Por nosotros

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CAPITULO 2 » Chema

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Chema

 

 

—No tienes ninguna excusa, tío. Te esperamos en el bar de Paco.

Y me cuelga. Sin darme opción a réplica. Aunque supongo que, como se esperaba una negativa, ha decidido ignorarme. Me dan ganas de dejarlos esperando, pero lo cierto es que me apetece tomarme una cerveza con ellos. Desde nuestro cambio de horario, estas se han visto reducidas, al no tener ya la excusa de que el bar nos coge de camino a casa y nos la merecemos después de un día duro. Ahora cada uno corre a su casa, con bastante más hambre que sed, aunque sobre las doce solemos tomarnos un bocata para matar el gusanillo.

Pero lo que me tira para atrás es justamente eso, la necesidad de una excusa. Porque lo cierto es que me apetece un poco de diversión. Aun sabiendo que, en este pueblo, más de uno va a tener mucho que decir si me ve disfrutando con los amigos un viernes y sin pintas de venir de trabajar.

Aparto estos estúpidos pensamientos y me digo que tengo derecho a hacer lo que me dé la real gana. ¡Faltaría más! De hecho, la noche en Cudillero lo pasé realmente bien, obviando mi retirada inoportuna. Que, a ver, puestos a disfrutar, fue lo mejor que pude hacer, porque, joder… Solo que luego me tocó pagar unas consecuencias que ni esperaba ni imaginé.

Menos mal que fuimos lo suficientemente inteligentes para superarlas y esta semana ha sido fantástica, luchando codo con codo para volver a una rutina, confianza y comodidad que echaba de menos.

Sí, está todo bien. Aparentemente. Porque, si soy del todo sincero, yo sigo pagando los efectos de aquella noche. Sobre todo a nivel físico. Es recordarla y… Y ya puedo ponerme a pensar en cemento, en presupuestos, en política o en el puto Bárcenas, que yo sigo igual de cachondo. Y a Clara no he vuelto a recurrir. Sería una falta de respeto que no se merece más. Ya bastante abusé de su recuerdo para intentar aplacar lo que otra me hacía sentir. Nunca más. Eso se acabó.

Ahora toca joderse. Y si solo fuera al evocar lo sucedido… Es que no necesito más que verla. Nunca en mi vida me resultó tan increíblemente lujurioso hacer unas condenadas curas. O contemplarla fregar. ¿Por qué tiene que menear de esa manera el trasero, como si bailara con la fregona? A ver si se va a creer otra Beyoncé…

—Anda, al final el niño bonito nos ha honrado con su presencia —oigo a Julián antes de verlo, y eso que lo tengo prácticamente enfrente. Estaba tan sumido en mis pensamientos que mis pies me llevaron al bar de Paco sin enterarme siquiera.

Están él, Colás y Pedro en una mesa de la terraza, lo que me resulta un tanto raro. Nosotros somos más de barra… Pero bueno, así puedo fumar, lo que ahora ansío casi más que la cerveza.

—A ver, a ver, ¿el niño bonito no era yo? —protesta Pedro, señalándose con los pulgares y recibiendo un resoplido por parte de Julián.

—Joder, mira que eres presumido, tío.

—Y tú porque no puedes.

Me río sentándome a la mesa, justo entre ellos, que están uno frente al otro. Estos dos no tienen arreglo, están siempre igual. Arqueo las cejas mirando hacia delante, en dirección a Colás, y este menea la cabeza con resignación.

—No crecen —susurra con fastidio, lo que me hace reír más.

—Calla tú, enano —se pica su hermano, mientras Pedro se carcajea.

Paco sale en ese instante a atendernos y me pido una cerveza, igual que Colás, que parece no haber llegado hace mucho, pues aún no tiene ninguna bebida delante, a diferencia de los otros dos.

—Así que esta noche estás sin las niñas —comenta Julián tan pronto se da la vuelta Paco—. ¿Ves como no tenías excusa para no venir?

