Puro humo
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Humorada
2 de mayo de 1983
Querido Guillermo:
Lamento que me fuera imposible verte en Londres ya que habría podido contarte cómo aspiré a un puesto entre los paranoicos. Me explico: la misma tarde que Néstor Almendros nos presentó, volví a mi hotel y, ya en la habitación, aspiré el aroma del humo de un puro. No dándome las camareras la impresión de ser fumadoras de habanos, regresé de pronto a diez años atrás para encontrarme de nuevo observando la colilla de un cigarrillo Kent en el suelo de mi habitación del hotel Astor en Leningrado. ¿Camareras rusas fumando cigarrillos americanos? Lo dudo. Quienquiera que fuese el (o la) fumador (a) descuidado (a), se había distraído con mi equipaje. Desde el momento en que abrí las ventanas para ventilar mi habitación, durante el En glish breakfast de la mañana siguiente, fantaseé que había sido seguido desde tu apartamento, durante todas mis diligencias esa tarde y de vuelta al hotel; observado incluso saliendo del hotel, permitiendo así al fumador de puros acceder a mi habitación de forma tan furtiva. ¡Ah!, pero después que desayuné unos pintores que fumaban puros se subieron a aquellos andamios que había visto el día anterior en el vestíbulo, dejando su humo para que se embotellara en mi habitación sin ventilar. Por la ventana, vino tanto el humo como el drama.
William B. Stern