Placer y desagrado
Miguel Rico, desde Casa Flor de Loto https://www.amarsesiempre.comLa Primera Noble Verdad. Quinta Parte.
Del libro Las Cuatro Verdades Nobles, por Ajahn Sumedho

Podemos investigar: ¿Dónde nos ha llevado esta búsqueda hedonista del placer como un fin en sí mismo? Ha continuado ahora durante varias décadas, pero ¿es más feliz la humanidad como resultado? Parece que hoy en día se nos ha dado el derecho y la libertad de hacer lo que nos plazca con las drogas, el sexo, los viajes y demás – todo vale; todo está permitido, nada está prohibido. Tienes que hacer algo realmente obsceno, realmente violento, antes de ser condenado al ostracismo. Pero ¿nos ha hecho un poco más felices o más relajados y satisfechos el poder seguir nuestros impulsos? En realidad, nos ha hecho ser muy egoístas; no pensamos en cómo nuestras acciones podrían afectar a los demás. Tendemos a pensar sólo en nosotros mismos: yo y mi felicidad, mi mis derechos. Así me convierto en una terrible molestia, una fuente de gran frustración, molestia y miseria para las personas que me rodean. Si creo que puedo hacer cualquier cosa que quiera o decir cualquier cosa que me apetezca decir, incluso a expensas de los demás, entonces soy una persona que no es nada más que una molestia para la sociedad. libertad y
Cuando surge el sentido de ‘lo que yo quiero’ y ‘lo que yo pienso que debería y no debería ser’, y deseamos deleitarnos en todos los placeres de la vida, inevitablemente nos disgustamos porque la vida parece tan desesperanzadora y todo parece ir mal. Somos zarandeados por la vida – corriendo de aquí para allá en estados de miedo y deseo. E incluso cuando consigamos todo lo que queramos, pensaremos que falta algo, algo todavía incompleto. Así que cuando la vida está en lo mejor, todavía está esta sensación de sufrimiento – algo que todavía debe hacerse, alguna clase de duda o temor obsesionándonos.
Por ejemplo, siempre me han gustado los paisajes bonitos. Una vez, durante un retiro que guié en Suiza me llevaron a unas hermosas montañas y noté que siempre había una sensación de angustia en mi mente porque había tanta belleza, un flujo continuo de vistas hermosas. Tuve la sensación de querer aferrarme a todo, de que debía mantenerme alerta todo el tiempo para consumir todo con mis ojos. ¡En realidad me estaba agotando! Eso era dukkha, ¿verdad?

Descubro que si hago las cosas sin cuidado – incluso algo tan inocente como mirar las hermosas montañas – si tan sólo estoy alargando la mano e intentando aferrarme a algo, esto siempre trae una sensación desagradable. ¿Cómo puedes quedarte con el Jungfrau y el Eiger?[1] Lo mejor que puedes hacer es echar una foto, intentando capturarlo todo en un trozo de papel. Eso es dukkha; si quieres aferrarte a algo que es hermoso porque no quieres estar separado de ello – eso es sufrimiento.
Tener que estar en situaciones que no te gustan también es sufrimiento. Por ejemplo, nunca me gustó viajar en metro en Londres. Me quejaba de ello: ‘No quiero ir en metro con esos carteles feos y esas estaciones lúgubres. No quiero estar encerrado en esos pequeños trenes bajo tierra’. Lo consideraba una experiencia totalmente desagradable. Pero escuché esta voz quejumbrosa – el sufrimiento de no querer estar con algo desagradable. Entonces, habiendo contemplado esto, dejé de convertirlo en algo importante para poder estar con lo desagradable y lo que no es hermoso sin sufrir por ello. Comprendí que simplemente es como es, y está todo bien. No necesitamos crear problemas – ya sea por estar en una lúgubre estación de metro o por mirar paisajes hermosos. Las cosas son como son, así que podemos reconocerlas y apreciarlas en sus formas cambiantes sin aferrarnos. Aferrarse es querer agarrarse a algo que nos gusta; querer deshacernos de algo que no nos gusta; o querer obtener algo que no tenemos.
También podemos sufrir mucho a causa de otras personas. Recuerdo que en Tailandia tenía pensamientos bastante negativos sobre uno de los monjes. Entonces él hacía algo y yo pensaba: ‘No debería hacer eso’ o decía algo: ‘¡No debería decir eso!’. Llevaba a ese monje en mi mente en todo momento y entonces, aunque fuera a otra parte, pensaba en ese monje; la percepción de él surgía y venían las mismas reacciones: ‘¿Recuerdas cuando dijo esto y cuando hizo aquello?’, y ‘No debería haber dicho eso y no debería haber hecho aquello’.
Habiendo encontrado a un maestro como Ajahn Chah, recuerdo que quería que fuera perfecto. Pensaba: ‘¡Oh, es un maestro maravilloso! – ¡maravilloso!’ Pero entonces hacía algo que me molestaba y yo pensaba: ‘No quiero que haga nada que me moleste porque me gusta pensar que es maravilloso’. Eso era como decir: ‘Ajahn Chah, sé maravilloso para mí todo el tiempo. Nunca hagas nada que ponga en mi mente algún tipo de pensamiento negativo’. Así que incluso cuando encuentras a alguien que realmente respetas y amas, aún está el sufrimiento del apego. Inevitablemente, ellos harán o dirán cosas que no te van a gustar o que no vas a aprobar, provocándote algún tipo de duda – y sufrirás.
En una ocasión, varios monjes americanos vinieron a Wat Pah Pong, nuestro monasterio al noreste de Tailandia. Eran muy críticos y parecía que sólo veían lo que estaba mal. No pensaban que Ajahn Chah fuera un buen maestro y no les gustaba el monasterio. Yo sentía una gran ira y odio surgir porque estaban criticando algo que yo amaba. Me sentía indignado – ‘Bien, si no os gusta, iros de aquí. Él es el mejor maestro del mundo y si no podéis verlo entonces simplemente ¡largaos!’ Esa clase de apego – estar enamorado o ser devoto de alguien – es sufrimiento porque si algo o alguien que amas es criticado, te enfadas e indignas.
Nota:
[1] Los nombres de las montañas de Suiza.
Lee mas artículos en:
https://www.amarsesiempre.com/las-cuatro-nobles-verdades-del-budismo