Frunzo el ceño y me enciendo un cigarrillo.

—Llamaste a casa y te lo dijo Laura —le digo al caer en cómo puede saberlo, pues era la única que sabía que las niñas dormían en casa de mi suegro.

—No. Se ha hecho un cursillo intensivo por internet y ahora lee la mente —se burla Pedro.

—Gilipollas —le suelto, mientras veo como Julián asiente a mi comentario y pone los ojos en blanco ante el de Pedro.

—Pues este gilipollas te llevaría hoy de marcha si no tuviera guardia. ¡Qué mierda!

—No necesito que nadie me lleve de marcha.

—Eso no te lo crees ni tú —replica el poli—. Y lo sabes.

—Es que no tengo ningún interés en…

—Vale, vale, nos hacemos cargo —interviene Julián—. Y sobre todo después de dejar a la rubia aquella colgada. Es que es pensarlo… y te correría a hostias.

—¡Y dale! —protesto, pero mis ojos ya están buscando la cara de Colás, que, por suerte, se mantiene impasible. Cuando miro hacia Pedro, este sí sonríe de una manera extraña—. ¿Y esa sonrisita?

—Me hace gracia. Cosas mías.

—Pues comparte, ¿no? —insisto con desconfianza. Aunque como solo insinúe lo que yo me temo que está pensando… Jesús, esto acaba como el rosario de la aurora.

—Que somos patéticos, joder. Esa noche ninguno de nosotros echó ni medio polvo.

Ahora el que sonríe soy yo, aunque con la boquita cerrada. Si ellos supieran…

—Bueno, a lo que íbamos. ¿Cuándo te apuntas a ir a tomar unas copas por ahí otra noche? Venga, hombre. Las niñas tienes de sobra con quién dejarlas. La misma Laura lo haría encantada. Nos ponemos de acuerdo y…

—Está bien, Pedro, ya veremos. No seas pesado, hombre.

—O sal hoy con Colás. —Nada, que el tío mira que es plasta. Y ahora se dirige a este—. ¿O ya tienes planes?

Colás se lleva las manos al flequillo y tira de él, para luego ajustarse las gafas.

—Lo cierto… es que sí —nos dice, paseando los ojos por los tres.

—¿Con Nela? —cuestiona Pedro, pero ahora lo hace con seriedad, sin ningún vestigio de chanza.

—Sí, con Nela. —Y de nuevo se ajusta las gafas. Vaya, nuestro Colás está nervioso.

—A ver, que yo me entere —se mete Julián—. ¿Estáis… juntos?

Su hermano lo mira, pero parece no saber responder esa pregunta. Al final, acaba encogiéndose de hombros, sin aclarar nada.

—Pero… —lo intenta de nuevo Julián, aunque Pedro lo interrumpe rápidamente.

—No están saliendo de nuevo —nos informa—. Pero sí se la tira de vez en cuando, ¿verdad, Colás?

—Oye, tío, que es Nela. Un respeto —y es Julián el que dice eso, no Colás. Manda cojones… Este último se limita a mirar sin pestañear al poli, apretando la mandíbula hasta que se le marcan los huesos.

—Respeto el que le tendría que tener él —espeta Pedro en respuesta a Julián, pero mirando directamente al ex de la aludida.

—Bueno, yo creo que son los dos mayorcitos y sabrán lo que hacen —intercedo, antes de que los ánimos se caldeen más. Porque Pedro es un capullo cuando quiere, pero está visto que cuando se trata de defender a los que él considera suyos…

—Sí, estaría totalmente de acuerdo con eso si ella no estuviera tan colada por él que, si le dice que salte, salta.

Abro la boca para decir algo, pero acabo cerrándola. Es que ahí tiene toda la razón. Nela haría lo que fuese por volver con él y, la verdad, yo también le tengo cariño a la chica.

