Puro humo

Puro humo


Ta Vague Littérature » Bocanadas de apio y opio

Página 36 de 75

Bocanadas de apio y opio

El primer fumador de estupefacientes en un libro para niños es la oruga de Alicia en el país de las maravillas. Ésta es la estampa de un gusano tal como la vio Alicia: «Se puso de puntillas y miró por encima del borde de la seta. Inmediatamente sus ojos se encontraron con los de una gran oruga de brazos cruzados, sentada en lo alto, fumando tranquilamente un largo narguile y sin prestar atención a Alicia ni a nadie».

Según mis fuentes (y, a su vez, las de Lewis Carroll: The Encyclopaedia Britannica) «El acto de fumar una pipa de opio requiere un minuto más o menos» —justamente el tiempo que invierte Alicia antes de decidirse a dirigirle la palabra a la oruga: «cardo ni oruga cultivo». De existir en aquella comunidad de setas una opiómana opímana en opiniones, es esa oruga. Hay otra más: Alicia rezuma sentencias, algunas de ellas en cadena perpetua. Pero Alicia se pliega a los más mínimos caprichos de la oruga en lo alto del poste. (Era, de hecho, una seta alucinógena.) «La oruga y Alicia», dice Carroll, «se estuvieron mirando en silencio durante un buen rato», más de un minuto, creo. «Por fin, la oruga se quitó el narguile de la boca y se dirigió a ella con voz lánguida y adormilada.» El Papaver somniferum funcionaba: «Los efectos producidos son inmediatos ya que los pulmones poseen una gran superficie de absorción»— E. B. En otras palabras, el gusano no era lo que se dice de seda.

Walt Disney, cuyo único pecado era ser pacato, sabía bien lo que una dosis de droga puede hacer y su oruga se ve dibujada a la perfección (para su perdición) cuando fuma en anillos que se convierten en letras y palabras y frases altaneras, y una o dos sentencias altivas, antes de desaparecer del todo —o en la nada. Todos podían ver que la criatura estaba ida: «De la seta a la meca», dice Christmas Carroll, «y se perdió para siempre al instante». En la té.

Ir a la siguiente página

Report Page