respiración era tan pesada y descontrolada como la mía, siquiera nos habíamos besado y ya estábamos al punto de querer follarnos el uno al otro.

La sente en la punta de la cama lentamente y con ambas manos en su cadera la acomode sobre mí, la fina tela de su short le permitió sentir de nuevo mi duro miembro, tentándole a querer probar más.

Suspiró ante el contacto.

—No quiero ser cuidadoso contigo, quiero hacerte mía, follarte hasta que me pidas por favor que pare—susurre entre cortado mientras relamia mis labios sin dejar de observar los suyos con anhelo, ansiosos por devorar cada parte de ella

Mis labios chupaban y mordía débilmente la piel sensible de su cuello, mientras mis pequeñas manos acopladas en su cintura acompañaban el movimiento de sus caderas hacia adelante y hacia atrás.

Apretó sus piernas sobre mí, sintiendo el calor en su entrepierna y como el mismo se esparcía por todo su cuerpo, mientras relamía sus labios que ya se habían secado por completo... Tome su blusa azul de botones y la solté un poco y subi por sus brazos, no traía brasier así que la deje desnuda frente a mi.

Pude ver como los pezones se endurecian ante el frío clima del lugar y yo sólo estaba contemplando sus enormes pechos veía a detalle sus aureolas uniformes con un color particular y sus pezones cada vez se notaban más, comence a trazar una línea de besos furtivos sobre su desnudez.

Cerro sus ojos, recibiendo el contacto tibio de mis suaves labios rodeando uno de los sensibles pezones, mientras que con mi mano tomaba el otro pecho con avidez, apretandolo.

Mordio su labio inferior y apoyo su frente con la mía sintiendo como su entrepierna comenzaba a palpitar, pidiendo por favor, que mi mano baje hacia ella.

—¿Me deseas?

—Sí, te deseo —dijo quitando mi mano de su rostro para volverla a colocar en su short.

Pero la quite, para luego, en un movimiento hábil tomarle en brazos y ponerla de espaldas sobre las suaves sábanas de color crema.

Veía cómo sus pechos saltaban en la brusquedad en la que cayó, mientras me colocaba encima de ella y le quitaba el short. Sus ojos miel no dejaban de observarme, cuando bajaba sus bragas... Estaba hipnotizado mirándola desde entre medio de sus piernas, mientras mis manos quitaban con delicadeza el mismo, dejándola expuesta para mí, para que pudiese hacer lo que yo desease.

En cuestión de segundos, mis tibios labios, ahora acompañados de una capa de saliva recorrían los muslos de sus piernas, cercanos a su intimidad, acercándome, con cortos besos y tortuosamente hacia ella, tentandole.

Tomó mi cabello y levantó mi rostro, la observe con diversión.

—Deja de tentarme — suplicó

Le guiñe un ojo, y tome y corri su ropa interior de algodón negra hasta el final de sus piernas, mis labios hicieron contacto con su humedad.

Respiró ondo sintiendo mi lengua pasar en movimientos circulares sobre su punto sensible y de placer, provocando que su espalda se encorbe y generando que la respiración se le volviera agitada y entrecortada.

Mi lengua se movía conocedora, mientras mis dedos del medio se abrían y cerraban de arriba hacia abajo por afuera de su intimidad, rozando su parte húmeda. Estaba tan lista y preparada para mí, lista para que le folle.

Cerró sus piernas cuando sentía como con mis labios succionaba levemente su clítoris y comenzaba a mover mi lengua más rápidamente, rozandole. No me detuve, pero con mis dos manos tome sus muslos y los separe de mi rostro para luego darle una muy fuerte nalgada.

—Más fuerte —replico y sin permitirle continuar y casi por llegar al éxtasis del orgasmo me detuve.

No podía dejar de imaginarme adentro de ella, pero tenía otros planes.

Sus ojos miel se detuvieron en los míos, observándome sin parpadear con ese destello de placer, ella tenía ganas, yo quería devorarla.

—Tengo ganas de que lo hagaa. Lo deseo. Lo que sea que esté pasando por tu cabeza.

—Me vuelves loco—gruñi con esa mirada en sus ojos, relamiendo mis labios.

—Por favor —habló en un susurro, su voz sonó más anhelante de lo normal.

Y sin necesitar otro comentario le di la vuelta y abrí bruscamente sus piernas, luego quite mi ropa interior.

Se volteo para verme sobre sus hombros, y pudo notar mi erección, como algunas venas se marcaban en ella y como de la punta rosada de la misma caia una pequeña gota.

—¿Te gusta lo que ves? —pregunte y con mis manos no le permitía observar más, ya que a los segundos su rostro quedó sobre la sábana y abri con mi pierna las de ella aún más, tomándole ambas muñecas con una sola mano.

Con la palma de mi mano hacia eco con una de sus nalgas y el ardor la recorría. Mordio su labio inferior mientras su cabello negro caía y se pegaba en la transpiración de su nariz.

Y fue cuando ella sintio como mi dureza entraba en su húmeda entrepierna, en un gesto brusco y perspicaz, sin pausa y hasta el final.

Mordía la sábana ahogando un gemido.

Me sentía tan bien dentro de ella. Los movimientos repentinos y despreocupados de mi pelvis contra la piel desnuda de sus nalgas y piernas picaba y hacia eco en toda la habitación. Mi tibia y poco venosa erección resbalando dentro de ella, le llevaban lentamente hacia el más perverso y pacional delirio, deseando que no pare.

Podia sentir cada parte de su cuerpo vibrar, sintiendo mi duro miembro dentro de ella, como con cada estocada le llevaba al éxtasis que tanto ansiaba por obtener y sin darle tiempo a asimilar lo que estaba por ocurrir; mis manos soltaron sus brazos para una posicionarse en su cadera y la otra en su punto sensible, y con mi erección dentro de su mojada intimidad comencé a moverme fuertemente, mientras los dedos de mi mano jugaban en aquel punto que ahora palpitaba fuertemente...


Continuaramos?!


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