Puro humo
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Los horrores
En Cita en Samarra, de John O’Hara, los sacerdotes fuman de nuevo después de quinientos años. (Recuerden a Rodrigo.) «Era el padre Creedon. “Ah, padre Creedon. Buenas noches. ¿Un cigarrillo?” “No, gracias. Para mí, un puro”. El padre tomó un puro de una caja negra algo gastada. Amputó el extremo con una guillotina de plata.»
Como decía George Burns cuando su esposa Gracia aún vivía, «Odio dar gracias antes de las comidas». Supongo que la volvería a amar tras el postre y el café. Pero, para mí, lo que resulta odioso no es Gracia sino un puro antes de las comidas. Claro está que, más tarde, un puro tras el café puede ser la Gloria. (De hecho, conocí una vez un puro con el nombre de Glorias del Pino.) Aunque el glotón no obtendrá gloria sino glosa: «Burn, Burns, burn». Como su puro perenne. O sea que es preferible la grácil gracia de un consomé. Pese a que, en Andalucía, prefiero el gustazo de un gazpacho despacio a la luz del gas. Y beber el vino del estilo, esa destilación vaporosa que Hemingway denominó una vez gracia bajo presión.