Puro humo
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Cara Karen o la dicha de Dinesen
Karen Blixen tiene un comienzo maravilloso para su obra maestra, Memorias de África: «Tenía una granja en África, al pie de las colinas Ngong». Nada de nostalgia ni de autoindulgencia para la baronesa que tomó un nombre de varón como seudónimo, Isak Dinesen, y a quien los nativos llamaban la leonesa Blixen. En este libro ofrece lo que podría ser una explicación para el misterioso placer de fumar tabaco. Habla de un antecedente posible: «Hacer carbón de leña es una grata tarea grata. Hay algo en ello de embriagador y es sabido que los carboneros ven las cosas de forma distinta al resto de la gente». Sin duda, gracias a la luz que se filtra siempre bajo otra luz, a través del humo, un efecto no muy diferente al del cigarro que hace haces de humo en el aire. «Son», nos asegura la baronesa Blixen, «dados a la poesía y a las cantilenas». La poesía, lo creo, pertenece a la maestra, Isak Dinesen. Las cantilenas, me temo, a su seguro servidor. Ella asegura que «hacer carbón de leña está lleno de belleza». También un cigarro encendido.