Por nosotros

Por nosotros


CAPITULO 6 » Laura

Página 21 de 113

Laura

 

 

Calor, mucho calor. Y una increíble euforia al oírlo decir que me desea. Y justo después, jarros de agua fría. Helada. Decenas de ellos me caen encima y acaban con mis esperanzas, con mis sueños, incluso con el deseo que parecía consumirme como una gran brasa ardiendo. Pero no con mi amor. Ese sigue ahí, intacto. Más fuerte que nunca, mezclándose con la admiración ante su franqueza. Que me ha sentado como una puta patada en el culo, pero no por ello deja de ser una virtud, ¿no?

¿Por qué no puedo sentirme irremediablemente ofendida y mandarlo a freír espárragos por una propuesta de tal calibre? Ahora me explico aquella cuestión sobre las relaciones sin compromiso… ¿Por qué no puedo verlo como un cabronazo que solo quiere aprovecharse de mí, tal y como veo a veces a Colás?

Joder, porque lo adoro. Porque estoy completamente segura de que ha obrado de buena fe. Si yo misma le he pedido que me besara… Y se ha negado. Aun sabiendo, como estoy convencida de que sabía, que no íbamos a limitarnos a besos. Habríamos acabado como la última vez… Enredados en esa química que él ha nombrado, arrastrados por esa atracción que, como corriente eléctrica, fluye entre nosotros.

¡Ay, cómo te entiendo, Nela! Entre elegir estar a su lado, aunque sea bajo sus condiciones, o no estarlo… ¡Joder, cómo te entiendo, amiga!

Sin embargo, soy incapaz de pronunciar ni una sola palabra para aceptar semejante proposición.

«Sigo enamorado de tu hermana». Esa frase se ha quedado implantada en mi cerebro, justo en la zona del raciocinio, y no me fío de ninguna decisión que pueda tomar en estos momentos. Sigue enamorado de ella… ¿Y cómo demonios se lucha contra eso? ¿Contra un amor que supera incluso la muerte?

Cuando me lo plantee de verdad, tengo que olvidarme de ese dato. Verlo de una forma objetiva, práctica… No puedo dejarme llevar por los sentimientos que yo también siento hacia ella. Y hacia él. Si acepto, tengo que recordar a cada instante que no me quiere. Que solo es sexo. Que es a lo único que puedo aspirar.

¿Y podré hacerlo? A ver, acostarme con él, sí, evidentemente. Pero soportar todo lo demás…

Por un momento quise creer que me merecía todo con él, que mi hermana había tratado de decirme que entre Chema y yo podría haber un futuro… Me dejé llevar por la ilusión, pensando que, desde donde sea que ahora esté, Clara velaba por mí, pero no conté con el amor tan grande que ellos se tenían, ese que él todavía siente.

¡Qué ilusa! Cómo pude imaginar que era digna de un poco de felicidad y olvidarme de que el pecado cometido durante años tenía una penitencia que pagar. ¡Y es esta! Tenerlo y no tenerlo…

—Laura… Háblame. ¿Qué piensas?

«Que te quiero tanto que estoy planteándome conformarme con lo que puedas darme». «Que el pavor a sufrir más es lo único que me impide tirarme a tus brazos». «Que ahora mismo siento tal rabia y lástima hacia mí misma, únicamente comparable a la que siento hacia ti o hacia mi hermana».

Lo cual es injusto de cojones.

—Laura… Por favor…

—¿Qué? No sé… No sé qué decir. Yo…

—Sé que tal vez esto no sea lo más romántico del mundo, y seguramente esté siendo un capullo solo por proponértelo pero…, joder, no hay sentimientos que herir entre nosotros, solo un deseo apabullante. Somos adultos, libres, sanos y con ganas de divertirnos, ¿dónde está el problema?

«No intentes convencerme, estúpido engreído, que no te enteras de nada. No intentes hacerlo o, contra mis propios anhelos, acabaré por mandarte a la mierda».

Me cruzo de brazos y me esfuerzo por controlar mi respiración y esta furia que me ha subido desde los mismísimos pies a la cabeza. Intento ser lo más neutral posible. Porque en algo le tengo que dar la razón, y es en que hoy no es el día. No sé qué me ha pasado, pero me ha sentado fatal lo sucedido en el Pantera. Lo cual, por un lado, es lógico, claro, pero, conociéndome, me ha afectado más de lo normal, y no sé el motivo. Quizá es que llevo mucho a cuestas. Demasiado. Y, para muestra, un botón. Chema y su proposición.

—¿Y esto? ¿Cómo funcionaría?

Él se echa hacia atrás, perdiendo incluso el equilibrio, pues sigue acuclillado frente a mí y deben de dolerle las piernas. Ojalá le duelan tanto como a mí el corazón. Y, al momento, me odio por pensar así. Acaba por incorporarse un poco y sentarse sobre la mesa baja.

—Pues no sé… Normal…

—¿Normal? —Me echo a reír. ¿Acaso aquí algo es normal?

—Jesús, Laura, no querrás una lista de los días que lo haríamos, ¿no? No sé, lo veríamos sobre la marcha, supongo. Yo nunca he mantenido una relación de estas.

—Vaya, me siento halagada —ironizo. Y se me nota a la legua, por lo que Chema entrecierra los ojos y traga saliva.

—Perdona si te he ofendido. No era mi intención. Es que ya no sé cómo digerir esto que me haces sentir y…

Me levanto, incapaz de oírle una frase más de ese tipo. Acabaré rogándole que me folle ahora mismo. O arrojándome por la ventana para evitar suplicarle.

—Es muy tarde. Estoy cansada y no estoy para pensar en nada. Mañana hablamos, ¿vale?

—Dime que, al menos, te lo pensarás.

—Créeme, me va a ser imposible no hacerlo, Chema. Imposible.

Y me importa una mierda si le parece mal que lo haya llamado así. Me he ganado con creces el poder llamarlo de esa forma que él considera tan íntima, ¿no? Joder, si me voy a la cama con el recado de meditar sobre la decisión de follar con él o no…

 

«La mejor manera de liberarse de una tentación es caer en ella».

Oscar Wilde.

Ir a la siguiente página

Report Page