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Cimarronas
La miliciana Rosario Sánchez Mora, “Rosario la Dinamitera”, nació el 21 de abril de 1919, en Madrid. Con solo 17 años, fue una de las primeras mujeres en alistarse en las milicias que combatieron en la Guerra Civil Española contra las tropas franquistas.
Miguel Hernández, a los pocos días de llegar a Alcalá de Henares, en noviembre de 1936, tuvo conocimiento de que una miliciana de su batallón, había perdido la mano derecha en unas maniobras mientras ayudaba a fabricar bombas y explosivos.
Durante años, en pleno centro de Madrid, en la plaza de Cibeles, Rosario vendió tabaco de contrabando. Casi todos desconocían su historia, que había decidido guardar para tiempos mejores, con el final de una dictadura que detestaba. Había logrado salvar su vida, evitando ser fusilada, pero fue condenada a treinta años de prisión.
Cuando murió en abril de 2008, entre banderas republicanas y comunistas, ya hacía tiempo que su nombre viajaba en un verso.
ROSARIO, DINAMITERA
🖋Miguel Hernández
Rosario, dinamitera,
sobre tu mano bonita
celaba la dinamita
sus atributos de fiera.
Nadie al mirarla creyera
que había en su corazón
una desesperación
de cristales, de metralla
ansiosa de una batalla,
sedienta de una explosión.
Era tu mano derecha,
capaz de fundir leones,
la flor de las municiones
y el anhelo de la mecha.
Rosario, buena cosecha,
alta como un campanario,
sembrabas al adversario
de dinamita furiosa
y era tu mano una rosa
enfurecida, Rosario.
Buitrago ha sido testigo
de la condición de rayo
de las hazañas que callo
y de la mano que digo.
¡Bien conoció el enemigo
la mano de esta doncella,
que hoy no es mano porque de ella,
que ni un solo dedo agita,
se prendó la dinamita
y la convirtió en estrella!
Rosario, dinamitera,
puedes ser varón y eres
la nata de las mujeres
la espuma de la trinchera.
Digna como una bandera
de triunfos y resplandores,
dinamiteros pastores,
vedla agitando su aliento
y dad las bombas al viento
del alma de los traidores.