Poderoso gigante
Trazando la Biblia
Todos hemos llegado a quebrarnos en algún momento. No necesito describir lo que sentimos cuando ya no podemos más y sin importar la situación, simplemente no queremos seguir.
Hay quienes tienen hijos que un día, y el otro también, llegan con una nueva trastada afligiendo a sus padres y para colmo, sin querer rendir su vida a Dios. Ellos oran hasta el cansancio, pero sigue todo igual y no parece que un día algo vaya a cambiar.
Hay otros que padecen enfermedades incurables y diversos dolores los atormentan día tras día hasta que estos días se convierten en años y simplemente no mejora la situación no importando el médico, la medicina o el remedio que se supone es adecuado para el padecimiento. Quien sufre así prefiere la muerte que la vida, y ¿Quién puede culpar a esa persona?
Esos y muchos otros ejemplos los hemos visto o incluso vivido y debemos reconocer que aún cuando Jesucristo es el Señor de nuestras vidas, simplemente nos llega el desánimo, la depresión, la tristeza e incluso los cuestionamientos a Dios. Claro que entiendo todo esto. No somos de palo.
Jeremías sintió una enorme congoja por las asechanzas de su pueblo. Era tan penetrante la palabra de Dios que llevaba que lo empezaron a lastimar físicamente y preparar lo que ellos consideraban una venganza por ser exhibidos por la idolatría que practicaban y sus múltiples pecados y corrupciones.
Sobre todo, sentía una tristeza amarga que lo hacía llorar y lamentarse, pues a pesar de toda la palabra que Dios mandaba, no se apartaban ni un ápice de su maldad. Vean por ejemplo, esta dura palabra contra Israel:
Dirás pues: Oid palabra de Jehová, oh reyes de Judá, y moradores de Jerusalem. Así dice Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que yo traigo mal sobre este lugar, tal que quien lo oyere, le retiñan los oídos. Porque me dejaron, y enajenaron este lugar, y ofrecieron en él perfumes á dioses ajenos, los cuales no habían ellos conocido, ni sus padres, ni los reyes de Judá; y llenaron este lugar de sangre de inocentes; Y edificaron alto á Baal, para quemar con fuego sus hijos en holocaustos al mismo Baal; cosa que no les mandé, ni hablé, ni me vino al pensamiento.
Jeremías:19:3-5
¡Me dejaron! Ese fue el reclamo de Dios por años. Mataron a mis bebés, incensaron a Baal con intención expresa de provocar mi ira y publicaban a todos que yo les mandé todo eso. Pero como leímos:
Jeremías era el encargado de poner el dedo en la llaga. Estaban ya los nervios de punta de muchos en Judá, aunque sabían perfectamente que era la pura verdad. Como fiel mensajero, no tenía empacho en publicar lo que Dios decía, y por eso encontramos lo que dice el siguiente versículo:
Y les dirás: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Así quebrantaré á este pueblo y á esta ciudad, como quien quiebra un vaso de barro, que no puede más restaurarse; y en Topheth se enterrarán, porque no habrá otro lugar para enterrar.
Jeremías:19:11
Puedo meterme en el contexto y en el significado de las palabras pero me tardaría mucho. Lo que vemos aquí es, en pocas palabras, un Dios listo con vara en mano con el objetivo claro de castigar a sus hijos de tal manera que no puedan recuperarse y decirse a su mismos: No pasa nada. Evidentemente, no querer a Dios en sus vidas no es precisamente que no pase nada, y esa actitud mereció una de las palabras más duras que el mundo haya escuchado:
Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí yo traigo sobre esta ciudad y sobre todas sus villas todo el mal que hablé contra ella: porque han endurecido su cerviz, para no oir mis palabras.
Jeremías:19:15
En su sentencia estaba la razón del por qué tanto furor:
Grande es este problema y más, cuando se manifiesta en los suyos, los que se dicen Su pueblo, tal como tú y yo nos decimos, cabe mencionar.
Aún si toda una iglesia va tras la imaginación de su corazón, Dios mismo se encarga de levantar uno que otro Jeremías que no les dejarán hasta que se conviertan de su mal camino, y eso en sí es un trabajo difícil.