—Joder, Colás —acabo por susurrar, mirándolo con un arqueo de cejas.

Y él hace el amago de levantarse, posando con un golpe seco la cerveza que giraba entre sus dedos. Como si se hubiesen puesto de acuerdo, Julián y Pedro lo agarran por el brazo que tienen a su alcance y lo hacen sentar de nuevo.

—Si no vas a volver con ella, déjala en paz —le ordena su hermano, como si el otro fuese un niño para obedecerlo a pies juntillas.

—Julián… —Trato de calmarlo. Y luego miro a Colás—. Oye, lleva la relación con Nela como mejor te venga, pero que ella sepa a qué atenerse, ¿vale? Díselo. Es lo justo.

Él solo me mira, inexpresivo.

—¡Di algo, joder! —se exaspera Pedro. Lo que ya es raro, eh.

—Ya lo estáis diciendo todo vosotros —responde Colás sin alterarse, aunque lo que se dice contento no está—. Sois unos putos cotillas que creen que yo soy un cabrón de mierda. ¡Todo estupendo!

—A ver, ¿qué coño quieres que creamos? —observa Julián.

—Yo solo sé que ella ya ha sufrido bastante —opina el poli, pero esta vez con un tono más mesurado—. Y te quiere y…

—Joder, ¿y yo? Lo he pasado genial, ¿no? Y no siento nada por ella, claro, si al fin y al cabo, solo le pedí que se casara conmigo —explota Colás, golpeando de nuevo la botella contra la mesa y, esta vez, separándole la base del resto del vidrio.

No sé si es casualidad, o si Paco ha estado atento a nuestra discusión, pero aparece en cuestión de segundos con cuatro cervezas bien frías que cambia rápidamente por las que tenemos en la mano, algunas todavía sin terminar.

—Invita la casa, pero bajad el tono y no me atosiguéis al chaval —nos dice en voz baja, limpiando el estropicio que ha ocasionado Colás—. Es más inteligente que vosotros tres juntos.

Y sin más, se va, dejándonos un tanto perplejos.

—Bueno… Si Paco te da un voto de confianza… —comenta Julián al descuido, pensativo, ganándose inmediatamente una colleja de mi parte.

—Córtate un poco, tío. Que es tu hermano… —Resoplo y le doy un trago a mi bebida antes de continuar, mirando a Colás—. Oye, yo no es que no confíe en que sabes lo que haces. Solo te di el que creo que es un buen consejo. Pero… la pregunta que todos te debimos hacer es ¿tú cómo estás?

—Perdido, joder, perdido. —Apoya los antebrazos en la mesa y clava la vista en ella—. No la estoy utilizando ni nada de eso. Es solo que… que…

Y entonces sí que se levanta y consigue abandonar la mesa antes de que pensemos en pararlo. A grandes zancadas, haciendo oscilar el casco que lleva enganchado en un brazo, se pierde calle abajo.

—No sé si este es un buen momento para que vaya a buscarla —comento al darme cuenta de que seguramente vaya a por Nela, o al menos en esa dirección queda su casa.

Pedro resopla con fuerza y se rasca el cuello.

—Sé que me he pasado —reconoce—. Pero es que esto me puede. No sé qué coño piensa hacer y no suelta prenda, joder. Y ella… Ella me dijo que se merece conformarse con las migajas.

Frunzo el ceño y me paso la lengua por los dientes, pensativo. Joder… Esto puede acabar fatal y, a diferencia de lo que piensa Pedro, no solo va a sufrir Nela. Por otra parte, que Colás haya dado este pasito hacia ella ya es algo, cuando no quería ni verla en pintura. Quizá solo necesita algo más de tiempo. Sé que él…

—Es Colás —razono en voz alta—. Él nunca le haría daño a Nela voluntariamente.

—Ya. ¿E involuntariamente?

Y ahí me callo. Porque cuando se juega con fuego, es demasiado fácil quemarse. Si lo sabré yo.

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