Las palabras de Dios dadas por medio de Jeremías, calaban más y más conforme los años pasaban y, por fin, uno de los líderes del pueblo, un sacerdote simplemente estalló. En medio de su furia por no aguantar al profeta, uno llamado Pashur, que hacía holocaustos por el pueblo se decidió a actuar. Leamos:
Y PASHUR sacerdote, hijo de Immer, que presidía por príncipe en la casa de Jehová, oyó á Jeremías que profetizaba estas palabras. E hirió Pashur á Jeremías profeta, y púsole en el cepo que estaba á la puerta de Benjamín en lo alto, la cual conducía á la casa de Jehová.
Jeremías:20:1-2
¿Quién se cree ese profeta? Necesita un escarmiento, a ver si así deja de hablar. ¡Ah como son algunos que escuchan sus verdades! No quieren escuchar lo que saben perfectamente que es cierto. No era palabra de Jeremías Pashur, era de Dios, y por eso te duele.
¿Cuántos Pashurs hay por ahí? No pocas veces nosotros mismos hemos sido punzados de la misma manera, y no pocas veces al menos queremos salir corriendo de ese lugar. Pero, ¿Quién puede huir de las palabras de Dios? Están en tu cabeza, las recuerdas y te persiguen, aún hasta en tus sueños y los consideras pesadillas.
Sin embargo, allí están y no se van a ir hasta que nos arrepintamos. Así trabaja nuestro Dios. Vean como pusieron a Jeremías en el cepo. Inmovilizaron sus pies en la puerta de Benjamin, donde todos lo podían ver, pensando Pashur que así se avergozaría, como un criminal capturado en el acto y humillado frente a todos para que aprenda.
Pero Jeremías no era un criminal. El pueblo lo era. ¿O no es un crimen dejar a tu Dios? Y es uno contra ti mismo, y por supuesto llevas tú la consecuencia. Además, por mucho que nos resistamos, simplemente Dios mueve a sus siervos y hasta que Él lo desee, no habrá poder humano que logré callar su Palabra:
Y el día siguiente Pashur sacó á Jeremías del cepo. Díjole entonces Jeremías: Jehová no ha llamado tu nombre Pashur, sino Magormissabib. Porque así ha dicho Jehová: He aquí yo te pondré en espanto á ti, y á todos los que bien te quieren, y caerán por el cuchillo de sus enemigos, y tus ojos lo verán: y á todo Judá entregaré en mano del rey de Babilonia, y los trasportará á Babilonia, y herirálos á cuchillo. Entregaré asimismo toda la sustancia de esta ciudad, y todo su trabajo, y todas sus cosas preciosas; y daré todos los tesoros de los reyes de Judá en manos de sus enemigos, y los saquearán, y los tomarán, y llevaránlos á Babilonia. Y tú, Pashur, y todos los moradores de tu casa iréis cautivos, y entrarás en Babilonia, y allí morirás, y serás allá enterrado, tu, y todos los que bien te quieren, á los cuales has profetizado con mentira.
Jeremías:20:3-6
¿Eso querías Pashur? Si se hubiera arrepentido, que diferente sería su final. Pero pues muchas veces las cosas no son como quisiéramos. ¿Nos enseña algo todo esto? Yo creo que si. Las cosas escritas, para nuestra enseñanza son escritas. Es muy amargo vivir alejados de nuestro Dios.
Hasta ahora el enfoque de la narración fue contra el pueblo, y aunque Jeremías sufrió un escarnio, salió muy bien de la injuria, ¿No? ¡¿No?!
Como lo mencioné antes, no somos hechos de palo, y Jeremías por supuesto que también estaba siendo afectado pues al pasar de los años, nada ocurría, y por revelación sabía perfectamente que ninguno de aquellos habitantes de Judá iba a volverse a su Dios. Su destino estaba sellado con profecías de inminente cumplimiento.
Desesperado, el profeta no puede más y aunque no lo justifico, lo entiendo en su ofuscamiento:
Alucinásteme, oh Jehová, y hállome frustrado: más fuerte fuiste que yo, y vencísteme: cada día he sido escarnecido; cada cual se burla de mí. Porque desde que hablo, doy voces, grito, Violencia y destrucción: porque la palabra de Jehová me ha sido para afrenta y escarnio cada día.
Jeremías:20:7-8
¡Señor, te he obedecido y no me va bien! Ya he visto esto. Nadie me lo tiene que decir. Yo he sido testigo de cómo se burlan de sus siervos. He visto como los ignoran y como intencionalmente hacen oídos sordos a lo que Dios dice por ellos. He visto como se entristecen y como se frustran. ¡Oh si! Lo he sabido y más vale que oremos por aquellos que cuidan nuestras almas como un pastor cuida a sus ovejas.
Vean a Jeremías, ya pensando en claudicar, tal como en algún capítulo anterior, considerando mejor ya vivir, tal vez si, cerca de Dios, pero con un perfil bajo, solo haciendo lo suficiente. Que otro se encargue. ¿Es esa buena idea?
Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre: empero fué en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos, trabajé por sufrirlo, y no pude.
Jeremías:20:9
Simplemente no pudo. Era un fuego ardiente, y el egoísmo no tenía cabida en él. Simplemente el pensar en el "yo primero", no es de los verdaderos siervos de Dios.
Además, quiero decirte algo. ¿Crees que nadie te ve ni está pendiente de lo que haces? ¿Crees que porque deliberadamente desestiman esta Palabra, no quieren ver cómo vas a reaccionar?
Si todos los demás alrededor no quieren vivir conforme a Dios, ¿Es eso motivo para claudicar? Miren lo que observó Jeremías en quienes lo rodeaban:
Porque oí la murmuración de muchos, temor de todas partes: Denunciad, y denunciaremos. Todos mis amigos miraban si claudicaría. Quizá se engañará, decían, y prevaleceremos contra él, y tomaremos de él nuestra venganza.
Jeremías:20:10
Que terrible esta situación. Su pensamiento era este: ¿Dices que nos equivocamos? Tú también te equivocas y cuando pase, también nuestros dedos te señalarán y nuestras bocas te regañarán. Hazlo de una vez, ríndete y verás que no eres tan diferente de nosotros.
Era lo único que les importaba: Vengarse. Las palabras de reconvención y exhortación también son buena medicina para el alma, y aunque no nos gusten, también sanan.
A todo esto, Jeremías, todavía tambaleando y considerando la idea de dejarlo, él mismo recibe una revelación para seguir. De su boca sale una de las expresiones que han sido motivo de fortaleza para mí y seguramente para muchos cuando estamos a punto de dejarlo todo porque en nuestros momentos fatuos y nublados pensamos que ya no vale la pena seguir con esto.
Mas Jehová está conmigo como poderoso gigante; por tanto los que me persiguen tropezarán, y no prevalecerán; serán avergonzados en gran manera, porque no prosperarán; tendrán perpetua confusión que jamás será olvidada.
Jeremías:20:11
¡El está conmigo! ¡Él está conmigo! No sé nada de los demás. No sé cómo están los otros. Pero, ¡Él está conmigo! Eso es todo lo que necesito saber. ¿Se burlan porque soy hijo del rey y quiero seguir mi vida como Él lo desea? ¿Se molestan porque estoy y con Él y quiero que todos sean mejores cristianos? Pues que cada quien tome las decisiones que tengan que tomar. Dios a mi no me ha abandonado, no me ha dejado e incluso me ha defendido. Y repitiendo lo que dice el profeta aquí mismo, asimismo digo:
Y ese Gigante puede darnos la victoria tal como la estaba pidiendo Jeremías:
Oh Jehová de los ejércitos, que sondas los justos, que ves los riñones y el corazón, vea yo tu venganza de ellos; porque á ti he descubierto mi causa.
Jeremías:20:12
Si estás bien con Él, todo saldrá bien. Solo espera un poco y verás las maravillas de Dios, y su obra de restauración. Verás que estar con Él, independientemente de cómo lo veas ahora, habrá valido la pena al final. No claudiques, no desmayes. Dios es con nosotros
Cantad á Jehová, load á Jehová: porque librado ha el alma del pobre de mano de los malignos.
Jeremías:20:13
Alabemos su precioso Nombre. Gracias Señor porque no nos has dejado, y porque sabemos que jamás nos dejarás.
AMÉN.
